22 de December de 2009 00:00

100 familias recibieron una caja de amor

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Redacción Quito
quito@elcomercio.com

Desde las 08:00 del pasado sábado, más de una decena de voluntarios acomodaba en cuatro vehículos las cajas llenas de víveres que iban a ser entregadas en un barrio del sur.

Dentro de las cajas, el arroz, azúcar, harina, implementos de aseo, golosinas para los niños y otros víveres tenían como destinatarios a 100 familias del barrio Esperanza del Pueblo.
 


El proyecto
La caja de amor  se originó hace más de 20 años en Chile, donde actualmente se benefician unas 30 000 familias. 
En Quito,  el proyecto se inició en  2001 con la entrega de 220 cajas. Actualmente existen  2 000 familias beneficiadas. 
Las cajas de amor  pueden ser entregadas en la calle Burgeois N-34574 y avenida  República, de 09:00 a 22:00.

El coordinador de la entrega, Xavier Dávila, explicó que cada Navidad, los voluntarios de la fundación Casa de la Misericordia invitan a cientos de familias a contribuir con una lista de víveres que deben ser empacados en una caja para ser entregados a familias de escasos recursos. 

Pasadas las 09:00, Fernando Zabala llegó en su carro a dejar la caja de víveres que preparó junto a su familia. “El agradecimiento de la gente pobre nos compromete  a ayudar más”.  Zabala se enteró del proyecto por su hija, Carla, quien a su vez lo escuchó de una compañera de la universidad San Francisco.

Los correos electrónicos, las llamadas telefónicas y el boca a boca han sido el mejor medio de difusión en los nueve años que lleva esta campaña en el país. Así lo aseguró Gabriela Maldonado, otra voluntaria del proyecto.

A Carlos Palacios y Andrés de la Cerda, estudiantes del colegio Kill Patrick, la satisfacción personal es suficiente para compensar el tiempo y el esfuerzo físico que implicó el embarque de las cajas.

Sobre el balde de un pequeño camión, Orlando Shuguli recibía y acomodaba las cajas que traían los jóvenes secundarios. Él se
involucró en el proyecto desde hace 15 años, cuando su esposa, Rita Zambrano, empezó a trabajar en unos de los seis comedores populares que también mantiene la Fundación Católica.

Una vez embarcadas las cajas, el convoy de cuatro vehículos emprendió la marcha hasta el barrio de la Esperanza del Pueblo, en el sector de La Ecuatoriana.

Con ansiedad, más de un centenar de niños, jóvenes y ancianos esperaban a los miembros de la fundación. Enseguida se preparó  una corta eucaristía y una plegaria por las familias que este año colaboraron con las cajas.

Segundo Maldonado y Blanca Yánez, una pareja de esposos de la tercera edad, fueron  los primeros que recibieron su caja de amor.

El dinero que a Maldonado le pagan por desgranar maíz en el mercado y a Yánez por lavar ropa no les alcanza para cubrir sus necesidades y las de sus dos nietos que tienen bajo su cuidado. Por eso, ellos elevaron un oración de agradecimiento por la familia que hizo posible llevar “Un pancito a la mesa”.

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