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‘No veía lo que implicaría vivir en silla de ruedas, pero tendría la oportunidad de seguir disfrutando de mi familia’

Sarita Llulluna tiene 31 años y hace seis tuvo un accidente que la dejó sin la posibilidad de caminar, pero con muchas ganas de vivir. Foto: Cortesía

Sarita Llulluna tiene 31 años y hace seis tuvo un accidente que la dejó sin la posibilidad de caminar, pero con muchas ganas de vivir. Foto: Cortesía

Sarita Llulluna tiene 31 años y hace seis tuvo un accidente que la dejó sin la posibilidad de caminar, pero con muchas ganas de vivir. Foto: Cortesía

Sonriente se la observa en todas las fotos. También se la escucha animada y positiva, desde su vivienda en el cantón Quijos, en Napo. Sarita Llulluna tiene 31 años y hace seis abrió los ojos en el Hospital Eugenio Espejo de Quito. Allí, de golpe se enteró que era una de las estudiantes de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (Espoch), que había sobrevivido al accidente ocurrido el Día de la Madre, en el 2014.

“Éramos 22 compañeros, 10 fallecieron, incluyendo al maestro. Yo estudiaba una ingeniería en Ecoturismo. Fuimos a un viaje de observación al nevado El Altar. La noche anterior llovió mucho y creo que el conductor del bus seguramente quería regresar pronto para ver a su madre, aceleró, trató de frenar y fue tarde; para no estrellarse contra un derrumbe se detuvo en el filo de la carretera. Nos fuimos 150 metros hacia abajo”.

El Día Internacional de la Discapacidad se conmemora el 3 de diciembre de cada año. Este 2020, la fecha encuentra a esta joven mujer más fortalecida. Pasó 22 días hospitalizada, buena parte en coma, con un daño en el pulmón del que se recuperó; además con una afectación grave en la columna, que le dejó sin la posibilidad de volver a caminar.

Sin embargo, desde que se despertó en esa casa de salud y junto a sus padres sintió gratitud por estar viva. “Ellos me sonreían, yo no veía lo que implicaría vivir movilizándome en silla de ruedas, pero pensé que tendría la oportunidad de seguir disfrutando del sol, de la lluvia, de mi familia, que me ha acompañado siempre; mis hermanos, mis cuñados, mis sobrinos“.

Cada día ha estado marcado por nuevos aprendizajes, por descubrimientos, por preocupaciones, pero siempre se ha sentido sostenida por sus familiares.

Foto: Cortesía

En Ecuador, 476 360 personas viven con una discapacidad, la mayoría física. Hace exactamente un año, Sarita no podía creerlo, fue elegida Miss Wheelchair de Ecuador, en Guayaquil. Ni siquiera estaba segura de participar, pero sus parientes la convencieron, no era en realidad un certamen de belleza, ella lo vio como una posibilidad de sentir que es capaz de lograr lo que se propone.

Cuando conoció a las otras 13 candidatas no era tan fuerte como hoy. “Llegué a Guayaquil, fue genial. Al principio no era una mujer segura de mí misma, pero compartir con esas mujeres me hizo bien. Yo no me veía linda, ellas en cambio eran tan confiadas. Una amiga que acaba de fallecer, que también concursaba, me preguntó desde su silla de ruedas, que por qué parecía sentirme rara. ¿Tienes buena pierna, ese vestido te luce increíble, también los tacones. Me abrió los ojos'”, comenta.

Entonces recién se había graduado de la Espoch. Su mamá la apoyó, ya que al principio no pensaba retomar sus estudios. “Soy la última de cinco hermanos. Ella se trasladó conmigo a Riobamba. Los compañeros fueron maravillosos, me dieron confianza, me ayudaban a subir y bajar de un piso y otro, hasta que nos cambiaron de aula y ya no tuve dificultades”.

En seis años ha aprendido mucho de la vida en silla de ruedas, ha sido muy bueno conocer a más mujeres en su situación, que le han compartido experiencias para sobrellevar desde necesidades básicas. En el certamen de belleza, las 14 concursantes se hicieron muy cercanas y decidieron formar Guerreras Wheelchair, que está en Facebook. Son mujeres luchadoras que se movilizan en sillas de ruedas.

El objetivo es empoderar a las mujeres usuarias de sillas de ruedas, motivarlas para que se decidan a mostrar su belleza física e interior; unirse para sacar adelante proyectos, enseñarles a resaltar lo aprendido y a demostrarse que pueden salir adelante. Lo señala Carolina Lasso, quiteña de 45 años, 27 de ellos en silla de ruedas. Ella es una reconocida tenista, que participa en torneos incluso internacionales, además es cantante. Y ahora se prepara para trabajar como motivadora. “La autoestima de las chicas con una discapacidad a veces requiere trabajo. Yo me enfoco en desarrollar a las personas, en impulsarlas para resaltar lo mejor que tienen. Al principio éramos 12 integrantes, ahora somos siete. Por la pandemia no hemos podido tener encuentros, estamos en nuestro grupo de Facebook y quisiéramos que más mujeres en esta condición se sumen y nos apoyemos. A través de redes sociales hemos podido interactuar con guerreras de Perú y México. Espero que en el próximo año podamos levantar proyectos laborales”.

Sarita Llulluna
, la Miss Wheelchair ecuatoriana, que vive en Napo, busca un empleo. “He tocado muchas puertas y es difícil. Desde hace dos años colaboro ocasionalmente con una asociación que presta servicios de limpieza, como asistente administrativa. Espero el próximo año conseguir un trabajo con apoyo de la Alcaldía. Mientras, cada vez que me invitan participo de charlas, para que más personas conozcan que somos capaces, logramos graduarnos de la universidad, si nos dan la oportunidad, mostraremos nuestro desempeño profesional. Tengo el soporte de mi madre y con ella me movilizo por las calles porque no es fácil en el país. Nunca he sentido discriminación, a veces me miran extrañados, pero nada más. Por un par de años, mantuve mi relación con el novio que tenía cuando sufrí el accidente. Pero eso terminó, estoy muy enfocada en desarrollarme en mi carrera; siento que cada día soy más independiente. Agradezco a la vida contar con mis padres Samuel y María, mis cuatro hermanos, mis cuñados y 10 sobrinos. La familia es un gran apoyo para quien tiene una discapacidad”.

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