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‘Trainspotting’, o el lado b de la vida

El actor escocés Ewan McGregor en una de las escenas de ‘Trainspotting’. En esta película interpreta a Mark Renton. Foto: otograma de la película

Antes de ser Obi-Wan Kenobi, Jesús de Nazaret o Christopher Robin, Ewan McGregor (Perth, 1971) fue Mark Renton, un heroinómano de Edimburgo, Escocia, cuya existencia se convirtió en el retrato generacional de los jóvenes de finales de los años 80 y principios de los 90, gente que vivía al margen del éxito económico de la era post Margaret Thatcher.

La primera aparición de Renton fue en ‘Trainspotting’, la novela que Irvine Welsh publicó en 1993 y la segunda, tres años más tarde, en la cinta homónima dirigida por Danny Boyle; que se inicia con el famoso monólogo ‘Elige la vida’, que el espectador escucha mientras él y sus amigos yonquis corren por Edimburgo.

Este personaje comienza enumerando las cientos de elecciones que una persona toma a lo largo de su vida: desde las trascendentes como elegir una carrera, un empleo o una familia, hasta otras más triviales y cotidianas como la elección del tipo de ropa deportiva, la marca de televisión para la sala, o el tipo de comida para la próxima cena; un monólogo que termina con la explicación de por qué él eligió la heroína.

Welsh y Boyle hurgan en las razones de esa elección. Lo interesante es que no lo hacen desde la corrección política, sino desde una descarnada puesta en escena que muestra el abandono y el desarraigo emocional y social de una generación que fue abocada a sobrellevar sus frustraciones y miserias, a través de un intercambio desenfrenado de agujas. En esta historia está encarnado su estado anímico, pero también el de toda una nación.

La forma visceral de retratar la vida de estos jóvenes causó un pequeño sismo en la sociedad de los años 90. Hace 25 años, poner en pantalla gigante esa escena en la que una aguja llena de heroína entra con parsimonia por el brazo de Renton le reportó a Boyle varias críticas. Muchos dijeron que estaba glamourizando el consumo de heroína, pero lo cierto es que por primera vez alguien le tomaba el brazo al espectador y le mostraba sin cortes ese momento en el que los adictos a esta droga tienen su ‘catarsis’.

Boyle no solo incluyó este tipo de escenas, sino otras en las que con la misma crudeza muestra todo lo que le pasa a un joven adicto luego de que la heroína comienza a correr por su sangre. Ese abismo en el que cae y la degradación a la que puede llevar a su cuerpo y la vida de los que están a su alrededor. Para que el impacto sea mayor, jugó con una serie de imágenes escatológicas que causan verdadera repulsión.

Sin duda, la escena más escatológica del filme es ‘The worst toilet of Scotland’, la letrina rodeada de heces en la que Renton se sumerge de forma onírica para recuperar los supositorios que usó durante su intento por dejar la heroína.

Con el tiempo, la apuesta narrativa de Boyle también se convirtió en una inspiración para películas como ‘Snatch: cerdos y diamantes’, ‘The Acid House’, ‘This is England’ y ‘Lock and Stock’. Es probable que, sin esta cinta como referencia, Darren Aronofsky no se hubiera atrevido a incluir en ‘Requiem por un sueño’ esas escenas de los brazos podridos por los efectos de la heroína, de Jennifer Connelly y Jared Leto.

El elenco de actores también es parte del éxito de ‘Trainspotting’. A la destacada interpretación deMcGregor se suma la de Robert Carlyle, que luego de esta cinta se convirtió en uno de los intérpretes habituales del cine británico; aunque Ewen Bremner y Jonny Lee Miller se han tenido que conformar con papeles secundarios, su actuación en esta cinta es, sin duda, inolvidable.

Asimismo, está la banda sonora. El monólogo de Renton no tendría la misma fuerza si no estuviera acompañada de Lust for Lifede Iggy Pop. Entre las 29 canciones hay temas de íconos de la música como David Bowie, que aparece con Golden Years, Brian Eno y Lou Reed y otros que en ese momento estaban despuntando como Elastica, Blur, Damon Albarn y Primal Scream.

Otra pieza importante de esta historia punzante fue la participación de Welsh en la escritura del guion. El autor sabía del escozor que su historia podía causar en la sociedad británica -el libro fue retirado de la lista corta del Premio Man Booker tras la amenaza de dos de los jurados de renunciar antes del fallo- y quería amplificarla a un espectro más global.

En una entrevista señaló que la adaptación de una novela al cine es siempre una ganancia. “Te pagan muy buena plata, hacen visible tu libro y existe la posibilidad de que la película sea excelente y que todo lo que está bien me lo atribuyan como autor. Y si la película es mala, uno queda indemne”.

Después de este trabajo, Welsh siguió escribiendo sobre el mundo periférico de la sociedad británica y sobre esos personajes que viven en medio del abandono. Producto de ese trabajo aparecieron libros como ‘Escoria’, ‘Cola’ y ‘Porno’ (2002), que se convirtió en la base para el guion de la película ‘Trainspotting 2’.

El puzzle cinematográfico que Boyle armó para ‘Trainspotting’, también incluyó un intento de redención por parte de Renton, que en un momento deja Edimburgo y se muda a Londres. Allí empieza a trabajar como un agente de alquiler de propiedades y comienza a disfrutar de una vida de sobriedad, pero todo se vuelve a torcer cuando sus amigos yonquis golpean nuevamente la puerta de su casa.

De entrada, hay la sensación de que ‘Trainspotting’ es una película que habla sobre el mundo de las drogas, pero enseguida ese sentimiento se diluye porque el espectador descubre que en donde realmente hurga es en el mundo del desamparo. Ese mundo de las periferias al que nadie le importa es al que hace referencia Renton al final de su monólogo: “Elige tu futuro. Elige la vida ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”.