Vegetación que cobija al culunco yumbo que inicia en el barrio Armenia, en la parroquia quiteña de Nanegalito. Foto: Julio Estrella / VIAJAR

Vegetación que cobija al culunco yumbo que inicia en el barrio Armenia, en la parroquia quiteña de Nanegalito. Foto: Julio Estrella / VIAJAR

Domingo 22 de abril 2018

Los culuncos yumbos conectan a varias historias

Edwing Encalada. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

La mejor forma de valorar a la cultura Yumbo es recorriendo sus ancestrales culuncos, caminos preincaicos que se niegan a morir en el noroccidente de Pichincha. Estos senderos son un testigo patrimonial de una organización comercial que se desarrolló entre los 800 años d.C. hasta la conquista española.

Los culuncos estaban escondidos dentro de una densa vegetación en las laderas de las montañas, se extendían desde la Sierra hasta la Costa y con el pasar de los años se convirtieron en caminos de los conquistadores españoles, republicanos, madereros, traficantes de licor y también por los actuales trabajadores agrícolas.

En el barrio Armenia de la parroquia quiteña de Nanegalito, el grupo juvenil Tahuaguirí decidió recuperar uno de los culuncos de su zona, usado por los primeros pobladores de las parroquias de Pacto y Gualea. Según Francia Fuentes, representante del grupo, se trabajó en mingas comunitarias durante seis meses para recuperar aquel patrimonio.

El recorrido atraviesa un sendero cobijado por un follaje verde que tiene un microclima más cálido. Una de las primeras impresiones que tendrá es un llamativo helecho arbóreo gigante, una especie de fósil viviente que crece 10 cm al año y que puede alcanzar una altura de nueve metros.

Luego de varios minutos de recorrido, cuatro jóvenes vestidos con trajes yumbos salen entre la vegetación, con palos de chonta que le servían para apoyarse en sus caminatas y para defenderse de los depredadores; una chala que es una especie de canasta que cargaba en su espalda con productos de intercambio. Luego de realizar el trueque, refrescaron sus cuerpos en las aguas de la cascada del río Ilambo.

Cerca de esa cascada, además, existe una estatua que rememora la leyenda del ataque del chupacabras a don Casemiro, un morador del sector, en un hecho que ocurrió el 14 de julio de 2017. Los habitantes del barrio construyeron un muñeco de madera con la descripción exacta del animal protagonista del suceso.

Luego de una hora y media de caminata se llega a los trapiches de don Luchito, un emprendimiento local que funciona a través de un mecanismo que tiene 100 años de antigüedad y que aún se usa para obtener el néctar de la caña.

Detrás del trapiche también existe una historia, cuando el mecanismo era movido con bueyes y caballos. En los inicios del siglo pasado, el néctar de la caña sirvió para destilar alcohol, cuya venta estaba prohibida en aquel entonces, pero llegaba a Quito mediante el contrabando y se usaba a los culuncos de Nono, en un viaje de hasta dos días, para que el licor llegue a la capital.

El recorrido finaliza en un valle de tigridias o flor de un día, cuya floración ocurre luego de 120 días de haber sido cultivada. Su nombre se da porque precisamente su período de florescencia es de un solo día.

Este recorrido tiene un costo de USD 15 e incluye el almuerzo y un vaso de guarapo que se sirve en vasos de caña guadúa. Para niños menores de 12 años, el costo es de USD 11. Puede reservar un cupo en la página de Facebook: Culunco Sendero del Yumbo.