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La discriminación al adulto mayor, problemática que se debe evitar

Las personas de la tercera edad pueden estar en plenitud de sus capacidades y realizar distintas actividades. Foto: Pixabay

La discriminación debido a los años de un ser humano es un fenómeno llamado edadismo, que se puede presentar en cualquier etapa de la vida. El término se asocia con la ancianidad y suele presentarse como una dificultad para los adultos mayores.

El envejecimiento es un proceso natural. Cada sujeto lo vive de manera individual y está atado a cambios. El margen para considerar que alguien está en la tercera edad es entre los 60 y 65 años. En Ecuador se aplica el último criterio.
Este grupo es uno de los principales afectados por las manifestaciones edadistas de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los entes instan a cambiar los comportamientos y concienciar las actitudes. A su vez, cada año elaboran un informe en función de la problemática.

¿Cómo y por qué se produce?

La errada asociación de vejez con enfermedad genera prejuicios en torno a esta etapa de la vida. De acuerdo el Dr. Patricio Buendía, médico geriatra y catedrático universitario, los actos que muestran a los adultos mayores como personas carentes de capacidades, faltos de vitalidad o con indicios de dolencias son los que han condicionado el imaginario.

Estas acciones pueden aparecer en ámbitos mediáticos, sociales y familiares. Para el especialista, uno de los ejemplos más visibles se dio en la pandemia por el covid-19. Aquello se puso de manifiesto cuando los criterios para la atención médica y acceso a tratamientos se asignaron en función de la edad. Tedros Ghebreyesus, principal de la OMS, menciona que no se puede permitir que la garantía de salud esté condicionada por preconceptos relacionados con los años del paciente.

Por otro lado, los adultos mayores en la sociedad pueden ser discriminados cuando se les niega oportunidades debido a estereotipos, asimismo, cuando se los excluye a causa de los derechos y las preferencias que poseen. Además, dentro de la familia hay la tendencia a marginarlos cuando se los infantiliza en el trato y no se les permite desenvolverse de manera autónoma y digna.

Efectos sociales

La OMS sostiene que el edadismo puede afectar a la salud y al estilo de vida de las personas que lo sufren en la tercera edad. Los efectos en la parte sanitaria constituyen un detrimento de las capacidades físicas y mentales.

Enfermedades como la depresión pueden presentarse, al igual que un aumento del estrés. Los estigmas que la persona asume para sí, en torno a su percepción, pueden devenir en malos cuidados de la salud y cambios cerebrales.

La soledad y el aislamiento, una disminución de la calidad de vida, el aumento de las muertes prematuras y la inseguridad financiera son otras de las consecuencias. La medida en que se presenten estos elementos está sujeta a factores como el sexo, la raza y las discapacidades, lo cual podría acentuar el impacto.

A nivel colectivo y global, la sociedad también es víctima de secuelas, pues se ve golpeada en la esfera económica. Las pérdidas puede llegar a costar varios millones de dólares.

Los datos muestran que, en Estados Unidos, los costos adicionales generados por el edadismo ascienden a USD 63 millones solo en el ámbito sanitario.

Evitar la discriminación

Una de las llaves para cambiar los paradigmas discriminatorios empieza desde la educación, sostiene la ONU. Con ello se puede luchar ante los principios equívocos y concienciar a la sociedad sobre lo que en realidad conlleva el envejecimiento.

Los organismos internacionales se han unido para luchar contra este problema por medio de la “Estrategia y plan de acción mundiales sobre el envejecimiento y la salud”. A su vez, consideran que la promoción de leyes y políticas con soluciones y las actividades entre diferentes generaciones pueden servir para combatir los problemas que trae el edadismo.

Entre otras acciones propuestas se encuentran: la inversión en estrategias de prevención, la mejora en datos e investigación y la creación de movimientos para cambiar el discurso sobre envejecer.

Buendía coincide en las propuestas y agrega que la información que se exponga a la sociedad ayudará a que esta tenga las nociones correctas en torno a los ancianos. Asimismo, la inclusión que exista desde el núcleo
familiar para realizar actividades es fundamental.