20 de febrero de 2019 00:00

20 toquilleras mostraron sus creaciones en un festival en Cuenca

Zoila Barbecho, de 49 años, pertenece a la Asociación Teje Sidcay. Aprendió el oficio hace 40 años. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Sombreros de diferentes colores, adornos para el hogar y objetos utilitarios elaborados en paja toquilla se exhibieron en el Festival del Sombrero. Este espacio fue organizado por el Economuseo Casa del Sombrero del Municipio de Cuenca.

En esta ocasión, 20 socias de las asociaciones Teje Sidcay y Las Tejedoras de Cuenca expusieron y comercializaron sus obras. También participaron ocho emprendedores que se dedican a la elaboración y acabados en toquilla.

Este festival empezó el jueves pasado (14 de febrero del 2019), a propósito del Día del Amor y la Amistad. Los puestos se ubicaron en dos salas internas y el patio central del Economuseo donde también se exhibe materia prima, obras de los siglos XIX y XX.

Este espacio, ubicado en el centro de la ciudad, es emblemático porque allí funcionó la primera fábrica de sombreros de Cuenca. Hace un siglo fue punto de concentración del sombrero de exportación y, en la actualidad, funciona como un museo y una tienda.

Para María Zhinzhín, de 49 años, con esta exposición se revaloriza este oficio y la relevancia del tejido del sombrero, que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El Economuseo organiza un festival y 10 ferias al año. En estas participan personas que se han formado o perfeccionan la técnica del tejido en los talleres que se organiza en esta entidad durante todo el año. 200 niños, jóvenes y adultos se capacitan anualmente.

Las azuayas Zoila Barbecho, Dora Orellana y Laura Guamán, de Teje Sidcay, aprendieron el oficio desde su infancia y estos talleres conocieron sobre nuevas puntadas, elaboración de adornos, tinturar la paja, realizar los acabados, entre otros temas.

“Tejemos de forma artesanal solo usando nuestras manos. En las obras aplicamos los saberes ancestrales que se transmiten de padres a hijos”, dijo Guamán, quien enseñó este arte a sus dos hijos.

Blanquita Ullaguari, de 39 años, también estuvo en este festival. “Las obras que entregamos a los clientes son el testimonio vivo de un quehacer ancestral que refleja identidad, habilidad y creatividad”, dijo la artesana, quien durante los cuatro días del festival mostró al público su habilidad.

Ullaguari y los demás artesanos demostraron el conocimiento de las diferentes técnicas, que llamaron la atención de los clientes. Ella pertenece a la Asociación Las Tejedoras de Cuenca. Adornaron su estand con 50 sombreros, que elaboraron las 10 socias. Los visitantes escogieron entre los diferentes modelos y colores.

Los dueños de las fábricas de sombreros también recorrieron los estands y se acercaron a las asociaciones para verificar la calidad del tejido. Uno de ellos fue Edmundo Cedillo, quien compra y vende un promedio 500 sombreros por mes.

A Cedillo le preocupa que desde que se retiraron las salvaguardias del sombrero, ingresa gran cantidad de sombreros desde la China. “Hay el temor que rompa con los precios del mercado. A los chinos les cuesta USD 3 producir un sombrero de fibras naturales y a nosotros, no menos de 15”.

La fábrica de Cedillo también atiende a las asociaciones -que no disponen de máquinas artesanales- y lo contratan para los acabados, como son el corte y rematado de las hebras de paja, blanqueado y maceteado, planchado, hormado y colocación del cintillo.

Él identificó 340 tejedoras de Azuay, principalmente de los cantones Cuenca, Sígsig y Chordeleg. Por el trabajo de los acabados cobra entre USD 6 y 7 por unidad y, por lo general, el sombrero más económico se vende en USD 25.

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