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Un arcoíris en Quito: colectivos Lgbti marchan por el reconocimiento de sus derechos

La marcha se inició a las 15:00 de este sábado 29 de junio del 2019. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

La marcha se inició a las 15:00 de este sábado 29 de junio del 2019. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Una bandera multicolor pinta las calles del norte de Quito. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

En la vida de Karla Jaramillo ya no hay silencio. La joven, de 21 años, está ansiosa: será su primera vez en la marcha del Orgullo Lgbti (Lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexo) tras haberle confesado a su familia que es lesbiana.

Karla alista su voz para unirse a las consignas que gritará junto con la mujer que más ama, su madre.

Ambas -abrazadas, entre lágrimas – se unieron a los colectivos Lgbti que caminan la tarde de este sábado 29 de junio del 2019 junto al parque La Carolina, en el norte de la capital.

La marcha continuará hasta la Cruz del Papa para darle paso a un festival artístico.

Este sábado es especial para la comunidad Lgbti, que no solo rememora los 50 años del Orgullo Gay a escala mundial, sino que celebra el reconocimiento en Ecuador del derecho al matrimonio civil igualitario.

A las 15:00, una bandera roja, naranja, amarillo, verde, azul y morada se toma la avenida Amazonas. El paisaje de Quito se pinta de arcoíris, con banderas, pañuelos, camisetas y banderolas.

La marcha se inició a las 15:00 de este sábado 29 de junio del 2019. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Con un megáfono en mano, Efraín Soria, dice: “Vamos, caminen, organicémonos”. Está feliz; pronto se casará con su pareja, Javier Benalcázar.

El 12 de junio del 2019 pasó a la historia de la lucha Lgbti en Ecuador cuando la Corte Constitucional abrió la puerta al matrimonio entre parejas del mismo sexo basado en la Opinión Consultiva 24/17, expedida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en noviembre del 2017.

El fallo del máximo órgano administrador de la Justicia en el país dispuso que la Corte de Justicia de Pichincha ordene al Registro Civil la inscripción de los matrimonios de Efraín Soria y Javier Benalcázar. La Corte Constitucional también solicitó a la Asamblea Nacional que reconfigure la institución del matrimonio (civil, no eclesiástica) para dar un trato igualitario a parejas del mismo sexo.

Los colectivos se reunieron para defender los derechos Lgbti este sábado 29 de junio, en Quito. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Para Efraín, el matrimonio civil es un gran paso, pero es el primero de muchos. “Se ha dignificado al Estado. Como comunidad, también le pedimos al Estado que trabaje en campos como la educación, la seguridad, el trabajo y la salud“, señala.

Mientras la bandera multicolor avanza, el baile se intensifica y Valentina, de 32 años, camina junto a las mujeres que centran su vida: su hija Sammy, de 8 años, y Gaby, su pareja desde hace 6 años. La pequeña lleva en su espalda una mochila y en su mano derecha, una pulsera coloreada por el arcoíris.

Entre los planes de Valentina y Gaby no está casarse. Pero apoyan a quienes sí desean hacerlo. “Mi conexión con ella (mira a Gaby) es fuerte todos los días. Es un hogar que hemos construido con responsabilidad. Claro, hay momentos malos como cuando Gabriela llega tarde a casa por su trabajo (ríe) pero me siento feliz. Yo no pienso en el matrimonio como una prioridad para mí vida pero sin duda, un matrimonio consentido entre dos adultos es un derecho para nuestra comunidad”.

El amor, dice la joven madre, es cuando su pequeña sonríe mientras Gabriela la toma en brazos.

Hoy no hay piedras, no hay insultos. Es la alegría, el abrazo lo que une hoy a quienes caminan. Hace 50 años, el movimiento Lgbti cambió para siempre gracias al levantamiento de Stonewall. Era el 28 de junio de 1969, cuando un grupo de policías irrumpieron en el bar Stonewall Inn, ubicado en Greenwich Village, en Nueva York (Estados Unidos). La comunidad Lgbti, cuyos miembros eran sancionados y recluidos por su sexualidad en aquella época, se reveló frente a los agentes policiales que los golpeaban, los maltrataban.

Javier Benalcázar y Efraín Soria en la marcha de este 29 de junio del 2019. Foto: EL COMERCIO

“¡Alerta, alerta, alerta que camina, los Lgbti por América Latina!” es la insignia que marca el paso de cientos de quiteños. El arcoíris no solo se toma las calles. Sus colores están impresos en camisetas, pequeños banderines, paraguas, faldas, vestidos, caramelos. Pequeños canes también desfilan junto con sus dueños para llegar a la avenida Naciones Unidas.

Karla Jaramillo va a paso lento. Observa y su madre le toma una fotografía. No evita las lágrimas. “Esto es…de verdad, liberador. La única afirmación que necesito es la de esta mujer” dice, mientras abraza a su madre.

Una fiesta se toma una de las arterias viales de Quito. Los caminantes pausan su paso y se sientan sobre el asfalto.

Gonzalo Velasco, vocero de la marcha, flamea su bandera. Ríe y corre con sus compañeros; juega con ellos. Él cuenta que el objetivo principal para realizar la marcha en el Parque La Carolina es que precisamente porque es uno de los principales espacios geográficos de Quito.

“Hoy celebramos una lucha mundial. Somos parte de la ciudad, del pueblo, de las familias y nos representamos con calidas y calidez humana”, afirna Gonzalo.

La marcha continuó hasta el Jardín Botánico. La música esperaba en la Cruz del Papa. Entre la multitud, Anshelina, de 52 años y Rebecca, de 53, acortaban el paso mientras mostraban un cartel que decía: “No soy raro. Soy ser humano”.

Este sábado no solo rememora los 50 años del Orgullo Gay a escala mundial, sino que celebra el reconocimiento en Ecuador del derecho al matrimonio civil igualitario. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Ellas recuerdan cómo era Ecuador hace no más de 25 años, cuando ser homosexual y diverso era un delito. “El 25 de noviembre de 1997 es parte de nuestra historia. Yo soy una persona transgénero. Yo nací así y lo asumí. Pero antes, era una sociedad difícil. Tenías que esconderte para poder ser lo que eras”, cuenta.

Al llegar al punto final de la marcha, la música se toma el parque. La danza se inicia, la gente se abraza. Las banderas se levantan y los caminantes claman el mismo grito de hace más de cinco décadas: ¡Amor es amor!

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