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Judith Rosales: ‘Reclamamos la entrega de medicinas y nos piden paciencia’

El área de urgencias del Hospital Carlos Andrade Marín atenderá durante el feriado.

Judith Rosales, lojana de 69 años, ayuda a su hijo Darío a realizarse la diálisis peritoneal. Este tratamiento se da a quienes tienen insuficiencia renal, con el objetivo de eliminar los desechos de la sangre, cuando los riñones han perdido esa función.  

Darío, docente de educación física y entrenador de básquet, recibió el diagnóstico en el 2017, luego de una reunión familiar. Desde esa época, está en esa terapia renal.  

Los dos primeros años -cuenta la madre- el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), del Seguro Social, le entregaba los insumos y medicamentos, para que se dialice en su casa, ubicada en la provincia de Loja, en el sur de Ecuador.  

Sin embargo, durante la pandemia de covid-19, esto cambió. La entrega de insumos médicos y fármacos para la diálisis peritoneal dejaron de llegar, por lo que esta familia ha tenido que buscar opciones para conseguirlos.  

¿Cómo han reunido dinero para la compra de estos productos? Judith lo cuenta:

“Cuando a mi hijo le diagnosticaron insuficiencia renal, en el HCAM de Quito, le brindaron todas las atenciones. Me enseñaron a manejar la máquina para que pueda hacerle la diálisis peritoneal en casa; la hemodiálisis (que se realiza en el hospital) fue muy agresiva para él.  

Todos los días, a partir de las 22:00, le conecto a la máquina para que se limpie la sangre. El proceso dura ocho horas. Luego se dializa una vez más a mediodía.  

Durante los primeros años, la situación fue normal. El HCAM nos enviaba los insumos y nosotros los recogíamos en el sanatorio de Loja. También nos entregaban medicinas.  

Sin embargo, por la pandemia sufrimos la falta de ellos o las demoras en su entrega. Hubo un mes que no le hice el tratamiento, porque el producto no llegó. 

Nuestra alternativa fue dializarlo pasando uno o dos días. Eso nos recomendaron los médicos.  

El problema fue que esas terapias no se pueden suspender, porque hay descompensaciones. Hace tres semanas, Darío ingresó muy mal al hospital. Se agravó; le dio anemia y tuvieron que colocarle dos pintas de sangre.  

Por eso, la familia decidió buscar dinero para comprar el producto necesario. Debe comprar unas fundas de cinco y dos litros de unas sustancias dializadoras. Necesita un catéter y un ‘cassette’ que tiene unas mangueras por donde se filtran las soluciones.  

Cada funda cuesta entre USD 16 y 18; más los dos insumos, USD 20. Todos los productos los necesita a diario, por lo que los gastos son altos. Además, requiere la medicina. Toma ocho pastillas al día.  

Hemos reclamado los medicamentos en el hospital y la doctora nos dice que debemos tener paciencia. Me han insistido que le haga pasando uno o dos días, pero eso le descompensa totalmente. Le están condenando a muerte, ya que si el riñón no desintoxica su sangre puede morir. Es un martirio.  

Con ayuda de mis otros hijos y mi jubilación hemos podido ayudarle para que compre los fármacos. A esto se suma que él ha tenido que trabajar el doble para cubrir con los gastos.  

En la mañana, él labora en un plantel educativo y en la tarde entrena a un equipo de básquet. Adicionalmente, hemos pedido prestado dinero para ajustar el precio de las medicinas. Sin embargo, los gastos son altos y cada mes tenemos la misma preocupación: ¿De dónde sacamos plata para comprar todo? 

Esperamos que el Gobierno nos ayude y se sensibilice frente a estos casos, ya que se trata de personas que aportan positivamente a la sociedad y son productivas.  

Además, queremos que se retomen los trasplantes de órganos. Hace dos años y medio entró en la lista de espera; aún no hemos tenido respuestas. Anhelamos que pueda acceder a un nuevo riñón. Así podremos liberarnos de este tratamiento tan complejo”.  

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