24 de mayo de 2018 00:00

Un bocado montuvio al paso en el cantón Isidro Ayora, en Guayas

El cantón guayasense ofrece su gastronomía montuvia al pie del carretero. Tortillas al fogón y jugos naturales, de frutas recién cosechadas, son parte de la oferta. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El cantón guayasense ofrece su gastronomía montuvia al pie del carretero. Tortillas al fogón y jugos naturales, de frutas recién cosechadas, son parte de la oferta. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

(F) Contenido Intercultural

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Las letras que forma a su nombre al pie de la vía que conecta Guayas con Manabí revelan los rasgos típicos de esta localidad. Hay mangos y maizales, hamacas y guayacanes, también la estatua del expresidente Isidro Ayora, como fue bautizada esta tierra montuvia.

El cantón Isidro Ayora, en Guayas, engancha a sus visitantes con los piqueos que ofrecen al paso sus tradicionales comedores. Son paradas obligatorias para quienes buscan refrescarse con jugos naturales o disfrutar de un bocado de la cocina del campo.

Las tortillas de la Tía Manuca son un ícono de los ayorenses. A diario los autos se detienen junto a este local, ubicado en el ingreso. Aquí el fogón siempre está encendido.

Manuca -Manuela Isabel Anzules Mayesa- comenzó con la venta de tortillas de maíz hace más de 20 años. Ahora, a sus 67, dejó la receta, la sazón y los secretos de cocción a sus familiares.

“Ella aprendió de su mamá y nos dejó la herencia. Para hacerlas utilizamos maíz cocinado, que luego se ralla y muele para obtener la harina. En el relleno usamos queso o chicharrón”, explica María Fernanda Zambrano, nieta de Manuca.

María Fernanda Zambrano saca algunas tortillas del fogón, en el local de la Tía Manuca. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

María Fernanda Zambrano saca algunas tortillas del fogón, en el local de la Tía Manuca. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Al inicio la tía Manuca cocía las tortillas en un orificio en la tierra. Dentro colocaba sobre unas latas y las tapaba hasta alcanzar el punto exacto.
Luego usó fogones, que se popularizaron en Isidro Ayora. En varios locales los cubrieron con barro para poner el carbón ardiente; sobre este colocan las bandejas metálicas con los bocadillos, que finalmente son tapados con latas, también cubiertas con leños encendidos.

“La leña le da un sabor único. Nosotros usamos pailas, cada una con 20 tortillas. Las tapamos con una lata, que va cubierta con la leña. Después de unos 10 minutos están listas”, cuenta Alexis Hinojosa, parte de este negocio tradicional.

Las de queso o chicharrón cuestan USD 0,75. Por las mixtas cobran USD 1. El local atiende todos los días, de 06:00 a 19:00 y el menú se diversifica los fines de semana, con secos de gallina, pato y chancho.

El pasado domingo (29 de mayo del 2018) , Isidro Ayora recibió a los comensales con un festival de huecas montuvias. A más de tortillas, los visitantes pudieron degustar chuzos y la fritada, que también es típica de este lugar.

Para complementar estos deliciosos platillos hay que avanzar por la vía, casi hasta la salida de la cabecera cantonal. Allí, bajo la sombra de un samán, Ismael Morán ofrece vasos de jugo a USD 0,50.

En su kiosco hay baldes con extracto de guanábana, naranja, melón y otras frutas que cosecha en su finca en el recinto La Alegría. “Esta es buena tierra. Todos los productos para el negocio nacen aquí”, cuenta mientras recorre las plantaciones con su sombrero de paja.

En esta finca están prohibidos los químicos. Don Isma, como lo conocen sus clientes, fabrica sus propiosrepelentes con oreganón, ruda de gallinazo y ají. “Son orgánicos”.

En el kiosco, Janeth Pincay, la esposa de Ismael, recuerda que el negocio comenzó hace 20 años, en un triciclo. “Nos conocían por la guayaba, ahora tenemos variedad”, cuenta la mujer que también ofrece torrejas de choclo al carbón.
En las estanterías hay una flor rojiza, con pétalos como tentáculos. Es la jamaica, que también cultiva en su parcela.

Años atrás, en un encuentro de agricultores orgánicos de Latinoamérica, intercambió un maíz criollo de Isidro Ayora por unas semillas mexicanas de jamaica. “Crecen en cuatro meses y cada planta puede dar hasta 400 flores”.

Su local es el único que ofrece este jugo, de ligero toque ácido y bueno para aliviar las inflamaciones.

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