27 de noviembre de 2019 08:04

Suramérica va a la 'COP de la ambición' con más metas climáticas que nunca

La COP25 fue llamada la COP de la ambición porque se requiere que los países aumenten sus compromisos para reducir los impactos del cambio climático en el mundo. Foto: EFE.

La COP25 fue llamada la COP de la ambición porque se requiere que los países aumenten sus compromisos para reducir los impactos del cambio climático en el mundo. Foto: EFE.

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Agencia EFE

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La megadiversa Suramérica llega a la cumbre de la COP25 con una serie de propuestas avanzadas para frenar la crisis climática, que está afectando de manera grave a la región en forma de desastres naturales y amenazando sectores claves de la economía como la agricultura.

Toda la región ha demostrado estar "comprometida con la lucha frente al cambio climático", destacó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), al subrayar de "que a pesar de que emite relativamente poco, es altamente vulnerable ante los impactos negativos de este fenómeno".

Organismos internacionales consideran que para cumplir el desafío de limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius para 2030 es crítico que todos los países aumenten el nivel de ambición de sus planes climáticos para fines de 2020, algo que ya se ha planteado Suramérica.

"Muchos países de esta región ya han anunciado su intención de presentar promesas más ambiciosas. Ahora necesitamos que la comunidad internacional haga un esfuerzo colectivo y concertado para garantizar que avanzamos en ese rumbo", explicó Amal-Lee Amin, jefa de la división de Cambio Climático del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Por eso, para Amin, "la llamada COP de la ambición puede jugar un papel clave en sentar las bases para que estos países regresen en 2020 con planes climáticos nacionales alineados con el objetivo de reducir emisiones y aumentar la resiliencia a los impactos del cambio climático".

Los esfuerzos en Suramérica han aumentado a la par del riesgo para la región, cada vez más expuesta al aumento de las temperaturas, que ha contribuido al retroceso dramático de los glaciares andinos, a fenómenos extremos como las inundaciones y sequías, y a la deforestación, vinculada a incendios como los que asolaron este año a la Amazonía.

"La reducción de glaciares andinos pone en riesgo la disponibilidad de agua en diversas partes de la región. En otros lugares, la baja de la precipitación ha producido eventos de estrés hídrico, frente a lo cual debemos estar preparados", afirma Bárcena.

Un ejemplo de ese efecto es el suroeste de Bolivia, azotado por fuertes sequías asociadas al cambio climático, pero también al modelo económico de fuerte extractivismo.

"El mayor impacto del cambio climático en Suramérica está en el agua, con el alza de precipitaciones en algunas naciones y la sequía en otros, además de los aumentos del nivel del mar", coincide el ingeniero argentino Gabriel Blanco, autor contribuyente del informe global 'Brecha de Emisiones' de la ONU.

Estas circunstancias afectan a naciones que dependen en su mayoría de la pesca, la ganadería, el turismo y, en especial de la agricultura, añade el también autor coordinador del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, IPCC.

Blanco, profesor de la Universidad Nacional del Centro de Argentina, subraya que la solución está en el modelo de desarrollo, que en Suramérica, a su juicio, está todavía a tiempo de apartarse del rumbo de las naciones industrializadas y más contaminantes.

"Suramérica en particular basa su economía en los recursos naturales, lo cual explica la deforestación en varios países y la destrucción de los ecosistemas. Cambiar el aparato productivo es importante para crear uno basado en una relación armónica con el medioambiente", coincide Bárcena.

Es el caso del área energética suramericana, que está viviendo ya una transición.

"Existen casos exitosos en Uruguay y Chile. Uruguay modificó drásticamente su matriz de producción eléctrica en tan solo unos años y sin subsidios del Estado. Chile ha cambiado la normativa que ha permitido una penetración importante de renovables y actualmente es uno de los países con una flota importante de buses eléctricos de transporte público", agrega la secretaria de la Cepal.

La 'COP de la ambición' ha sido bautizada así porque se espera que sea la cumbre en la que se pase a la acción y se presenten planes climáticos de mayor impacto para 2020.

Los mayoría de naciones de Suramérica acudirá a la cita en Madrid con sus compromisos, pero también con altas expectativas sobre los avances en las aportaciones al Fondo Verde del Clima, en el mecanismo de compensaciones por fenómenos climáticos extremos y en el apoyo a los países en vías de desarrollo en su transición a un nuevo modelo energético.

"El momento es ideal" para Latinoamérica para esa transición, "dado que los costos de las energías renovables y la movilidad eléctrica están disminuyendo rápidamente. Bien hecha, la transición podría traer un millón de nuevos empleos a la región para 2030, y generar beneficios por valor de varios puntos porcentuales del PIB", sostiene Amin.

En septiembre, durante la Cumbre de Acción Climática de la ONU, varios países de la zona adelantaron anuncios al respecto y alentaron a aumentar el compromiso con la neutralidad de carbono con el fin de generar mayor presión sobre los grandes contaminadores del planeta.

Ecuador segura estar avanzando en la reducción de emisiones por deforestación y de la degradación de bosques. El compromiso climático está priorizado en el Plan Nacional de Desarrollo.

Perú, el país suramericano con mayor riesgo climático y el número 5 a nivel mundial anunció una iniciativa contra la contaminación del aire a la que se han unido otros 41 países.

Colombia se comprometió a reducir en un 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero respecto al nivel proyectado para el 2030. Asimismo, buscará que el 10% de la energía sea de fuentes renovables para el 2022 y el 20% para el 2030 y anunció una ley de movilidad eléctrica con incentivos tributarios.

Además prometió reforzar la lucha contra la deforestación y se alió con otros países de la Amazonía, como Perú y Ecuador, para proteger la selva.

Chile anunció la creación de una Alianza de Ambición Climática, con cerca de 70 países, que se han comprometido a aumentar sus Contribuciones Nacionales Determinadas en el Acuerdo de París y que serán informadas en la COP25. Amin destacó además el lanzamiento en Chile del primer bono verde soberano de las Américas por USD 1 400 millones.

Bolivia impulsa un plan de restauración de la Amazonía para recuperar los acuíferos y la biodiversidad. Anunció, además, una estrategia ante la vulnerabilidad hídrica del país, triplicando los reservorios de agua para el 2030, y ha prometido impulsar la capacidad de generación eléctrica a través de energías renovables.

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