14 de diciembre de 2020 00:00

La clave para un sueño reparador está en el ADN

Los genes también determinan el ritmo circadiano, el cual regula la producción de hormonas y proteínas. Su identificación podría ayudar a crear fármacos.

Los genes también determinan el ritmo circadiano, el cual regula la producción de hormonas y proteínas. Su identificación podría ayudar a crear fármacos. Foto: Pixabay

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Andrea Rodríguez
Redactora (I)

La calidad del sueño no solo estaría ligada a los hábitos alimenticios o la vida activa. Científicos ecuatorianos identificaron varios genes que son responsables del sueño reparador.

A partir de la revisión de bases de datos internacionales y bibliografía, se encontró que los genes denominados DEC2 y ADRB1 están involucrados.

La genetista Paola Leone explica que en la actualidad se conoce solo un 10% de los genes asociados al sueño. Si se supiera cuáles son todos los genes involucrados, añade, se podría encontrar una combinación de fármacos para tratar los trastornos vinculados a la dificultad de dormir.

Los genes influyen en el sueño y parecen ser determinantes en todo el proceso denominado ritmo circadiano.

El genetista César Paz y Miño encabezó los análisis en el Centro de Investigación Genética y Genómica (CIGG) de la Universidad UTE. El científico define a este ritmo como oscilaciones de las variables biológicas en intervalos regulares de tiempo. Todos los animales y las plantas las muestran.

El genetista detalla que este ritmo influye en el nivel de hormonas que producimos, como la adrenalina generada en las glándulas suprarrenales.

Se estudió el gen DEC2, que tiene que ver con los ciclos circadianos. Este determina cómo y cuándo tiene que desactivarse el organismo para poder cumplir con la necesidad fisiológica de dormir.

Los análisis determinaron que algunos trastornos del sueño tienen que ver con alteraciones en el nivel de proteínas formadas por instrucciones contenidas en el gen ADRB1. Este se relaciona con receptores adrenérgicos, encargados de captar la adrenalina. Esta es una hormona y un neurotransmisor fundamental porque incrementa la frecuencia cardíaca, contrae los vasos sanguíneos, dilata las vías aéreas y tiene gran influencia en el sistema nervioso.

Es conocido que las personas que duermen menos segregan mayor cantidad de adrenalina, se activan innecesariamente y terminan agotados al amanecer. Se crea un círculo vicioso: las personas no duermen por alteraciones en los genes que desregulan la producción de hormonas y proteínas.

En estudios a personas que trabajan en las noches versus las que lo hacen el día, se ha visto que hay una producción diferente de proteínas adrenérgicas. La gente de actividad nocturna se vuelve irritable e inicia procesos de ansiedad, depresión y puede tener episodios de euforia.

Tanto el gen ADS como el ADRB1 son de transmisión directa de padres a hijos. Se llama herencia dominante. Cuando los individuos tienen mutaciones en estas unidades moleculares, tienen menos capacidad para dormir.

El neurólogo y terapista del sueño Sebastián Gómez reconoce que, hasta el momento, no se puede abordar con precisión el insomnio. Gómez considera importante detectar mutaciones en los genes que influyen en este proceso para tener certezas.

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