13 de April de 2010 00:00

59 casas invadidas en San Lorenzo

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Redacción Sierra Norte

Aunque las casas de Nuevo Chillaví del Agua, que construye el Miduvi, no tienen puertas ni servicios básicos, ya están habitadas.

Durante el último fin de semana, 200 familias de esta comuna del cantón San Lorenzo dejaron el antiguo pueblo, ubicado a orillas del río Bogotá. Lo hicieron para instalarse en 36 viviendas que se levantan en una zona alta. 

“No podíamos esperar más. Desde el viernes está inundado el pueblo. Por eso salimos”. Es el comentario de Ana Cortez, mientras acomoda un par de tablas, en el ingreso a la casa que ocupó.

 Los tablones, manchados de cemento seco, le sirven como puerta. En la ventana colocó sábanas. De esta manera intenta tener privacidad con su esposo y con sus tres hijos.  Lo mismo hizo la mayoría de sus vecinos. En algunas viviendas hay hasta tres familias.

Desde la calle enlodada, que refleja la intensidad de las lluvias de los últimos días, se observan las casas. Miden 36 m², cada una.

Tienen paredes de bloque y cemento. El techo es de hojas de metal. “Son casas que debieron entregarse en octubre del año pasado, para la reubicación de Chillaví del Agua”, recuerda Byron Arce, dirigente de la comunidad.

Esa fue la oferta de las autoridades, hace dos años, ante las continuas crecidas del río Bogotá. Sin embargo, hasta el momento, las nuevas casas están incompletas. Los baños, por ejemplo, tienen servicio higiénico y lavabo, pero faltan las redes de agua potable y alcantarillado.

Por eso, los vecinos deben hacer sus necesidades biológicas a la  intemperie. “Eso puede desatar una epidemia”, reflexiona Nancy Cangá. Ella habita en Nueva Esperanza, una comunidad compuesta por 36 familias. Ahí, los vecinos también se tomaron 23 casas que construye el  Miduvi.

Un socorrista, que prefirió el anonimato, recordó que  Nuevo Chillaví del Agua y Nueva Esperanza son proyectos complementarios. “Se iniciaron hace dos años. En Nuevo Chillaví hay torres para la distribución del agua, que debía ser extraída de los pozos de  Nueva Esperanza. Pero, la obra quedó abandonada porque se rescindió el contrato, por  retrasos en la ejecución”, recuerda.

 Una de las razones del lento avance de la obra era la falta de un camino, considera Cangá.

Recién hace un año se abrió un ramal. Se refiere a una estrecha vía lastrada de 19 km,  que conecta a Chillaví con la carretera Esmeraldas-San Lorenzo. El recorrido en camión ranchero demora hasta cuatro horas.

A pocos metros, un grupo de niños, uniformados con camisetas blancas y pantalones azules, correteaban esquivando los charcos. Son estudiantes de la Escuela Caspicara, que al igual que los vecinos de Chillaví del Agua, abandonaron el viejo poblado.

Miguel Salvatierra, director del Miduvi en Esmeraldas, reconoció que existen retrasos en la construcción de las viviendas.  “Estoy presionando a los contratistas para que aceleren los trabajos. No me atrevo a dar fechas”.

El funcionario aseguró que los damnificados pueden seguir en el lugar hasta que pase el invierno que afecta a la zona.

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