16 de agosto de 2018 00:10

El canto del Jahuay volvió a escucharse en Chimborazo

La cosecha de cebada en Bishud se hizo al ritmo del Jahuay. Comuneros recordaron la época de las haciendas. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Cristina Márquez
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

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La bocina suena fuerte en los campos de cebada de Bishud, en Guamote, y decenas de comuneros guardan silencio. Así se inicia cada año la cosecha de los cereales y el ritual ancestral del Jahuay, un canto de agradecimiento que está en peligro de extinguirse debido a la migración y a la llegada al campo de maquinaria agrícola.

El Paqui es el protagonista del ritual y el encargado de guiar las voces de hombres y mujeres que, mientras cantan, cortan las espigas con una hoz. Sus cantos los dedican a todos los elementos que contribuyeron al crecimiento de las plantas como el agua, el sol, la tierra, los animales, el viento.

El Paqui también es el encargado de componer las rimas que se entonarán durante el día de trabajo, camina guiando a los cosechadores por cada surco y repite tonadas en kichwa. La gente que le acompaña camina en filas y responde al unísono “jahuay, jahuay”.

“Es un canto milenario para agradecer a la Pachamama por la vida y la cosecha. Pedimos permiso para tomar esa parte de la tierra que necesitamos para vivir y damos las gracias”, dice Manuel Pomaquero, yachak de Chimborazo.

El musicólogo Mario Godoy investigó el ritual del Jahuay por casi 40 años. Según él, en la época de las haciendas el canto también se usaba para dar ánimos y burlarse del capataz.

“Como los cantos eran en kichwa, el hacendado no entendía. Esta era la única manera de soportar las largas jornadas de trabajo”, cuenta Godoy.
Así también lo recuerda José Cepeda Chimbolema, paqui de la comunidad Calancha. “El patrón nos insultaba, nos amenazaba y nos golpeaba para que cosechemos el trigo en la hacienda. A nosotros nos tocaba preparar la chicha y la hoz y madrugar a la cosecha”.

Cepeda, de 84 años, recuerda que su abuelo fue designado paqui por su sabiduría y el conocimiento musical que tenía. Él le enseñó a cantar para darse ánimo durante las jornadas agotadoras de trabajo.

En sus canciones Cepeda habla también de las mujeres con un tono pícaro para conservar el buen humor. Él lleva una bocina y un asial sobre su poncho rojo de lana de borrego.

Godoy explica que después de la reforma agraria la tradición de la cosecha empezó a desaparecer. Según su investigación, la migración y el avance de la tecnología en la agricultura, que reemplazó el trabajo manual, hizo que los cantos se efectuaran con menos frecuencia , por lo que hoy están en peligro de extinción.

“Antes era común escuchar este canto en toda la provincia cuando se cosechaba. Después de investigar determinamos que solo en algunas comunidades lo practican entre junio y agosto, cuando maduran los cereales. Identificamos el ritual en Pulucate, Calpi, Cebadas, Cacha, Llinllin y Tixán”, afirma Godoy.

Empezó a investigar el canto después de que una ocasión lo presenció casualmente. El contenido lírico de las canciones impresionaron por su riqueza cultural y se propuso documentarlo y rescatarlo.

Antonio Bastidas, de la comunidad Chatún San Francisco en Colta, está preocupado porque lo jóvenes ya no están interesados en aprender el ritual y los conocimientos no podrán heredarse. “La prioridad para los jóvenes es estudiar, tener un título o trabajar en la ciudad. En mi comunidad el canto morirá conmigo”.

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