19 de septiembre de 2019 15:16

Un sueco dijo haber cometido 39 asesinatos y fue a prisión, pero todo era mentira

Thomas Quick confesó ser el autor de 39 asesinatos que no cometió en Suecia. Foto: Twitter

Thomas Quick confesó ser el autor de 39 asesinatos que no cometió en Suecia. Foto: Twitter

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Redacción Elcomercio.com

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Sture Ragnar Bergwall , un hombre originario de Suecia se atribuyó 39 asesinatos, entre sus víctimas habían hombres, mujeres y niños. Los detalles de todos los asesinatos eran espantosos e involucraban mutilaciones, desmembraciones e incluso canibalismo. Por sus confesiones, el hombre era considerado el asesino en serie más peligroso de la historia de Europa, pero todo era una mentira.

Por la confesión de los crímenes Sture Ragnar Bergwall que posteriormente adoptó el nombre de Thomas Quick fue condenado a prisión entre 1991 y 2003 por ocho de los 39 delitos. Quick fue comparado con el asesino Hannibal Lecter de la película ‘El silencio de los inocentes’ y su imagen circuló por el mundo entero.

Sin embargo todo fue inventado, el hombre es inocente y actualmente con 70 años se encuentra libre. Solo buscaba llamar la atención. La cadena BBC Mundo entrevistó Jenny Kuttin quien junto con el periodista sueco fallecido, Hannes Rastam, investigaron minuciosamente la vida de ese ‘temible asesino’ para un documental llamado ‘Quick’ que cuenta su historia.

Kuttin reveló las razones que tuvo Quick para mentir sobre delitos que nunca cometió. El hombre se consideraba a sí mismo un perdedor y la oveja negra de su familia y estaba acostumbrado a mentir. “Entre otras cosas era homosexual y al estar dentro de una familia cristiana que criminalizaba la homosexualidad, él la reprimía”, cuenta la investigadora a la BBC.

Fue entonces que empezó a drogarse y consumir alcohol y cuando estaba bajo los efectos de los estupefacientes molestaba a niños. Un día se disfrazó de Papa Noel y con un cuchillo en mano asaltó un banco para conseguir dinero y comprar drogas. A causa del testimonio que dio por ese robo uno de sus amigos terminó en prisión y a Quick sus otros amigos le dieron la espalda. “Se sentía muy solo”, dice Kuttin.

La soledad le condujo a ingresar por voluntad propia a un hospital psiquiátrico. “Quería entenderse así mismo y comprender su homosexualidad” relata la colaboradora del documental.

En los años 90, que fue cuando Quick llegó al hospital psiquiátrico, utilizaban una técnica para recopilar las memorias reprimidas basada en las enseñanzas de Sigmund Freud. De esa manera trataron de sacar esas memorias de la cabeza de Quick, pero él “no tenía historias increíbles que contar”.

Así que empezó mentir para atraer la atención de los psiquiatras que lo atendían y que estaban interesados en analizar la psiquis de un criminal. Además en el Hospital le recetaban drogas y Quick era un adicto. Kuttin dice que “para él fue fácil, estaba acostumbrado a mentir, llevaba toda su vida haciéndolo. Empezó a confesar crímenes”.

Quick leía siempre la prensa por lo que estaba enterado de los crímenes en Suecia que no estaban resueltos y empezó a decir que él era el autor de varios asesinatos. Los especialistas creyeron firmemente en sus supuestas memorias reprimidas y dieron aviso a la Policía para que estudie el caso.

Aunque seis tribunales lo declararon culpable de los asesinatos que inventaba con lujo de detalles, nunca hubo un prueba material en su contra. Los veredictos se basaban única y exclusivamente en los testimonios de Thomas Quick.

La investigadora Kuttin recuerda que solo una vez se halló un pedazo de hueso que los forenses manifestaron correspondía al cráneo de una niña a la Quick dijo haber asesinado. Sin embargo, años más tarde se descubrió que el hueso era un pedazo de plástico.

Ese fue el momento clave en el destino de Quick que ya había pasado en prisión algunos años. Un tribunal nuevamente analizó las supuestas evidencias en contra del hombre que mentía sobre ser un asesino en serie y en 2013 lo dejaron en libertad. Las sentencias fueron anuladas.

Kuttin menciona que “Quick lleva 16 años sin consumir drogas y es una persona normal. Se ve a sí mismo como una víctima, y en cierto sentido tiene razón, es obviamente una víctima, pero también lo es por su propia culpa”.

El hombre que ahora tiene 70 años vive en un lugar secreto para comenzar de nuevo. Tiene una vida sencilla con la poca pensión que recibe e intenta dejar el pasado atrás.

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