29 de abril de 2018 00:00

Los tsáchilas cuidan al bosque Mushily en Santo Domingo

En el bosque Mushily se encuentran varias especies de animales, como el shilin (grillo en tsa’fiki), cuchucho, gusanos como el pachón, entre otras. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

En el bosque Mushily se encuentran varias especies de animales, como el shilin (grillo en tsa’fiki), cuchucho, gusanos como el pachón, entre otras. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

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El bosque nativo Mushi­ly está ubicado en 7 hectáreas de la comuna tsáchila Chigüilpe, en Santo Domingo.

Un grupo de unos 30 tsáchilas se ha dedicado a repoblar el remanente y a rescatar las plantas medicinales y de origen nativo, como las de achiote y los árboles de algodón.

De hecho, debido a estas dos plantas, los tsáchilas decidieron bautizar al bosque con el nombre Mushily, que es la unión de dos palabras en tsa’fiki: Mu, que significa achiote, y shily, la corona de algodón que los tsáchilas se colocan sobre su cabeza.

El río Chigüilpe atraviesa el bosque tsáchila Mushily y recorre unos 3 kilómetros. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

El río Chigüilpe atraviesa el bosque tsáchila Mushily y recorre unos 3 kilómetros. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.


Abraham Calazacón, líder del proyecto turístico Mushi­ly, señaló que el bosque se ha preservado para evitar que se pierdan las tradiciones tsáchilas. Por eso, cada año realizan una campaña de reforestación de varias especies, como la del árbol que les provee de algodón. El tsáchila afirmó que hace 100 años, aproximadamente, se dejó de sembrar ese árbol y por eso en la actualidad deben comprar en las farmacias algodón para tejer la corona. “Volvimos a sembrarlo porque nos preocupa que esa tradición se pierda en la etnia”, expresa. Incluso, los turistas que van a recorrer el bosque también ayudan a sembrar las semillas de ese árbol.

Con esta iniciativa, además han repoblado las 7 hectáreas con especies nativas de árboles maderables.

Según Calazacón, los grandes árboles protegen a las plantas medicinales porque les dan sombra y eso permite que se recarguen de las energías de toda la naturaleza y no solo del sol. “A veces hay remedios que no funcionan y eso tiene que ver con la siembra y el cuidado que ha tenido el chamán en el bosque”.

Otra de las ventajas de la reforestación constante es que los animales regresan a esos bosques. Una de las especies que otra vez ha llegado al bosque Mushily es la culebra, que en el idioma tsa’fiki es conocida como sayamá.

Según el historiador oral Manuel Calazacón, hace más de 500 años las culebras vivían en los techos de las cabañas tsáchilas, que estaban ubicadas en las entradas hacia los bosques. Se cree que esos reptiles ahuyentaban las malas energías y cuidaban a los tsáchilas de los animales salvajes.

Emilio Calazacón es uno de los pocos tsáchilas que tienen la habilidad de domar a las culebras. Él convive con los reptiles por días. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

Emilio Calazacón es uno de los pocos tsáchilas que tienen la habilidad de domar a las culebras. Él convive con los reptiles por días. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.


Solo los hombres más sabios de la nacionalidad podían domarlas y se los conocía como los Sayamá. Pero la tala de árboles y la colonización hicieron que las serpientes y culebras se alejaran de la nacionalidad.

Abraham Calazacón afirmó que otro de los logros que ha tenido la reforestación en la zona es que las aves también regresen a la comuna. El año anterior, un grupo de científicos extranjeros contabilizó 35 especies de aves en el bosque Mushily, en un período de una semana, de 06:00 a 17:00.

Para fomentar su retorno, los tsáchilas colocan bebederos de agua en el bosque y también esparcen pedazos de guineo, oritos y maíz.

La presencia de las aves también ha ayudado a que especies que estaban desapareciendo vuelvan a crecer. “Hemos intentado sembrar algunas plantas, pero no dan frutos. Pero descubrimos que cuando las aves toman la semilla y la riegan en el bosque, esta sí crece”.

Uno de los árboles que creció nuevamente debido a las aves fue el kati. Esa planta es nativa de la zona y da una fruta parecida a la uva. Esta es utilizada como alimento para mejorar la concentración y el aprendizaje en los niños.

La guía turística Miriam Calazacón señaló que en el bosque se han realizado investigaciones y se han encontrado 220 plantas con propiedades medicinales. En total, en la comuna se han descubierto 350 plantas que son usadas por el chamán.

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