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Mujeres guayaquileñas diseñan su futuro con cada puntada

Las becarias se equipan con sus mandiles azules para empezar las jornadas de cuatro horas diarias. Fotos: Enrique Pesantes / ELCOMERCIO

Cada vez que encienden las máquinas dejan que las agujas vayan hilando su futuro. Lo hacen con puntadas rectas, en zigzag o como dobladillos que dan forma a sus sueños, algunos tan sencillos como coser ropa para sus hijos y otros más ambiciosos como crear sus marcas de moda.

El zumbido de los pedales es intenso en los talleres de A Puntadas, un proyecto municipal que promueve la reactivación económica de las mujeres en Guayaquil. Durante 180 horas, las seleccionadas asisten a capacitaciones prácticas en confección textil o de calzado. También reciben asistencia técnica y fortalecimiento productivo para asegurar su sustento.

Tatiana Angulo nunca había estado frente a una máquina overlock ni frente a una convencional. Sus hijas la inscribieron cuando vieron el anuncio en redes sociales y la animaron a tomar el desafío. Así que mientras la mujer, de 43 años, avanza en las clases, armando pretinas y colocando cierres, las jovencitas se encargan de cuidar a su hermano, de dos años.

“Cuando era pequeña cosía ropa para mis muñecas, pero nunca tuve la oportunidad de seguir un curso. Ahora mis hijas están emocionadas y me dicen que ahorraremos porque les coseré la ropa. Luego del taller pienso tener una fuente de trabajo por mi familia”.

El proyecto y su alcance

Esta iniciativa comenzó a fines de 2021 e incluye la entrega gratuita de materiales. Con una inversión de USD 500 000 se preparará a 1 650 becarias que pueden elegir líneas de producción, como ropa femenina, deportiva o uniformes.

“No es solo la formación técnica, sino el encadenamiento productivo, el fortalecimiento comercial y también hemos incluido charlas para la prevención de la violencia intrafamiliar. Al final tendrán una certificación”, dice Vivianne Almeida, quien lidera la Dirección de la Mujer de la Alcaldía.

La edad no es un límite. Entre las seleccionadas hay jóvenes madres solteras, adultas mayores, madres de niños con discapacidad y mujeres que han asumido el control del hogar debido a complicaciones en la salud de sus esposos.

Los talleres de costura no son extraños para Grecia Gutiérrez. En su casa funcionó uno por años hasta que las máquinas dejaron de trabajar cuando su esposo supo que la diabetes lo estaba debilitando. Hacía uniformes para empresas pero la producción se detuvo.

Ahora, a sus 61 años, confía en que reactivará el negocio. “Estoy haciendo pantalones para mis hijas o arreglando prendas, pero no me salían del todo bien. Aquí estoy aprendiendo, así que ya no se burlarán de mí”, cuenta sonriente.

El proceso de aprendizaje

Los talleres textiles de A Puntadas funcionan en las instalaciones de la fundación Acción Solidaria, en el norte de Guayaquil. Son espacios cálidos, de paredes teñidas con tonos pasteles y repisas copadas por carretes multicolores.

Los retazos para las prácticas cubren la mesa de la instructora Elizabeth Borja. Está a cargo de 25 mujeres, el tercer grupo que empezó su formación hace una semana. Luego de las clases iniciales estarán listas para empezar a confeccionar faldas, luego harán pantalones, blusas y los vestidos serán la prueba final. “Aprenderán desde trazo, hacer patrones, el corte, el proceso de ensamblaje, hasta terminar con sus prendas empaquetadas, listas para la venta”, cuenta con entusiasmo la instructora.

Esa práctica se complementará con mentorías y visitas a talleres, asesoría personalizada para la creación de marcas, charlas sobre moda y tendencias y diseño de catálogos para la venta.

También las preparan para el emprendimiento y las impulsan a tejer redes colaborativas. Para hacerlo tienen un espacio de coworking junto a los talleres convencionales. Es una sala equipada con bordadoras, estampadoras y otras máquinas de tipo industrial donde pueden trabajar en alianzas.

“Pueden tener acceso a las máquinas especializadas para sus contratos, a un precio diferenciado que es representativo para dar mantenimiento -dice Almeida-. La idea es fortalecer las asociaciones, con valor agregado y calidad”.

Fátima Jaramillo tiene 47 años y es decidida. Puntada a puntada, esta madre soltera espera abrir un pequeño taller en casa. “Soy algo fashion y me llama la atención la costura. Estoy aprendiendo para enseñar y dar empleo”.

Su compañera de mesa es Doménica Aguirre, de 27 años, y ya tiene en mente una línea de ropa casual. Con un pedazo de tela en sus manos cuenta que los colores pasteles marcan tendencia, al igual que combinar todo con tenis.

“Quiero confeccionar ropa para mi familia, para mí, tener mi marca”, dice. Su hija, de ocho años, que la espera en una guardería habilitada para las becarias, cerca del taller, es su inspiración. Sus creaciones tendrán su nombre, Mía.

Mediante el Decreto 456 se incrementó el valor del Bono de Desarrollo Humano que entrega el MIES en #Ecuador » https://bit.ly/3OTsWXm

Posted by El Comercio on Friday, July 1, 2022