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Abuelos forjan lazos con nietos en el cuidado diario

Rosa Flores y Guido Carvajal cuidan a sus nietos Jonás, de 10 años, y Rafaela, de 6. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Por la pandemia, Antonella no ha podido tratar con otros niños en la escuela, pero tiene una mejor amiga en casa, su abuela Doris Guachamín, de 63. Ella ha tenido que inventarse juegos, para reemplazar la diversión con pares, que la pequeña de 4 años no conoció.

A Antonella le encantan las historias que Doris le cuenta, mientras queda a su cargo para que sus papás trabajen. Ambas desayunan juntas, juegan en el patio y hacen viajes imaginarios. “Trato de crear historias en las que nos vamos a la playa o a la montaña”, dice la abuela.

Cuidar a su nieta ha hecho que los lazos entre ambas sean fuertes. Cuando Doris sale a una cita médica, relata, Antonella no descansa hasta su regreso. Cuando llega le repite que la extrañó. “Quizá sea porque la he cuidado hasta más que a mis propios hijos”.

Hoy, lunes 26 de julio del 2021, se conmemora el Día Internacional de los Abuelos, figura familiar con un rol fundamental antes de la pandemia. Y en medio de ella, aún son cuidadores de sus nietos, que han pasado más tiempo en casa por el cierre de las escuelas.

Antes de la llegada del covid-19, Rosa Flores y Guido Carvajal eran los encargados de recibir a sus nietos, cuando llegaban de la escuela y de cuidarlos el resto del día. Ahora su jornada con Jonás, de 10 años, y Rafaela, de 6, dura más horas.

La semana pasada, los niños se quedaron a dormir durante dos noches en la casa de los abuelos, ubicada en Solanda, al sur de Quito. Eso les facilita las cosas, cuenta Rosa. Cuando no es así, Jonás llama por teléfono cada día, cuando su hermana se despierta, para que vayan por ellos a Quitumbe.

Aunque Jonás es poco expresivo, continúa siendo un motor como hace varios años, cuando Guido hacía su tratamiento contra el cáncer. “Le decía, ‘papito vamos a la cancha de fútbol’ y mi esposo, sin fuerzas, las sacaba de algún lado”.

Doris Guachamín juega durante el día con su nieta Antonella en el patio de su casa. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Rosa, de 67 años, les prepara el desayuno a los niños; vigila que cumplan sus tareas en tiempo de clases, que no estén tanto tiempo frente a pantallas y que jueguen y disfruten su niñez junto a su abuelo, de 74.

En el país hay 1,3 millones de personas de 65 años en adelante. No hay datos oficiales del número de abuelos a cargo del cuidado de sus nietos.

Un estudio del 2020, realizado por Cinthya Agila y Jeanneth Balseca en la Universidad Técnica de Ambato, recoge información sobre 300 abuelos cuidadores de ese cantón. La causa principal para que asuman ese rol es el trabajo de los padres (86% de los casos).

Entre las actividades que los abuelos realizan están la preparación de alimentos (77%), el cuidado cuando los niños se enferman (49%) y las actividades recreativas (34%).

Mariana Mosquera se ha hecho cargo de sus nietos Freddy y Sofía, de 13 y 9 años, desde que cumplieron tres meses. La abuela, de 69 años, recuerda que los papás de su nieto mayor salían de casa a las 07:00, mientras el bebé aún dormía. “Cuando despertaba le daba su biberón, le bañaba y me encargaba de él hasta las 19:00. Prácticamente yo les he criado, son lo más grande para mí”.

Aunque por la pandemia la madre de los niños trabaja en casa, la abuela no ha dejado de atenderlos. Por ejemplo, les prepara el desayuno y en la tarde salen a caminar en su barrio, ubicado al norte de Quito.

En la familia nadie se contagió de covid-19, anota Mariana, pero admite que tenía miedo. “Si nosotros nos enfermábamos, ¿quién cuidaría a mis nietos?”. Los niños, dice, les dieron fuerzas hasta que recibieron la vacuna.

Los abuelos cuidadores tienen el beneficio de mantenerse activos con un propósito concreto al cuidar a sus nietos, explica la psicóloga Montserrat Gortaire. “Además de recordarles a sus hijos, mantienen un vínculo incondicional de amor con menor estrés al momento de educar”.

Cecilia Ochoa, de 69, va todos los días a la casa de su nieta Ariana para cuidarla. Durante las clases virtuales, cuenta, se sentó junto a la niña cada mañana para acompañarla frente a la computadora. “Me siento útil, me contagio de su inocencia y alegría y estoy saludable”.

Para que la relación sea exitosa, Gortaire señala que es necesario que los abuelos acaten reglas básicas sobre la crianza que los padres han elegido y, además, que estos últimos también coordinen con sus padres sobre las reglas que ellos necesitan poner.

Esto ha sido fundamental para el cuidado de Ariana. Su abuela Cecilia se pone de acuerdo con su hija y su yerno para mantener las reglas que la niña de 6 años debe seguir. Por ejemplo, el tiempo que puede ver la televisión.

Con esto se evita que los niños vean a los papás como malos y a los abuelos como buenos, explica la psicóloga infantil Camila Pozo. “Necesitan ver que, ante cualquier conducta, sea positiva o negativa, ambas autoridades actúan igual”.

Además, pide a los padres compensar el tiempo que no están con sus hijos. Esto, por ejemplo, con llamadas durante el día para contarles lo que han hecho en su trabajo.

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