24 de febrero de 2020 00:00

El Teatro México, un espacio diverso con 75 años de historia

La OSNE se presentó el  jueves con el aforo lleno. Foto: Roberto Peñafiel y Cortesía

La OSNE se presentó el jueves con el aforo lleno. Foto: Roberto Peñafiel y Cortesía

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Fernando Criollo

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Ubicado en Chimbacalle, sur de Quito, el Teatro México se ha vuelto un símbolo de cultura viva y un espacio de encuentro. Sus 75 años de fundación los celebró con una gala de tangos y pasillos a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador (OSNE).

El 24 de febrero de 1945, este escenario se inauguró en Chimbacalle como un cine, el primero en la zona. Mónica Vera, quien ha vivido por más de 50 años en los alrededores, recuerda que los fines de semana se ponía su mejor traje para verse con sus primas. Bajaban por la entonces calle empedrada para ir a disfrutar de películas mexicanas, que eran las que más se ofertaban en la cartelera. Las de Viruta y Capulina fueron sus favoritas.

Cuando se cerró, a finales de los años 90, el lugar quedó abandonado y se convirtió en un sitio inseguro y sucio, comenta José Murriagui, otro vecino del barrio.

“Si el único espacio de entretenimiento se cierra, es más fácil que los jóvenes se dediquen a otras cosas como el alcohol”, reflexiona Murriagui.

Este espacio cultural fue restaurado por el Fonsal y reinaugurado el 2006, con una capacidad para 441 personas y uno de los mejores equipamientos y acústica.

El diseño modular del escenario permite que los graderíos, iluminación y cortinaje se adapten para la proyección de películas. Pero también para obras de danza, teatro y música, en distintos formatos.

Después de la reapertura, uno de los objetivos ha sido “recuperar la vocación inicial del teatro como cine”, explica Raúl Almendáriz, vecino de Chimbacalle y gestor cultural.

De este modo, la comunidad -a través de colectivos y gestores culturales- se involucró en un trabajo grupal para definir la programación.

Actualmente, el Teatro México acoge proyectos como Escenario joven, Conciertos didácticos, Territorios de cine y colonias vacacionales. A estos proyectos se suman los espectáculos independientes.

Fernando Cobos, productor del Teatro México, explica que la programación -escogida por un comité de selección- se planifica para mantener un estándar de calidad y que responda al principio de diversidad, con el que se busca atraer a públicos de distintas edades.

Cine, artes escénicas y conciertos de repertorios populares, contemporáneos y académicos atraen a miles cada año.

En el 2017, el número de espectadores llegó a 50 942; en el 2018 fue de 40 176 y el año pasado alcanzó los 40 789.

Vera, la vecina que vio nacer al Teatro México, no ha pasado por ahí desde hace al menos dos años, por un concierto de boleros. Desde que varios amigos y familiares dejaron el barrio, sus encuentros en ese lugar son menos regulares. La residente de Chimbacalle admite que no siempre se entera de las actividades.

Almendáriz explica que esa desconexión es lo que impulsa el trabajo de los gestores comunitarios. El objetivo, asegura, es cambiar el recelo de la gente por participación y una apropiación activa.

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