Otro preso muerto y cinco heridos deja nuevo alterca…
Cómo acompañar a las mascotas al morir
El máximo jefe de las FF.AA. sobrevoló la cárcel de Cotopaxi
Diócesis en Nueva York ocultó por años abuso sexual …
La eliminación del ISD en el sector aéreo impulsará …
Una caravana por Quito está prevista para la noche d…
Policía libera a un empleado retenido por los presos…
COE de Huaquillas solicita que se revise el estado d…

Familia busca respuestas por muerte de Natalia Subía

Isis y Efraín Subía sujetan una fotografía de Natalia, una maestra de 33 años que desapareció en 2018 en Quito. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Una pancarta gigante con la fotografía de Natalia Subía se extiende sobre la fachada de una casa en San Juan, un barrio tradicional en el centro histórico quiteño.

La mujer de 33 años y maestra de parvularia vivía ahí antes de su desaparición, el 15 de septiembre del 2018.
Su hermana, Isis, quien actualmente tiene 30 años, colocó el afiche en la pared exterior. Es la forma que encontró para exigir a las autoridades respuestas por la desaparición y muerte de su familiar.

Ella mira la imagen a diario y se hace las mismas preguntas. ¿Cómo murió su hermana?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué? y sobre todo, ¿quién fue el responsable de su deceso? La familia dice que este caso, que ha pasado por manos de cinco fiscales, sigue con estas interrogantes sin resolver.

Hace 12 días, trabajadores del Municipio encontraron huesos, una zapatilla y una media en un una quebrada del barrio Armero, en el noroccidente de la urbe y lejos de San Juan.

La familia Subía está segura que pertenecen a Natalia porque en ese mismo lugar, en el 2019, ya se halló un cráneo. Tras ser sometido a un análisis forense, se determinó que correspondía a la maestra.

La familia está a la espera de los informes oficiales de los últimos hallazgos. Luego trasladarán todo a una urna en la Basílica. Ahí ya reposa el cráneo de la joven.

Isis recuerda que el 15 de septiembre del 2018 empezó su calvario. Cuenta que Natalia salió de su vivienda en la mañana a comprar unas medicinas y ya no regresó.

Su hermana no llegó a dormir y tampoco contestaba el teléfono. Lo había dejado en casa. “Creí que había pasado la noche con su novio, pero al día siguiente llamé al celular de él y me contestó que no sabía nada”. Minutos después, la familia colocó una denuncia por desaparición.

Isis llora cuando habla de Natalia. Dice que su hermana mayor cumplió el papel de madre cuando, a sus 15 años, se hizo cargo de la familia tras la migración de su progenitora. “Nos preparaba la comida, vigilaba que hagamos las tareas, limpiaba la casa e incluso nos leía cuentos antes de dormir”.

El día que se presentó la denuncia, Isis llamó a su madre a España y le contó lo ocurrido. La mujer tomó un vuelo de inmediato para retornar a Ecuador y ayudar en la búsqueda de su hija. Llegó la segunda noche. Desde entonces utilizó los ahorros que obtuvo por su trabajo en Europa para imprimir miles de afiches. Pegaron esos carteles en paradas de buses, postes y tiendas, pero nadie llamó con información certera que los ayudara.

En marzo del 2019 recién hubo una primera alerta cuando personal municipal encontró el cráneo, mientras limpiaban la quebrada. Ellos avisaron a la Policía que investiga muertes violentas (Dinased) y los agentes acudieron al sitio.

Los familiares de Natalia aseguran que las autoridades les notificaron del hallazgo meses después. El 14 de noviembre los citaron a una reunión en la Fiscalía. Tras someterse a pruebas de ADN se confirmó a quién pertenecía.

“Fue terrible saber que murió. Aún teníamos la esperanza de encontrarla viva”, relata Isis mientras sujeta con su mano una foto de Natalia.

Tras el hallazgo de los restos, este caso ya no se investiga como desaparición, sino como femicidio. Según datos de Fiscalía, la mayor cantidad de mujeres que han sido víctimas de ese delito tenían entre 25 y 34 años de edad.

Efraín Subía, tío, recuerda que, a los tres meses de conocer los resultados, una de sus sobrinas fue a retirar el cráneo. “No tuvimos la fuerza para hacerlo antes porque estábamos devastados”, cuenta. Ese mismo día le compraron una urna de madera, ofrecieron una misa y la sepultaron.

La hija de Natalia, que actualmente tiene 15 años, estuvo presente en la eucaristía. Cuando se enteró de la muerte de su madre se puso a llorar y abrazó a su tía. “Para ella fue muy duro perder a su madre porque eran muy unidas. Ellas dormían juntas, iban al cine y hacían pijamadas”. En la casa se conserva una pintura de madre e hija abrazadas.

Ahora, la familia pide a la Fiscalía y Policía que realicen una excavación con maquinaria pesada en ese sitio para encontrar el resto de osamentas. Isis asegura que no dejará de luchar hasta que se esclarezca la muerte de Natalia.