16 de January de 2010 00:00

13 niñas reciben apoyo en la Fundación Laura Vicuña

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  La Casa Laura Vicuña ayuda a niñas, de entre los 6 y 13 años, que han sido encontradas en las calles o abandonadas por sus padres. Les proporcionan terapias psicológicas para superar los traumas y les permiten continuar sus estudios en una escuela que queda dentro de la Fundación, ubicada en el sector de El Dorado, en el centro-norte de la urbe.

Hace siete  años, Jaritza B. fue llevada a la Casa Laura Vicuña por unos amigos de su madre,  quien  la abandonó cuando tenía 4. Al llegar al centro dijeron  que la madre la encargó  y  no regresó para recogerla.

Ahora Jaritza tiene 11 años. Vive y estudia en la Fundación, a cargo de las madres salesianas. Su madre  biológica acude eventualmente al centro para llevar a la pequeña a la tienda y regalarle golosinas. Después de unos minutos se va, le promete que va a regresar y desaparece por varios meses. 

Jaritza se pone nostálgica y no se recupera hasta en algunas semanas. Pero las madres tratan de darle el amor que ella requiere. Casi el 100% de las niñas ingresa en situación de riesgo. Actualmente, allí  viven  13 niñas, a las que también les dictan diversos talleres. Eso con el propósito de que al salir puedan tener un medio de sustento.

LEY DE COMUNICACIÓN
‘Jamás debe existir mordaza a los medios de prensa’
ENTREVISTA A  JOSÉ GALLARDO R.
ex ministro de defensa nacional

Redacción Judicial

¿Qué aspectos  de la Ley de Comunicación que debate la Asamblea le preocupan?

Me preocupa, por ejemplo, que se pueda censurar, previamente, lo que se va a decir o denunciar. En la Asamblea se advierten intentos de introducir artículos en ese sentido, que, ventajosamente, son denunciados a  tiempo. No sabemos cómo va a salir la ley, finalmente, porque hay una tendencia concentradora del poder por parte del gobierno de Rafael Correa, que sigue los pasos del Gobierno de Venezuela.

¿Usted cree que con  la nueva ley hay el riesgo de que no se pueda opinar libremente?

Lógicamente, hay el riesgo de que no se pueda denunciar hacia dónde va el Gobierno. El Presidente ha dicho que, con motivo de los tres años en el poder, va a profundizar la revolución ciudadana. Será talvez que va a alejarnos más de nuestros aliados tradicionales, de los mercados a donde va nuestra producción; será talvez comprometernos más con la Alba o con Irán; será talvez controlar más la Asamblea Nacional para que no haya fiscalización política a su Gobierno.

¿La Ley de Comunicación  debe garantizar el derecho de opinar, de denunciar?

Claro que sí, por ejemplo, para decir qué es lo que está bien del Gobierno. Yo digo que están bien los bonos de la vivienda, pero está muy mal que por el discurso extremista aleje la inversión, nacional y  extranjera, y se vaya generando más desempleo.  Aspiro a que  haya una ley en la que podamos decir lo positivo y lo negativo que hace un Gobierno.

Por ejemplo, ¿qué hechos?

Me preocupa  que haya salido el canciller Fander Falconí, que venía restableciendo las relaciones con Colombia. Está bien que se haga obra social, pero al mismo tiempo debe impulsarse el desarrollo económico del país con el aporte  de la empresa privada. Me preocupa que mientras se equipa y mejora a la Policía, lo cual está bien, por otra parte se destruye los servicios de Inteligencia Policial y Militar, al tiempo que  nos anuncian que ya las FARC están produciendo cocaína en el Ecuador. Debemos tener libertad para decir a los gobiernos esto está bien y esto está mal. La libertad  es al espíritu humano como el oxígeno al cuerpo.

El Gobierno argumenta que haya libertad de prensa con responsabilidad. ¿Usted comparte ese concepto?

Estoy de acuerdo que debe haber libertad con responsabilidad. Yo, como ministro de Estado (Defensa), he sido, a veces, víctima de interpretaciones equivocadas de la prensa, pero jamás se me ha ocurrido que los medios deben ser amordazados. En esos casos, lo que he hecho es defender mi honor, a través de la ley. A un comunicador que me acusó de corrupto porque ordené su detención le plantee un juicio por calumnia y estuvo un año en la cárcel. La libertad de prensa puede conmover a un país, pero la mordaza lo mata.

¿Qué riesgo advierte usted si se aprueba una ley como la que impulsa el gobierno de Rafael Correa?

El fondo del problema es que el Gobierno tiene una tendencia a concentrar el poder y a ser intolerante; si no tuviese esas condiciones, si no avizoráramos que hay una marcha soterrada hacia un mayor autoritarismo y totalitarismo no nos preocupáramos tanto de la ley; diríamos que va a ser utilizada y aplicada correctamente. Lo que nos preocupa es la tendencia del Gobierno, el mal uso que puede hacer de la Ley de
Comunicación. Si fuera un Gobierno de vocación democrática, no nos alarmáramos tanto, diríamos está gobernando, los errores los puede enmendar, pero lo graves es que hay una tendencia de quedarse en el poder.

¿Cómo recuerda el papel de los medios durante el conflicto bélico con Perú, cuando entonces, usted ejercía como Ministro de Defensa?

Fueron los medios un gran apoyo a la defensa nacional, sin exageraciones, sin crear un espíritu de odio entre dos pueblos hermanos; comprendieron la razón de la causa ecuatoriana y la apoyaron con un espíritu democrático. Tengo una inmensa gratitud  hacia los medios de comunicación por lo que hicieron por nuestro país.

Y respecto del problema judicial que usted enfrentó, ¿cómo juzga a los medios?

Lo que hizo el (presidente de la Corte Suprema) ‘Pichi’ Castro, de  enjuiciarme, ha quedado en nada, fue archivado, porque nosotros recuperamos más de lo que pagamos por la compra de  los fusiles usados. En esas circunstancias, los medios de comunicación me dieron un total apoyo, me defendieron, porque la mayoría de la población creía en la honorabilidad de José Gallardo.

En definitiva,  usted no tiene cuestionamientos a los medios en el país?

No, a veces ha habido juicios de valor equivocados de algún periodista, y los propios medios han hecho las aclaraciones; una autoridad no está para vivir  en un pedestal, está para servir y para ser criticada cuando actúa mal y ser alabada cuando actúa bien.


 

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