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La emergencia no alivió la falta de medicamentos

Familiares de pacientes aguardan en el H. Abel Gilbert Pontón, en Guayaquil, por si deben ir a comprar medicinas. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La cirugía aún no terminaba cuando un médico salió del quirófano para entregarle un papel rasgado. No había firma ni sello, solo una lista detallada de medicinas e insumos que se necesitaban con urgencia.

Quebrantada, Felícita Vera recorrió las farmacias aledañas al hospital Abel Gilbert Pontón, en el suburbio de Guayaquil. Caminó de un lugar a otro hasta conseguir el último y más importante implemento: hilo nylon para la sutura final tras la operación de su mamá -de 62 años- quien había sufrido una peritonitis.

“Ingresamos el lunes y antes estuvimos en otro hospital donde nos dijeron que era apendicitis”, contó angustiada poco antes de entrar de nuevo a la casa de salud, donde operaban a su madre, con las cosas que el médico le pidió que trajese. En la puerta, un guardia examinó la bolsa donde llevaba los guantes, el esparadrapo y las vendas elásticas; insumos que no hay en la casa de salud.

Las quejas por el desabastecimiento se mezclan con la desesperación. La receta aplicada por el Gobierno para la adquisición emergente de medicinas no logra aliviar la angustia de quienes se sacrifican por comprar fármacos para sus familiares hospitalizados.   

El plan inicial incluyó 123 tipos de medicamentos, según las necesidades reportadas por los hospitales públicos. La emergencia finalizó el 12 de octubre, con 43 ítems cubiertos por dos meses.

Al Ministerio de Salud Pública no llegaron todas las ofertas y por eso la ministra, Ximena Garzón, anunció la apertura del diálogo con farmacéuticas locales. “Necesitamos que tengan la voluntad de vendernos”. Tampoco se descarta hacer compras internacionales.

Las conversaciones incluyen al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), para buscar en conjunto una vía rápida para abastecerse de medicinas, al menos por los próximos seis meses, hasta renovar el mecanismo convencional de adquisición.

Tener más detalles de esa estrategia era lo que esperaba un grupo de fundaciones de apoyo a pacientes con enfermedades catastróficas, que acudió a la Comisión de Transparencia de la Asamblea Nacional con preguntas para la Ministra.

Garzón se excusó y pidió el cambio de fecha. Las respuestas deberán aguardar hasta el 10 de noviembre, día para el que se fijó la nueva convocatoria.

Patricio Baca es parte de un grupo de 53 pacientes con leucemia del Hospital Carlos Andrade Marín, del IESS, donde el tratamiento no es continuo. Las dosis completas solo han llegado tres o cuatro veces a lo largo del año y las secuelas resultan severas.

Él había entrado en remisión hace cuatro años y ahora la enfermedad se reactivó. “Todo lo luchado lo he perdido -dijo ante la Comisión-. Preferiría morir de covid-19, porque al menos sabría que no hay un tratamiento específico, pero en leucemia sabemos qué hacer y no se está haciendo”.

El pedido de las asociaciones de pacientes es fiscalizar la emergencia focalizada del Gobierno y también lo que ocurre en los hospitales, donde han verificado la falta de reactivos para los análisis de control, así como tomografías y otras pruebas represadas.

Cuando concluyó la emergencia para la compra de medicinas, el viceministro de Atención Integral de Salud, Miguel Moreira, enumeró los fármacos adquiridos, entre ellos algunos oncológicos, como el carboplatino, y para trasplantes, como el everolimus. En la lista hay antihipertensivos, vitaminas, antibióticos, anestésicos, antipsicóticos…

Para cubrir el resto, Moreira detalló que estaban en marcha procesos de compra y presupuesto asignado.  “Estamos haciendo seguimiento para que estos medicamentos empiecen a llegar a los hospitales”. Pero las quejas siguen en las casas de salud del país.

María José Lemos dirige una fundación de pacientes con cáncer de tiroides. Ante la Asamblea contó que son 70 personas que acuden a distintos hospitales del país, con un problema común: hace ocho meses no reciben medicación. “Hubo una paciente a quien le dijeron: vaya, muera en su casa, porque no hay tratamiento”.

Ese drama se repite en las aceras de los hospitales. Allí, Jéssica Ruiz cuenta que, hace dos meses, su tía ingresó al Abel Gilbert por un cáncer de ovario y desde la cirugía no ha recibido ni quimioterapia ni medicinas. Solo le recomendaron comprar vitamina C.

En el pediátrico Francisco de Icaza, en Guayaquil, hay madres que deben conseguir desde frascos para muestras de orina hasta vías y sueros.

Maritza Bermúdez viajó desde El Oro para ayudar al cuidado de su nieto de 4 meses con un presunto diagnóstico de hidrocefalia. El jueves, presurosa, buscó dos jeringuillas de 10 centímetros cúbicos para una punción lumbar.

“Hay días en que gasto USD 10 y hasta USD 40. Solo como una vez al día y duermo en la calle para guardar el dinero porque no sé en qué momento pedirán más remedios”.