31 de enero de 2021 00:00

El terremoto y el tsunami de Esmeraldas en 1906

El gran fenómeno telúrico ocurrido en enero de 1906 provocó la destrucción de gran parte de la ciudad. Foto: www.taringa.net

El gran fenómeno telúrico ocurrido en enero de 1906 provocó la destrucción de gran parte de la ciudad. Foto: www.taringa.net

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Amílcar Tapia Tamayo

A las 10:30 del 31 de enero de 1906, se produjo en Esmeraldas un sismo de magnitud 8.8 en escala Richter, a una profundidad de 20 km. La ubicación del epicentro fue 0,955°N y 79,369°O, aproximadamente a 18 km al noroeste de la ciudad de Esmeraldas, en el sector conocido como Chontaduro.

El cataclismo fue seguido por un tsunami que generó olas de hasta 6 metros de altura, golpeando no solo a la región de Esmeraldas, sino también a las poblaciones fronterizas de Colombia, sobre todo a Tumaco y pueblos aledaños como los de Boca Grande, Trujillo, Boquerones, Huecada y Las Varas, “las cuales se hundieron y desaparecieron para siempre por la furia del mar (...) El punto Tierra Firme cambió de sitio, llegando al extremo de que el cementerio fue hallado 1 kilómetro más al norte, con la circunstancia de que su espacio y las tumbas raramente fueron removidas de manera íntegra. También de pequeñas aldehuelas pobladas por dos o tres familias, no quedaron huellas ni rastro de ellas (…); se supone que hubieron por lo menos 700 muertos” (Rafael Mires, Diario el Tiempo de Bogotá-Colombia, 18 de febrero de 1906, p. 16, BAEP).

En el caso de Esmeraldas, “apenas los habitantes nos repusimos un poco del susto causado por el terremoto, cuando media hora más tarde el pánico se apoderó de la población al ver que por la orilla del mar llegaba una ola gigantesca de por lo menos 5 metros de altura invadiendo la playa y causando daños menores; sin embargo, 20 minutos más tarde, llegó una segunda ola, esta más grande que la anterior, la cual sí causó tremendos destrozos y produjo los daños que ya mencioné. El agua golpeó con tanta furia las riveras de los ríos, que la salina penetró hasta 2 o 3 kilómetros río arriba, arrastrando árboles que fueron llevados contra corriente, cuyos troncos golpeaban con fuerza llevando a su paso animales y cristianos, precedidos de un rumor hondo y profundo que llenaba de espanto y terror. El pueblo de Telembí perdió casi toda su población, salvándose unos pocos que alcanzaron a subir a una pequeña colina circundante. El anejo de Pichangal desapareció por completo. Del recinto Boca Chica no hay rastro, ya que las de hasta 6 metros lo desvanecieron. Y así, otros sitios localizados en la orilla del mar fueron devorados por las aguas. En Esmeraldas se cayeron unas cuarenta casas, como resultado tanto del sismo cuanto del agua que penetró por las calles de la ciudad; en Limones, treinta; en Santa Clara todas las viviendas (…) Suponemos hay por lo menos unos mil muertos…” (Informe de Marcial Quiñones, jefe político al Supremo Gobierno, marzo de 1906, Archivo Ministerio de Gobierno).

El epicentro se dio en la zona de subducción de la placa Nazca bajo la placa Sudamericana, con una profundidad de 25 km, en el océano Pacífico, frente a las costas esmeraldeñas. Los especialistas consideran que el terremoto causó una ruptura en la zona en la que se encuentra la falla en una longitud de entre 500 a 600 km.

Según los geólogos de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Colombia (ver informe de 1999), el sismo de 1906 que afectó a Esmeraldas y Tumaco es considerado uno de los más grandes registrados en la historia sísmica del mundo y se produjo frente a la costa occidental de Sudamérica. Por lo tanto, la placa oceánica de Nazca subduce bajo la placa continental Suda­mericana, siendo esta una de las zonas de mayor actividad sísmica en el planeta. El resultado de este proceso geodinámico es una extensa banda de sismicidad alineada paralela a la fosa; de allí que todos los terremotos tsunamigénicos de gran impacto se han originado en esa banda.

Refiriéndonos a los tsunamis, los especialistas consideran que no son demasiado frecuentes cuando existen terremotos superficiales; sin embargo, se convierten en desastrosos si son causados en un 90% por actividad sísmica en zonas de subducción (sismos interplaca) debido a la deformación cosísmica regional sobre el límite de la placa y a la relajación elástica en el arco frontal.

Para el caso de ondas largas, como son los tsunamis, su velocidad de propagación depende básicamente de la profundidad del agua por la cual atraviesa. Eso determina que durante su trayectoria, el tsunami se vea sujeto a fenómenos de refracción, directividad y dispersión de energía. Se sabe que la gran longitud de onda que presentan provoca que su propagación en océano abierto, donde existen grandes profundidades, se realice casi sin pérdida de energía por fricción de fondo y con una amplitud de onda de unos cuantos centímetros. En la costa, en cambio, la disminución de la profundidad y su configuración genera la concentración de la energía cinética de las ondas; disminuye su longitud y crece su altura, alcanzado un gran poder destructivo. Las mayores alturas han sido observadas en bahías angostas o semicerradas o en desembo­caduras de ríos, como es el caso del río Esmeraldas.

Si hacemos un análisis de los 58 tsunamis que han arribado al Litoral ecuatoriano, entre el año 1586 y 1912, veremos que de ellos el 19% fueron destructivos: siete afectaron con severos daños al Litoral continental; tres afectaron las costas de las Islas Galápagos y solo uno causó estragos tanto al Litoral como al archipiélago. (Contreras, Manuel, Cronología de los tsunamis en Ecuador, Facultad de Ingeniería Universidad Playa Ancha, Valparaíso, Chile, 2013, p.58)

Desde el punto de vista geográfico, las regiones de Esmeraldas en el Ecuador y Tumaco en el sur de Colombia, se hallan influenciadas por extraordinarias condiciones geológicas, oceánicas e hidrológicas, climáticas y biológicas, creando un ambiente de gran complejidad y dinámica en permanente transformación. El clima es muy cálido y húmedo, lo que contribuye, con el aporte de la abundante vegetación, a meteorizar y a rodar rápidamente por la Cordillera Occidental, sedimentos que son transportados hasta la costa por los grandes ríos, sobre todo el Esmeraldas para el caso ecuatoriano, conformando los suelos, detrás de los cuales se extienden terrenos de manglares que pueden alcanzar muchos kilómetros de ancho, interconectados por una densa red de ríos y esteros que también responden a la oscilación mareal. En esta circunstancia, las fuertes corrientes oceánicas y los procesos fluviales interactúan para crear y destruir permanentemente formaciones costeras, ayudados por las mareas, por lo que el mangle -que es la especie vegetal más abundante de la zona- evita o disminuye la erosión de la costa, debido a que sus raíces atrapan los limos y arenas que transporta el mar y los ríos, creando y ­consolidando miles de kilómetros cuadrados.

En cuanto a la actual ciudad y provincia de Esmeraldas, debemos tener en cuenta que existe una alta vulnerabilidad debido a factores sociales, económicos y físicos; entre otros: el acelerado crecimiento demográfico, que responde a una importante migración desde las zonas rurales hacia la capital provincial; la progresiva ocupación de áreas de alta exposición a tsunamis; la urbanización de terrenos de muy reciente formación y dudosa estabilidad de largo plazo.

*Doctor en Historia e Investigación, antropólogo.

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