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Padres sacan a su niño interior para brindar a sus hijos una infancia feliz

Los cuencanos Andrea Lozado y Miguel Espinosa jugaron a las escondidas, con su hijo, Andrés, de 5. Fotio: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Cuando desea jugar o vivir alguna experiencia, Amaia no dice “quiero hacerlo”. La pequeña les propone a sus papás “ya sé, hagamos bici” o “juguemos a los carros”. Otras veces toma sus ‘legos’ y señala: “es hora de construir una casa”.

Lo cuenta Pamela Salazar, madre de la niña de 3 años, quien asegura que el hecho de que su hija los incluya en sus actividades de niña saca también a los niños que ella y su esposo, José Luis Fiallos, llevan dentro.

En esta etapa crucial, asegura Pamela, mantener vivo a su niño interior les permite que su hija intuya que no debe perder la ilusión y la alegría. “Al ser hija única y en confinamiento es difícil que se relacione con sus pares, así que es con nosotros con quienes imagina hechos y juega”.

A diario procuran ponerse al nivel de la niña, cuenta José Luis. “Nos ubicamos de rodillas o nos inventamos alguna posición para que nuestros ojos estén al mismo nivel que los suyos”. Lo hacen, por ejemplo, cuando la pequeña los invita a meterse en su pequeña piscina.

Esto les ha permitido corregir actitudes de Amaia y explicarle cambios en el hogar. Por ejemplo, a través de un cuento creado por Pamela, ella le explicó a su hija que posiblemente deba volver al trabajo y ya no esté 100% del tiempo con ella como en los últimos dos años. En el cuento incluyó escenas en las que Amaia pasará más tiempo con su papá y su abuela.

También con una canción le enseñaron a compartir. Cuando sus papás le compran chicles, la niña les dice que brindará algunos a sus primas porque “compartir es felicidad”, como dice una frase de la canción.

Así, los padres buscan un futuro estable para su hija, ya que están convencidos de que esta etapa (la niñez) marcará su personalidad.

Lo confirma la psicopedagoga Cristina Tapia, quien explica que la infancia marca todo el desarrollo emocional social y cognitivo, por lo que esta debe ser saludable.

Para lograrlo, los padres, indica Tapia, deben compartir con sus hijos. “Que jueguen, canten, bailen con ellos. Que se vuelvan niños, que les enseñen reglas y límites y les ayuden a tramitar sus emociones, reconocerlas y reaccionar adecuadamente”.

“Cuando somos padres, pensar solo en cosas de adultos hace que los niños se ajusten a este sistema y les roba tiempo de infancia, creatividad”.

En Ecuador este 1 de junio se celebra el Día del Niño. No todas las familias lo celebran. Pero en las escuelas suele haber algún programa especial. Lo ideal, según Tapia, es destinar tiempo a diario, para compartir con los pequeños.

El domingo, Miguel Espinosa y Andrea Lozado se veían exhaustos. Pero nada los detenía mientras jugaban a las escondidas y a las cogidas con su hijo Andrés, de cinco años, en el parque El Paraíso, al este de Cuenca.

En ese instante los tres eran niños. “Todo perdería sentido si no participamos”, comenta Lozado. Ella tiene 23 años y cuenta que desde que nació su hijo ha regresado a la infancia, para enseñarle en un lenguaje apropiado.

Por ejemplo, menciona que a Andrés le encantan los dinosaurios y en cualquier momento se colocan algún disfraz y juegan a ser estos animales.

Para Espinoza, ese niño que llevan en el interior les permite vivir y crear un vínculo más afectivo con su único hijo. Con estos juegos, apuntan, no están renunciando a enseñarle disciplina a su niño Andrés, sino promoviendo un aprendizaje más cordial.

Con las clases virtuales les ha tocado ser más creativos al armar escenarios para las celebraciones especiales como el Día del Agua o Carnaval.

Para la docente Susana Romero, cuando los adultos despiertan su lado infantil con los hijos ayudan a fortalecer sus habilidades sociales y su estabilidad emocional. En los primeros años de vida, recuerda, el niño aprende y explora a través del juego.