13 de abril de 2019 00:00

El turismo en Manabí para ayudar a conservar y aprender

En la zona del corredor se pueden identificar aves migratorias que llegaron desde Canadá. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

En la zona del corredor se pueden identificar aves migratorias que llegaron desde Canadá. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Evelin Caiza

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Son las 06:00 y entre la espesa vegetación se escuchan fuertes aullidos. En esta ocasión no se trata de lobos, sino de los monos aulladores que habitan en la reserva y estación biológica del bosque seco Lalo Loor.

Este lugar, que protege más de 200 hectáreas de bosque tropical caducifolio al sur de Pedernales, en Manabí, busca ser un referente de que hacer turismo en la zona costera no se remite solamente a visitar las diferentes playas.

La estación científica, los senderos autoguiados, un centro de interpretación ambiental y proyectos comunitarios son el atractivo principal para practicar ecoturismo en la zona, según afirma la coordinadora de educación ambiental de Lalo Loor, Kelly Van Gils.

Ella comenta que en cada recorrido que realiza descubre una nueva especie, ya sea animal o vegetal, sin embargo, calcula que dentro de esta reserva habitan más de 190 especies de aves, 125 monos aulladores, incontables ardillas, tigrillos, serpientes, mariposas e insectos. Además, mediante cámaras trampa se ha podido observar más de 40 especies de mamíferos y gran diversidad de árboles endémicos de la zona que recubren los senderos con el cambiante color de sus hojas, según el clima.

Los monos aulladores Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

En la reserva y estación biológica del bosque seco Lalo Loor habitan 125 monos aulladores . Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO


Lalo Loor forma parte del proyecto denominado Área de Conservación y Uso Sostenible (ACUS), ideado por la fundación Ceiba. Este busca garantizar la preservación de los bosques y especies de la zona mediante un corredor conformado por más de ocho reservas y fincas ubicadas al noroeste de Manabí (Pedernales, Jama, San Vicente y Sucre).

La hacienda Don Juan, en el sector homónimo, la reserva Tito Santos en Jama, la reserva La Victoria en Rambuche, la Finca La Tía, en Tabuga, entre otras, pertenecen a esta conexión de zonas en recuperación y potenciación turística.

En la última, su propietaria Narcisa Puertas enseña al turista nacional, extranjero y estudiantes todo lo que se refiere a la producción de café y árboles frutales de la zona.

Más de 60 000 hectáreas han sido identificadas al noroeste de Manabí como aptas y propicias para fortalecer esta conexión natural. Lo que se busca es capacitar a los dueños y visitantes de los lugares sobre la deforestación, la caza ilegal, el buen uso de las tierras, el cuidado de la vida silvestre y otros proyectos. Así lo afirma el coordinador de proyectos de Ceiba, Jeremi Bravo.

Las reservas cuentan con personal capacitado para brindar asistencia a visitantes, pasantes o estudiantes que busquen realizar o contribuir con investigaciones científicas en estos bosques de la costa.

Algunos de los proyectos que ya se llevan a cabo en Lalo Loor, por ejemplo, son monitoreos de la población de monos aulladores endémicos, que estudia la demografía, rangos y hábitos alimenticios de estos animales. También demostrar el impacto que las carreteras de la zona tienen en la fauna.

Otros son los censos de mamíferos y proyectos de calidad de agua en los arroyos que atraviesan el lugar, la agroforestería, las dinámicas de bosques estacionales, que es información biológica básica del crecimiento y sobrevivencia de las especies forestales.

“Lo interesante y único de este ecoturismo es que es una reserva donde se busca a los animales y a las plantas, mediante guías y mapas se los identifica. Ellos aparecen en cualquier lugar ya que no es un zoológico”, concluye Van Gils.

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