Irene Corral (der.) comparte con un visitante no vidente en el muro de los deseos de la exposición de Yoko Ono. Foto: Patricio Terán / VIAJAR

Irene Corral (der.) comparte con un visitante no vidente en el muro de los deseos de la exposición de Yoko Ono. Foto: Patricio Terán / VIAJAR

Lunes 24 de septiembre 2018

Conozca el Centro Histórico de Quito desde lo sensorial

Edwing Encalada. Redactor (I)
eencalada@elcomercio.com

Motivar la imaginación a través del tacto, los olores y los sonidos, para vencer las inseguridades al no poder observar, es el circuito que un grupo de siete guías no videntes propone en el Centro Histórico de Quito.

Las rutas sensoriales que se ofertan van desde la elaboración de helados de paila, cata de chocolate, recorridos por la historia detrás del Carmen Alto a través de los olores y sabores. También está tejer un sombrero de paja toquilla.

Según Darwin Mites, guía, el arte conceptual es una buena estrategia que les permite acercar a los turistas hacia la creación de una idea antes que de un objeto materializado.

Irene Corral, comunicadora de los guías no videntes, cuenta que el Centro Cultural Metropolitano les permitió desarrollar sus circuitos sensoriales. Iniciaron con la exposición ‘Universo Libre de Yoko Ono’, que se exhibió por 85 días.

La apuesta resultó icónica, ya que fue la primera exposición sensorial de esta muestra itinerante en el mundo.

Cubrir los ojos despierta inseguridades. Por ejemplo, está la sensación de que la persona va a caer. También hay incertidumbres al tocar y escuchar.

En el recorrido por el Centro Cultural Metropolitano, los participantes ingresaron con sus ojos vendados a las salas, todos en orden, tomando el hombro de su compañero con su brazo derecho. En la primera parte de la muestra, los colocaron frente a una mesa en la que estaba una vajilla rota.

Solo con el uso del tacto y la imaginación debían armar un plato. Mientras pasaban los minutos, algunos se desesperaban porque no lograban hallar las piezas exactas y había frustración. Una vez que destaparon sus ojos, observaron que su creación no era lo que su imaginación proyectó.

“Había un problema que resolver. No es cuestión de reparar una vajilla, sino de solucionar el mundo”, mencionaba una de las guías. Añadió que los platos rotos representaban momentos de la vida que deben ser subsanados con lo que se cuenta a la mano.

Luego el grupo avanzó a otra sala en donde para que socializaran los colocaron en parejas, uno frente al otro. Con el tacto debían imaginar el rostro y la sonrisa de su compañero. “Este ejercicio les permitirá sentir cómo es una sonrisa, imaginarla y luego verla”, añadió el guía Julio César Moreno.

A este grupo de guías se los encuentra en Facebook como Viviendo Quito con Sentidos. Entre sus nuevos proyectos está la elaboración de la tradicional fanesca, a partir de la compra de cada uno de sus ingredientes. El reto está en preparar el platillo con los ojos vendados.