9 de junio de 2019 00:00

El silencio, socio de la violencia

El escritor, afuera del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Quito. Fue uno de los invitados a la Feria del Libro. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

El escritor, afuera del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Quito. Fue uno de los invitados a la Feria del Libro. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

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Sinar Alvarado es el coordinador de La Liga Contra el Silencio -una alianza de periodistas y medios de comunicación que combate la censura en Colombia.

Esta semana estuvo en Quito, como invitado de la Feria del Libro de la PUCE. El miércoles conversó con este Diario sobre la necesidad de vencer los miedos y romper con el silencio.

¿El silencio es otra forma de violencia?
Creo que el silencio es un socio y aliado importante de la violencia. En Colombia, que es el país donde más he hecho periodismo y que más conozco, los lugares donde hay silencio son casualmente los sitios donde hay más violencia. Desde la violencia bruta y evidente del asesinato o el secuestro hasta otras sutiles que se parecen más a la discriminación, procesos por los cuales se niega a los ciudadanos oportunidades básicas como la salud, la educación, la participación política o ciudadana.

¿Por qué es necesario estar en contra del silencio?
Porque necesitamos con urgencia que las demandas de toda la población sean conocidas. Por ejemplo, así como un homosexual, como cualquier ciudadano, tiene deberes, también debe tener derechos. Sus demandas y problemas debieran ser conocidos por el resto de la población y, sobre todo, por el poder. Los reclamos legítimos de la ciudadanía tienen que llegar cada vez con mayor ruido al poder, porque está ahí para responderle a la gente. Está administrando dinero público y debería dar cuenta de esa plata.

¿Cuáles han sido las secuelas más grandes del silencio en Colombia?
Colombia es, junto con México, el país que exhibe, con vergüenza, las peores cifras de libertad de expresión y acoso a la prensa. Desde 1977 en mi país se ha asesinado a 160 periodistas, un vergonzoso promedio de cuatro periodistas al año. Los mataban para silenciarlos. Socialmente en Colombia sigue existiendo mucha ignorancia y desinformación. La desinformación es la consecuencia directa de la censura y la autocensura. La gente simplemente no sabe lo que está ocurriendo en sus propios pueblos o regiones. Las personas en la ignorancia dejan de acceder a derechos legítimos y a reivindicaciones. Básicamente la ignorancia es hija del silencio.

¿En qué medida el trabajo colectivo es un mecanismo eficaz para combatir el silencio?
En los grandes medios colombianos todavía existe una dosis importante de autocensura. Sobre todo, en los casos donde intentan contar historias que tocan intereses políticos o económicos. Hay otros medios que son más independientes, pero si sumas las voces de 16 medios, como es el caso de La Liga Contra el Silencio, se tiene mayor alcance. Este año, hemos publicado varias historias que han hecho mucho ruido no solo en Colombia sino afuera. Entre ellas dos sobre el fútbol femenino, donde había denuncias de acoso laboral y acoso sexual. Estas historias escalaron hasta medios como The Washington Post y The Guardian. Si estas mismas historias solo las hubiera publicado un medio difícilmente habrían tenido el mismo impacto.

¿Cuáles son los silencios más difíciles de romper en la sociedad actual?

En Colombia, los que están ligados al miedo. Al miedo físico de que te maten, de que te secuestren, de que desaparezca un hijo o un familiar cercano, o miedo a tener que abandonar el lugar donde siempre has vivido. También están los miedos subalternos como el miedo a perder el trabajo.

¿El silencio de Estado es el que más hace daño?
Puede que sí, porque el dinero del Estado es público. Si una empresa privada calla o intenta callar ciertas historias es grave pero esas empresas están trabajando con dinero suyo. Cuando el Estado calla, censura o silencia está ejerciendo esa censura con dinero que no le pertenece. Además, no creo que haya empresa más poderosa que un Estado, porque tiene a las Fuerzas Armadas, distintos ministerios, la ley y la justicia. En Colombia ahora es más frecuente ver formas más sofisticadas de censura que funcionan a punta de procesos judiciales.

¿Qué papel juega la censura y la autocensura en este contexto?
En la Liga no condenamos la autocensura a la que recurren muchos periodistas sobre todo en determinados lugares que están alejados de las zonas urbanas. Muchas veces, si el periodista no se autocensura, lo matan. En ese contexto no creo que ninguna historia valga más que una vida. Si el periodista tiene que censurarse para que no lo maten pues prefiero que se autocensure.

¿Se vive en sociedades que cada vez se autocensuran más?En sociedades conservadores siempre hay temas que incomodan. Hay personas que deciden no hablar de un tema para que otras personas no le caigan encima, o para que no lo vean como alguien incómodo. La autocensura más personal, relacionada con tus posiciones políticas, también funciona como una especie de lubricante social pero creo que es cada vez menos frecuente. Poco a poco, la sociedad se está volviendo más tolerante y más abierta, ahora se tratan temas que hace 30 años eran prohibidos.

¿Cuál es la relación que hay entre miedo y silencio?
Si siento miedo callo para evitar que me pase eso que me genera miedo. En lugares donde hay silencio se va multiplicando el miedo. Si vives en una sociedad donde no se puede hablar, países totalitarios, lugares ultraconservadores o intolerantes a cierto tipo de verdades y donde el silencio es la norma, el miedo termina convirtiéndose en una consecuencia del silencio.

¿Cree que el silencio es una forma de terror?
Sí, yo odiaría no poder hablar, no poder decir ciertas cosas. Me ha pasado que en determinados lugares se me ocurre un chiste y si por alguna razón considero que no es el momento o el lugar para decirlo me lo guardo. No he llegado a sentir terror pero sí me duele sacrificar la voz. Si eso lo llevas a temas más importantes o a escenarios más grandes que involucran a mucha más gente, el silencio efectivamente termina siendo una forma de totalitarismo y de terrorismo. En Venezuela se prohibió por decreto hablar del dólar paralelo. Se penalizaba con multa y con cárcel decir o escribir esas dos palabras.

Por estos días, ¿frente a qué problemáticas sociales es esencial romper con el silencio?
Hay muchas, está la falta de acceso a oportunidades laborales, a la educación, la discriminación por política, preferencia sexual o religiosa, por determinadas ideas o por derechos laborales. En Colombia todavía es muy común el abuso y el irrespeto a la jornada laboral. Muchas personas trabajan más de las legales por menos dinero de lo que manda la ley. Ese tipo de explotaciones que mantienen a personas en condiciones esclavistas o feudales es el tipo de verdad intolerable que tiene que saberse.

¿Se puede romper el silencio a través de la sátira?

En la Liga Contra el Silencio están La Pulla y Actualidad Panamericana que hacen sátira. A mí me gusta el humor porque me parece que es una herramienta muy poderosa para insistir en ciertos temas. Si por un lado tenemos posibilidad de hacer investigación rigurosa y enteramos a la gente de lo que está ocurriendo creo que es muy conveniente que por otro también existan medios que insistan en ese mismo tema desde otros formatos. Finalmente a lo que apuntan es a generar más debate público. Que la gente se indigne y empiece a discutir de temas.

¿Frente a qué nunca guardaría silencio?

Hay varias cosas, pero el abuso me indigna no solo como periodista sino como ciudadano. Mi esposa me dice que un día de estos me voy a pelear con alguien muy mal porque tengo dentro algo que me indigna todo el tiempo. A veces he sentido que pierdo el autocontrol porque no puedo tolerar ciertas cosas y dejar de reclamarlas.

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