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En la pandemia, las familias vegetarianas comparten recetas

Magdalena e Ítalo Cevallos cocinan para sus hijos Daniela y Benjamín, de 14 y 10 años. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

El vegetarianismo se convirtió en el estilo de vida de varias familias, en Quito. Han dejado el consumo de carnes para apostar por una alimentación basada en verduras, hortalizas, granos, frutas y otros productos nutritivos. Con la pandemia, la posibilidad de comer en casa les ha permitido mantener esa opción.

Elizabeth Tugulinago y sus parientes empezaron con esta práctica hace 20 años. Su madre, a quien con cariño le dicen ‘mamita Pastora’, evitaba los productos animales en sus platos diarios. “Preferimos comer algo más natural y saludable”, cuenta la mujer de 53 años.

Ella es la madre de Noemí y Daniel, de 22 y 19, respectivamente. Son vegetarianos, dice, ‘desde el vientre’. “Durante mi embarazo, había quienes me advertían que mis hijos tendrían deficiencias de salud”.

Afortunadamente, crecieron sin novedades. Pero estos jóvenes se quejan por la falta de opciones que aún tienen cuando no comen en casa.

“Por ejemplo, en el colegio yo era la única que no comía carnes; en los bares escolares y de universidades no suele haber variedad, por lo que debía comprar arroz con huevo. Hoy hay más alternativas”, relata Noemí, chef que labora en el restaurante familiar.

Sin embargo, anota, es poco en relación con las alternativas que se presentan para quienes gustan de las carnes.

Por eso su tía Lorena Criollo, de 46 años, en esta pandemia vio la oportunidad desarrollar la página de Facebook que administra. Se denomina Vegetarianos y Veganos en Quito. Aquí se enseñan alternativas a la gente que teletrabaja.

Es un espacio a través del cual las personas pueden compartir datos sobre restaurantes o locales para conseguir productos veggies’ u orgánicos.

“Es un sitio de apoyo para quien busca opciones de alimentación, incluso si no lleva este estilo de vida”.

En el sitio también se difunden charlas sobre vegetarianismo. Además, durante estos meses habilitaron una página en Youtube para subir recetas de platos ecuatorianos con sustitutos de la carne, como gluten (harina de soya).

Este tipo de páginas son de utilidad para familias como la de Magdalena Aguilar, de 44, e Ítalo Cevallos, de 49. Hace siete años, la pareja decidió optar por el vegetarianismo. Su objetivo fue tener una experiencia más saludable con sus dos hijos: Daniela y Benjamín, de 14 y 10, respectivamente.

“Es la mejor opción para la salud. Mi padre y mi madre enfrentaron enfermedades, por lo que empecé con esta alimentación”, cuenta Magdalena. Es ingeniera comercial en marketing y junto con su esposo mantiene un programa radial sobre nutrición.

Sin embargo -reconoce- el cambio fue complicado para su hija, quien hasta los 7 años consumía carne. Por eso ha tenido que investigar sobre platillos nuevos para que la comida resulte atractiva y sabrosa.

Su especialidad y el favorito de los niños es el tronco de champiñón. Se prepara como un estofado, pero con champiñones, papas, arroz y ensalada.

A la casa de Carmela Haro, de 36 años, no llegan la res, el pollo ni el pescado. A los 13 dejó de comer estos productos. “Estoy en contra del maltrato animal, en todas sus expresiones, por lo que decidí dejarlos”.

Durante estos años -comenta- no han tenido problemas por su estilo de vida. Incluso, su hija Juyana, de 11 años, lleva esta alimentación.

“Hay muchos mitos sobre los niños vegetarianos. Dicen que son débiles o enfermizos. Mi hija es sana y ha crecido muy bien. Es una de las más altas de su clase; mide 1,55 m”.

Daisy Masapanta, de 31 años, coincide en que la carne no es necesaria para tener una buena nutrición. En el 2013 empezó con una dieta vegana, sin carnes, leche y huevos.

En su embarazo le detectaron una baja de hemoglobina (pocos glóbulos rojos), por lo que tuvo que incluir carnes blancas. Dio a luz y retomó lo vegano, su hija está sana. Aconseja hablarlo con un médico.