31 de mayo de 2018 16:36

Tenguel aún guarda vestigios de ‘la compañía’

A inicios de los años 30, Tenguel se convirtió en la mayor hacienda bananera del Ecuador. Con la instalación de la compañía estadounidense, el lugar tuvo un gran desarrollo. Hoy es una parroquia rural de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

A inicios de los años 30, Tenguel se convirtió en la mayor hacienda bananera del Ecuador. Con la instalación de la compañía estadounidense, el lugar tuvo un gran desarrollo. Hoy es una parroquia rural de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Mónica Mendoza 
Macroeditora (O)

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Tenguel aparece en el mapa de la historia bananera de Ecuador. Actualmente es una parroquia rural de Guayaquil, en el límite de las provincias de Guayas y El Oro. Pero a inicios de los años 30 se convirtió en la mayor hacienda de banano administrada por la estadounidense United Fruit Company.

Fue una época de bonanza y expansión, de la mano de ‘La Compañía’, como era conocida la transnacional. Hoy, las nuevas generaciones de Tenguel la siguen llamando así, aunque solo conocen sobre ese tiempo de esplendor a través de las historias de los más ancianos o por las edificaciones antiguas, con tipología del sur estadou­nidense, que aún están en pie.

En 1934, con la llegada de la United Fruit, Tenguel se convirtió en el mayor centro de acopio de banano de Sudamérica. Julio Símbala, presidente de la Junta Parroquial, recuerda que era la hacienda más moderna para esos tiempos.

La fruta se embarcaba en la línea férrea desde las plantaciones y se transportaba hasta el puerto El Conchero, en el canal de Jambelí. Desde ahí, las barcazas llevaban los racimos de banano hasta Guayaquil o Puerto Bolívar. Aún no se exportaba en cajas de cartón.

La estadounidense era la comercializadora de banano más grande del mundo y compró tierras en Ecuador, a raíz de la crisis que sufrieron sus plantaciones en Centroamérica.

El periodista Luis Delgadillo señala que en sus predios la empresa tendió 744 millas de líneas para ferrocarriles, para llevar los racimos al puerto de embarque; y 532 millas de líneas para los tranvías que trasladaban a los trabajadores.

La empresa adquirió la hacienda Tenguel, de 42 677 hectáreas, a través de la Canadian-Ecuadorian Cacao Company, una de sus subsidiarias en el país. En Ecuador eran tiempos de resistencia a la inversión extranjera por parte de los círculos políticos. Las otras dos subsidiarias eran la Compañía Bananera del Ecuador y la Compañía Agrícola del Guayas.

La compra se concretó por 80 000 sucres al Banco Territorial, que la había embargado a la Sociedad Caamaño Tenguel Estate, según el libro ‘Empresarios Ecuatorianos del Banano’, de Lois J. Roberts.

Para esa época, la hacienda tenía una producción cacaotera venida a menos por la crisis de la ‘pepa de oro’ y tan solo 300 hectáreas de banano.

Alicia Chica Villón, de 73 años, recuerda que llegó a Tenguel a los seis años. Su familia era oriunda de Cuenca, pero su padre fue contratado como capataz en una de las haciendas. “Los gringos estudiaron las tierras y las organizaron por departamentos o haciendas”.

La Compañía diseñó una infraestructura para Tenguel, que consistió en dividirla en varias haciendas: San Rafael, Balao, La Esperanza, Illiniza, Cotopaxi, Chimborazo, Los Micos, Gala y otras.

Además, construyó sistemas de riego por canales que se abastecían del río Tenguel y que servían para regar todo el año las plantaciones de banano de la variedad Gros Michel.

También tenía un plan social para los trabajadores. Samuel Zemurray, director ejecutivo de la United Fruit, estableció “condiciones de vida poco comunes en el país, pero de las que ya gozaban sus empleados en Centroamérica hacía dos décadas”, según Roberts. Había 11 escuelas donde enseñaban inglés y español, un centro social con piscina, cine, canchas de tenis y club social.

Para sus trabajadores construyó viviendas llamadas guatemalas, con madera y zinc, con una sucesión de grandes ventanales. Todo el material era importado. Algunas construcciones actualmente están en mal estado, adaptadas o cambiaron su uso. En esa época estaban en las afueras, ahora se mezclan con las construcciones de estilo costeño.

Cruzando el puente sobre el río Tenguel, en el centro del pueblo, se levanta una gran edificación donde funcionaban las oficinas principales de la empresa. Con los años se convirtió en la sede de la Liga Deportiva Barrial y ahora está desocupada por la vetustez.

En 1990, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural realizó un inventario de inmuebles y concluyó su “autenticidad cultural” y valor patrimonial. Recomendó la necesidad de rehabilitar y recuperar los bienes, pero esa intervención nunca se concretó por falta de financiamiento, según Símbala.
La United Fruit también construyó el Hospital San Francisco de Tenguel, y lo dotó de un equipamiento moderno.

Chica recuerda que la Compañía formó cuadrillas de electricistas, gasfiteros, albañiles y de otras labores, que prestaban servicio gratuito a las familias de los trabajadores. Ella conserva en su casa una botella de cristal con el logo de UF Tenguel, donde se envasaba la leche que se pasteurizaba en la planta local. También tiene parte de una locomotora Caterpillar que llevaba el banano.

Roberts señala que antes de la llegada de UF al país, la industria bananera estaba desorganizada, con un solo mercado de relativa importancia, Chile, y una exportación promedio anual que no superaba los 500 mil racimos. Luego de que la empresa introdujo el sistema de contratos con productores, estableciendo condiciones para cultivar y cosechar, Ecuador tuvo nuevos mercados, y a finales de 1939 exportó 2,5 millones de racimos.

“La United Fruit tuvo una existencia activa y protagonismo en la explotación de cacao y banano, aportando a la generación de riqueza, empleo y bienestar del país”, señala Delgadillo. En Tenguel también se conformó el primer sindicato bananero del país.

Recuerda que a inicios de los 60, la exportadora había decidido vender o entregar las tierras a sus trabajadores, pero el plan no se cumplió totalmente. Un conflicto laboral con sus estibadores, que se tomaron las instalaciones, marcó el final de esta gran hacienda.

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