21 de December de 2009 00:00

110 niños celebraron la Navidad en la Fundación Hno. Miguel

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Redacción Quito

En la celebración de los 25 años de la Fundación Hermano Miguel hubo alegría. Los 110 niños con capacidades diferentes que llegaron a la casa de la Fundación, ubicada en la calle Colimes, entre Río Coca y Granados, participaron el viernes pasado del tradicional pase del Niño.



Las atenciones
El servicio de la Fundación Hermano Miguel   también se extiende a otras provincias a través de las brigadas médicas que se dedican a la dotación de prótesis para personas adultas.
La construcción para el  centro de personas adultas con capacidades distintas también es parte de un proyecto de ampliación de la Fundación Hermano Miguel.
Según el  promedio, atienden a 80 personas diarias en rehabilitación. En la Fundación laboran 56 personas que ayudan a los pacientes. El propósito es levantar un edificio de seis pisos que planifican abrir el próximo año.

Además, en la jornada festiva hubo una misa, regalos, comida; se hizo un pesebre y compartieron momentos alegres con los títeres. Entre el grupo  estaba Melany G. de seis años. Ella utilizó un juguete en sus manos mientras desde una silla de ruedas aplaudía a los títeres.

Melany nació con problemas que le impiden caminar. Ella estuvo acompañada con su madre Silvia Simbaña. “Estoy bien. Me gusta venir porque me ayudan en algunas cosas”, dijo con timidez la infante. La madre contó que asiste desde hace dos años a la Fundación. Lo primero que le hicieron a la niña fue una terapia física para ayudar al movimiento de sus manos, sus pies, su musculatura y otras actividades de agilidad corporal.

Silvia y su hija viajan todos los días en bus desde Llano Chico. “El progreso ha sido inmenso. Cuando vino no podía sentarse. Pero ahora se sienta bien y ya gatea.  Eso es emocionante”.
La pensión mensual que cancela la madre de Melany es de USD 60. Sin embargo, con el aporte económico reconocido como padrinazgo tiene un apoyo de USD 20. Ese tipo de colaboración también  ha ayudado a Alexis G. de dos años. Él tiene una enfermedad conocida como PC y problemas auditivos.

Su madre, Rosa Loachamín lo cargó en su espalda luego de disfrutar una mañana divertida. Ella lo lleva los lunes, miércoles y viernes a las terapias. “Vengo de 09:15 a 12:00. La ayuda que recibo es buena. Gracias a Dios mi hijo se está recuperando”. 

La directora de la Fundación, María Eugenia Paredes de Suárez, explicó que el proyecto del centro de atención integral y desarrollo comenzó con la iniciativa de apoyar a las personas con capacidades distintas.

Con autogestión lograron comprar el terreno, construir el centro y abrir el espacio para el laboratorio de órtesis y prótesis, principal actividad de la Fundación. La apertura del laboratorio obligó a buscar más servicios como la terapia física, ocupacional y el apoyo psicológico.

Una sesión de terapia cuesta USD 5. Sin embargo, por ser una Fundación que ayuda a personas de bajos recursos fomenta el apoyo de instituciones privadas que apadrinan a los niños.
Jorge M. es uno de los pocos infantes que todavía no encuentra un padrino. Tiene problemas en sus extremidades, pero eso no le impidió disfrutar de los títeres.

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