17 de December de 2009 00:00

75 jóvenes ecuatorianos padecen el desarraigo desde cárceles de Madrid

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Roxana Cazco. Corresponsal en  Madrid

Lo primero que sorprende son sus edades. La mayoría no supera los 23 años. Piel canela, bajos de estatura, pantalones anchos y camisetas grandes. Lucen como cualquier chico de su edad. Casi todos los 60 internos ecuatorianos de la cárcel madrileña de Alcalá Meco, 31 km al norte de Madrid, son muy jóvenes. Muchos, así lo admiten,  son producto de una dramática y frustrada emigración.

La Secretaría Nacional del Migrante (Senami) del Ecuador llevó a este centro penitenciario la jornada Todos somos migrantes,  a propósito del Día Internacional del Migrante, que se festeja el 18 de diciembre. Fue una invitación para los 60 ecuatorianos internos y para las 15 compatriotas del centro penitenciario Madrid 1, también en Alcalá Meco.  

1 600 presos
originarios de Ecuador cumplen sentencia firme en centros de reclusión de España.

Conforme pasa el tiempo, el ambiente en el polideportivo de la prisión se  distiende. La inmensa bandera tricolor, que pende de unos cables a ras del techo, recibe a los internos. Y después a las mujeres. Primero asombro. Muchos no han tenido contacto con el sexo opuesto en meses. Miradas cruzadas, risas. Cuesta acercarse. Después se rompe el hielo.

El Himno Nacional arranca de cuajo el llanto de varias compatriotas. Y afloran los recuerdos de la  adolescencia en colegios de Ecuador. Emotivos ‘Viva Ecuador’ y varios ‘Viva Quito’ resuenan. La emoción estalla.

El programa  de la Senami consistió en un campeonato de ecuavóley, almuerzo con comida típica –se distribuyeron platos de ceviche y llapingachos-, baile y un espectáculo musical.
Cuando pocas cosas pueden alegrar si se cumple una condena de nueve años por tráfico de droga, actos como este  para estos compatriotas saben a gloria.

Según la Senami, 1 600 ecuatorianos cumplen condena con sentencia firme en cárceles españolas, sin contar la Generalitat de Cataluña. Esta  no ha proporcionado la información solicitada por el Gobierno ecuatoriano. Tampoco constan en esta cifra los connacionales en prisión preventiva y sin sentencia. Solo en Alcalá Meco, un alto número de  connacionales cumple la preventiva.

El centro divide  a los internos en dos grupos: de 18 a 21 años (menores) y adultos. La mayoría de los mayores está preso  por gran tráfico de droga, generalmente de país a país. Mientras que los menores por robo, pequeño tráfico y lesiones. Esto último está usualmente ligado a actividades en ‘bandas latinas’. Delitos graves, como asesinatos, son excepcionales en el colectivo ecuatoriano.

El fracaso escolar fue el inicio de la espiral de problemas y frustraciones de muchos de los jóvenes compatriotas allí internos”, resume Santiago, educador del centro penitenciario que prefiere no revelar su apellido.

Él ha visto una y otra vez estos casos durante las entrevistas de ingreso al centro. Y reclama que   la sociedad no hayan podido responder a las necesidades y problemas de menores, arrancados de su entorno en el  Ecuador. 

Tras  la deserción escolar y la ausencia de los padres –muchos tienen solo un progenitor en España y el otro en su país- viene la calle. “El chaval crece en la calle. ¿Quién está en la calle? El fumador de porros y las bandas. Se incorpora en ellas buscando refugio y protección y después es muy difícil salir”, añade el psicólogo.

Las historias de los internos avalan las afirmaciones del educador. “Yo estaba siempre solo y mi mamá trabajaba todo el día. No hacía nada y opté por el peor camino”, dice William Solís, de 22 años. “Si al menos hubiera estado el viejo para poner mano dura”, completa Luis Pavón, ex miembro de los Latin King (LK).

Un grupo de chicos entre 20 y 23 años se une a la conversación y asiente con la cabeza. Hablan del desencaje en la escuela, de no sentir pertenencia. “Este nunca será nuestro país”, agrega Juan, de 19 años. Luis añade. “Nunca sentí que este fuera mi lugar, el sueño de todos es volver a nuestro país”. La mayoría lo hará al salir de prisión. Todos quieren una casa propia  y la mayoría, un negocio. El más pequeño una discoteca en Guayaquil, el mayor uno relacionada con su oficio de  electricista.

Testimonio

Prisca Vega/ Ecuatoriana detenida en España
‘Actué así por desesperación’

Muchas de las ecuatorianas vienen del aeropuerto de Barajas, en Madrid,  directamente hacia acá, como me pasó a mí.

Soy de El Triunfo. Me quedé sin trabajo, tengo una hija en Ecuador y a mi madre le diagnosticaron cáncer. Tenía que enviar dinero. Me desesperé. Una mala amiga me dijo que llevaba droga siempre y  nunca le habían descubierto. Ella me empujó a que lo hiciera con su banda. Recogí la droga en República Dominicana y pasé todos los controles del aeropuerto de  Barajas. Me cogieron a punto de tomar un taxi. Traía tres kilogramos de droga. Me condenaron a nueve  años de prisión y ya llevo 20 meses. No sabía que  daban tantos años.

He aprendido a madurar y a distinguir a las personas. Tenía muchas amistades y no me ha venido a ver ninguna. La desesperación hizo que tomara esta decisión.

Programa en Aranjuez

La Senami llevó el mismo programa al centro penitenciario de Aranjuez y homenajeó a 120 presos ecuatorianos. Esta cárcel  alberga a la mayor cantidad de reos ecuatorianos de todas las prisiones españoles.

La  Senami busca  con estos actos iniciar programas de apoyo y reinserción específicamente con los internos ecuatorianos.

Marisa Alonso, subdirectora de Tratamiento del centro de detención madrileño  de Alcalá Meco, destacó que “el comportamiento de los internos ecuatorianos es muy tranquilo”.

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