16 de December de 2009 00:00

13 niñas son atendidas en la casa Vicuña

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Redacción Quito
quito@elcomercio.com

Hace siete  años, Jaritza B. fue llevada a la Fundación Laura Vicuña por unos amigos de su madre,  quien  la abandonó cuando apenas tenía 4. Llegaron al centro de acogimiento con la niña en brazos diciendo que la madre la había encargado y que no regresó para recogerla.



Las donaciones
La Fundación  Laura Vicuña, en El Dorado, se mantiene con un el 60% de su presupuesto financiado por el Gobierno y el 40% es autogestión.
Las madres  salesianas reciben también ayudas de empresas nacionales y organismos internacionales. Ellos les ayudan con materiales que necesitan las niñas.
La comida  llega también por donaciones. Pero la Fundación también tiene sede en Amaguaña, en donde siembran hortalizas y crían animales.
Si Ud. quiere  donar víveres o ropa en buen estado la dirección es calles Yaguachi E840 y José Barba.Ahora la pequeña, quien tiene 11 años,  vive y estudia en la Fundación que está a cargo de las madres salesianas. Su mamá biológica, de quien las madres no conocen su nombre, acude eventualmente al centro para llevar a la pequeña a la tienda y regalarle golosinas. Después de unos minutos se va, le promete que va a regresar y desaparece por varios meses.

Jaritza se pone nostálgica y no se recupera hasta en algunas semanas. Pero las madres tratan de darle el amor que ella requiere.
No conoce a su padre y tampoco está inscrita en el Registro Civil.

La pequeña se levanta todas las mañanas a las 07:00 y se alista para bajar a desayunar antes de ir a estudiar  en la escuela de la Fundación.
 
Allí recibe clases regulares, inglés y computación. Ayer, a las 09:00, cantaba junto a sus compañeros la melodía  navideña We wish you a Merry Christmas con euforia y alegría.
 
Casos como el de Jaritza son cotidianos en este centro de acogimiento, ubicado en el sector de El Dorado, en el centro-norte. Allí
permanecen pequeñas, desde los 6 hasta los 13 años, que han sufrido maltratos físicos, p sicológicos,   han sido acosadas o abusadas sexualmente por  sus padrastros o familiares.  

La reinserción a la sociedad de estas   pequeñas  con sus derechos vulnerados es el principal objetivo de la Fundación Laura Vicuña. La casa lleva ese  nombre en homenaje a  una niña chilena que ofreció su vida para salvar la de su madre en 1904.

Según Carmen Cuñas, coordinadora  de la institución, casi el 100% de las pequeñas viene  de hogares disfuncionales o sin referentes familiares, que fueron encontradas deambulando por las calles de la ciudad.

La Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen) las encuentra en las calles  y las traslada a este hogar para que Cuñas y otras 30 personas cuiden de ellas y les ofrezcan el cariño que necesitan.

El lugar de acogimiento no tiene horario. Allí han ingresado niñas  por medio de denuncias o halladas en las calles. Cuñas recuerda el caso de otra pequeña que llegó la semana anterior a las 02:00. “Es triste ver cómo llegan. A veces sin el peso adecuado para su edad e incluso maltratadas siendo  tan pequeñitas”.
 
Actualmente, en la Fundación se encuentran 13 niñas. El centro cuenta con ayuda profesional para realizarles  terapias psicológicas que les ayuden a superar los traumas.

También hay jóvenes voluntarias  que trabajan  por turnos para ayudar a las niñas en las tareas y en las diferentes actividades que realizan en las tardes para recrearse sanamente.

Este espacio busca que la estadía de las niñas sea temporal. Por medio de un seguimiento policial contactan a los familiares de las niñas abandonadas y de las que han sido maltratadas.

Cuando estas aceptan recibir ayuda, las trabajadoras sociales y las psicólogas que trabajan en el centro imparten charlas y también les realizan terapias. Si las familias han asumido nuevamente la responsabilidad de hacerse cargo de las pequeñas, la Fundación y la Policía organizan un seguimiento para constatar que la reinserción sea positiva.
 
Cuñas dice que durante los dos años y medio  que está a cargo de la coordinación ha visto casos de reinserción efectivos. Pero asimismo hay ocasiones en las que los padres no quieren tener esa responsabilidad. Las madres se deciden por los padrastros abusadores o no tienen los suficientes medios como para garantizar que la niña no tenga una experiencia de vida en calle.

A veces -expresa la coordinadora la Fundación- hay niñas que felizmente regresan a sus hogares después de meses de haber permanecido  en este centro. “En otras ocasiones se mantienen uno, dos y hasta siete años como en el caso de Jaritza”.
 
En la escuela que funciona   en la institución también    reciben a menores   que no tienen los recursos económicos para poder costear sus estudios. Ese es el caso de Édison S., quien tiene 16 años y está en 5to. año de instrucción básica.

Además,  las salesianas acogen a pequeños niños y niñas que no tienen dinero para desayunar y almorzar. Los infantes llegan desde las 06:00, desayunan y luego van a sus escuelas. Por la tarde regresan al centro, juegan con las voluntarias, almuerzan y regresan a sus hogares.

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