6 de octubre de 2019 00:00

En la Web oscura se ocultan pedófilos, con piel de oveja

Entre los casos se encuentra el de un albañil que violaba a las hijastras de su hermano, en vivo y en directo. Y a través de una de ellas, la de 7 años, contactó a otras siete de la misma edad. Foto: ilustración/ELCOMERCIO

Entre los casos se encuentra el de un albañil que violaba a las hijastras de su hermano, en vivo y en directo. Y a través de una de ellas, la de 7 años, contactó a otras siete de la misma edad. Foto: ilustración/ELCOMERCIO

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Mariela Rosero
Editora
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En el 2018, en línea hubo 45 millones de imágenes de abusos sexuales a niños, según The New York Times. En el 2015, un ecuatoriano fue el distribuidor número uno en la región. 

Hace cuatro años y cuatro meses, en abril del 2015, Víctor Elías G. fue detenido en un inmueble en San Rafael. Desde ahí transmitía en vivo, a través de Facebook, las violaciones a una niña, que entonces tenía algo más de 7 años, y a su hermana, de 2.

En el día trabajaba como albañil. Hasta ahora haciendo una búsqueda en Google con su nombre, aparece una oferta de sus servicios en construcción de edificios. En la noche y madrugada, de 22:00 a 03:00, se conectaba a Internet, para compartir el ‘material’ que lo ubicó como el número uno en Latinoamérica, en la distribución de pornografía infantil.

Lo cuenta Jorge Simbaña, quien representa a la Fundación de Niños y Adolescentes Víctimas de Pornografía, que funciona desde Quito, aunque sin sede. A él también le espeluznan las nuevas develaciones de The New York Times.

El diario norteamericano reportó que en el 2018 hubo 45 millones de fotos y videos de abusos sexuales a niños en línea. Ahí hay ‘otro mundo’, con seres insaciables que explotan a menores y que no tienen perfiles fáciles de detectar.

A través de la organización local -según Simbaña- buscan que los ecuatorianos no veamos esa realidad como algo muy lejano o de película de terror. Los depredadores utilizan tecnologías encriptadas, la ‘web oscura’, que según la investigación periodística es impenetrable. Citan el caso de Love Zone, cuyo administrador les relató en detalle que a las autoridades pudo tomarles billones de años descifrar la contraseña del sitio, que tenía 41 caracteres, por ejemplo.

Algunos hombres lo administraban, uno de ellos un trabajador de una guardería infantil en Illinois, que contó haber documentado el abuso a su ahijado y a más de una docena de otros pequeños, de 3 meses a 8 años.

Sentenciado a 30 años de prisión, en el 2016, dijo que “capturar el abuso en video era parte de la emoción”.

La mente de pedófilos y pederastas es un terreno aún por estudiar. Muchos científicos hablan de un gen con el que se nace; otros dicen que hay un ‘síndrome Vampiro’: si te muerde uno, te conviertes en eso; si sufres abusos, igual.

En torno a eso, el director de la Clínica de Comportamientos Sexuales de un centro de salud mental en Canadá tiene una teoría. Paúl Fedoroff, citado por la BBC, afirma que es posible “curar” a los pedófilos con fármacos para eliminar temporalmente el deseo sexual, por ejemplo. Pero un gran problema es dar con ellos.

Se ocultan en una dimensión al alcance de expertos en tecnología y con 500 veces más información que al navegar solo en la superficie de Internet. Sus perfiles no son fáciles de rastrear y parecen ser personas normales, como el británico Matthew F., geofísico de la Universidad de Birmingham y graduado en Cambridge.

Detrás de esa imagen se escondió un depredador, que en la red adoptaba la identidad de un artista; las adolescentescaían y le enviaban fotos semidesnudas o desnudas para sus pinturas. Luego las amenazaba con publicarlas y las obligaba a cometer actos sexuales perturbadores, incluso lamer baños públicos y violar a terceros.

Él, como otros, intercambiaba el material en esa red oscura y cifrada, a la que acude toda una comunidad, en este caso ‘hurtcore’. Eran imágenes de abusos sexuales a niños y bebés. Él era un usuario violador vip. Admitió 137 cargos, incluso violación a 46 personas.

Y si dar con esos monstruos es complejo, más lo es ayudar a las víctimas de pornografía infantil y acoso sexual. En todo el mundo, solo el 5% de ellas es rescatado, apunta Eduardo Casas, de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía española. Es autor del libro ‘La Red Oscura, en las sombras de Internet: el cibermiedo y la persecución de los delitos tecnológicos’.

El investigador muestra que hay rincones de Internet en donde se producen los delitos tecnológicos, tráfico de armas, de drogas, sexting o pornografía infantil. Es una red oscura, convertida en refugio de hombres como Cooldaddy, un alemán detenido en Mallorca, en el 2011. Abusó de sus hijos y de los hijos de sus parejas.

En el 2015, desde Francia, la Interpol identificó videos de violaciones a niñas con una IP de Ecuador. Hubo un operativo -recuerda Simbaña, de la Fundación para Víctimas de Pornografía- en el que se detuvo a pedófilos de Venezuela, Colombia, Chile y Argentina.

El albañil violaba a las hijastras de su hermano, en vivo y en directo. Y a través de una de ellas, la de 7 años, contactó a otras siete de la misma edad.
La madre de las menores sabía todo y recibía dinero de Víctor, el número uno en la región en ese inframundo, ya que subía dos o tres videos en vivo al día; le pagaban bien por eso.

Además, con un perfil falso, de niña de 12 años, despertó el interés de ‘otra niña’, que le pedía fotos de ella desnuda. Se trataba de un hombre adulto, que también mentía en la Red. En la vida real era conserje de un plantel capitalino, que filmaba a las alumnas en el baño y las violentaba sexualmente.
Ambos están presos. Y dos de las víctimas de Víctor fuera del país, por el sistema de protección a testigos. La madre había sido violada a los 12 años y producto de ello nació su primera hija. La situación era común en un pueblo de Manabí, por lo que también fue tratada como otra víctima.

Para Daniela Naranjo, de Child Fund en Ecuador, es preocupante que en las grabaciones de torturas y violaciones a niños se observen ambientes de hogar como fondo. No se trata -anota- de una mafia que se mete en la casa sino de personas muy cercanas a las familias, que explotan sexualmente a los niños; de exenamorados, que difunden fotos que alguna vez les confiaron, etc.

A Naranjo le inquieta que entes públicos y ONG no articu­len esfuerzos. Y que no haya suficiente control parental sobre los contenidos que los hijos ven en Internet. En sus encuestas identifican comportamientos riesgosos. Mientras, en Europa hay cazadores civiles de pedófilos en la Red.

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