16 de julio de 2018 14:27

Semana del Rock celebra 16 años de creación e impulso al género

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Karol Noroña
Redactora (I)

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Corría el 2003, en Quito. El movimiento roquero y metalero de la ciudad vivía su apogeo. La arteria musical de agrupaciones como La Tribu, Mozarella, Abadón, Metamorfosis, Muscaria, Mortal Decision, Chancro Duro, Narcosis y Sal y Mileto escribía sus páginas en la historia del rock ecuatoriano; sin embargo, los espacios para su puesta en escena eran escasos.

Los tiempos en los que las partituras de éxitos de bandas internacionales poblaban el repertorio coverístico de los grupos nacionales había terminado.

La creación inédita pedía nuevas plataformas de inclusión al género pesado. De las letras contestatarias y la necesidad de escenarios surge la Semana del Rock, que, en este 2018, cumple 16 años de vida. El festival celebrará su trayectoria del 16 al 21 de julio con una programación que incluye el repertorio de 42 bandas y 'Quince años del rock ecuatoriano', una ponencia magistral sobre el proceso de evolución del encuentro.

Con aforo lleno recibió el público capitalino a la banda Metamorfosis en la Semana del Rock 2013, una de las ediciones con mayor asistencia registrada por la organización. Foto: cortesía Semana del Rock.

Con aforo lleno recibió el público capitalino a la banda Metamorfosis en la Semana del Rock 2013, una de las ediciones con mayor asistencia registrada por la organización. Foto: cortesía Semana del Rock.

Rock para el pueblo. El rock como catarsis y desfogue. Así define Paúl Sánchez, baterista ecuatoriano con más de 40 años de trayectoria, al género que lo ha acompañado durante su carrera musical. Él, junto con sus compañeros de fórmula, en Abadón, formó parte de la primera edición de la Semana del Rock, que se desarrolló del 1 al 7 de junio del 2003 en la Casa de la Cultura Ecuatoriana y la Concha Acústica de la Villa Flora, en el sur de Quito.

Fue la unión de colectivos, ligados a la escena roquera, como Al sur del Cielo, Diabluma, Cultura y Solidaridad, Cuerdas y Revancha Libertaria, la que cultivó la formación de Unión Metal, organización que logró concentrar más de 50 bandas representativas del rock nacional, en el 2003. Exporock fue el primer nombre del festival, precisamente, por su propósito de consolidarse como una vitrina de los nuevos talentos. Desde el 2005, el colectivo Al sur del Cielo continuó con la organización del encuentro. Lo cuenta Pablo Rodríguez, productor ejecutivo de la Semana del Rock.

El primer afiche oficial de la Semana del Rock (2003). La organización estuvo a cargo del colectivo Unión Metal en colaboración con el Consejo Provincial de Pichincha. Dos años después, Al sur del Cielo sigue con el festival. Foto: cortesía Semana del Roc

El primer afiche oficial de la Semana del Rock (2003). La organización estuvo a cargo del colectivo Unión Metal en colaboración con el Consejo Provincial de Pichincha. Dos años después, Al sur del Cielo sigue con el festival. Foto: cortesía Semana del Rock.


Desde su génesis, el encuentro basa su propuesta raíz en tres ejes: el impulso a bandas emergentes, la formación de públicos y artistas a través de talleres y fomentar un espacio de discusión a través de foros. Para el 2005, la producción de la Semana del Rock quedó a cargo del colectivo Al Sur del Cielo, que, entre otros eventos, organiza el Festival de la Concha Acústica de la Villa Flora y el ciclo de conciertos Rock en Vivo.

Las jornadas musicales albergan un factor en común: la autogestión. Año a año, alcanzar el presupuesto económico para financiar el festival ha sido un obstáculo constante, sobre todo, porque se trata de un encuentro gratuito, en su mayoría de ediciones, salvo en cuatro años. En el 2005 se cobró USD 3 por día; en el 2009, el concierto de cierre en Guayaquil tuvo un valor de USD 4; en el 2015, se cobró USD 5 y en la edición 2016, la entrada fue la donación de alimento para animales de compañía. “Hemos tenido el apoyo de financiamiento público que es un sostén fuerte pero no sobrepasa el 30% del presupuesto total”, afirma Rodríguez.

En el 2011, un joven capitalino asistió los siete días del festival con una bandera del Ecuador. Logró que la gran mayoría de las bandas del cartel la firmen, entre ellas: Aztra, Abadon, Mortal Decision y Madbrain. Foto: cortesía Semana del Rock.

En el 2011, un joven capitalino asistió los siete días del festival con una bandera del Ecuador. Logró que la gran mayoría de las bandas del cartel la firmen, entre ellas: Aztra, Abadon, Mortal Decision y Madbrain. Foto: cortesía Semana del Rock.


Aun así, la Semana del Rock ha logrado concentrar en sus escenarios las propuestas de agrupaciones de más de 300 músicos por edición e incluso, llevar el festival a cinco ciudades: Quito, Guayaquil, Lago Agrio, Riobamba y Cuenca, en el 2009.

Las tablas del encuentro han documentado destacados episodios del movimiento musical como la grabación del álbum inédito de Luis Rueda, líder de la emblemática banda La Trifullka o una de las últimas presentaciones de Hittar Cuesta, leyenda del rock nacional, quien falleció el pasado 12 de marzo del 2018. En la edición 2018 del festival, las cuerdas eléctricas de Cuesta volverán a la vida en manos de sus alumnos Chriss Guevara y Diego Guerra, además de Álvaro Plúas.

Aunque las condiciones han mutado, los casettes se alojan, hoy por hoy, en plataformas digitales; y la denuncia social en redes sociales, existe un público fiel y alerta que motiva la vigencia del festival. Así lo cuenta Luis Eduardo Silva, integrante de la agrupación Narcosis. "Disfrutar, pasarla bien, aprender. Así fue el rock en mi tiempo y creo que el festival rescata eso. A veces la crítica surge fácil pero montar un encuentro como este es complicado. Es importante que la gente se siga sumando, la plataforma la cimenta la música pero también la unión y apertura del público", asegura.

La Semana del Rock 2009 llevó el encuentro a cinco ciudades: Quito, Guayaquil, Lago Agrio, Riobamba y Cuenca. Foto: cortesía Semana del Rock.

La Semana del Rock 2009 llevó el encuentro a cinco ciudades: Quito, Guayaquil, Lago Agrio, Riobamba y Cuenca. Foto: cortesía Semana del Rock.

“Desde el primer festival, la gente se identificó. Se debe entender que en nuestra música, la creatividad desborda, contrario al ‘mainstream’. Cuando ‘mosheas’ te desahogas, cuando tocas, revitalizas al público”, dice Paúl Sánchez. Para el baterista la edición 2017 del festival fue especial. Su esposa falleció y según dice, el poder del heavy metal supo rescatarlo.

Tomás Duque aún recuerda la primera vez que fue a la Semana del Rock. Estaba en el colegio y solo podía asistir uno de los siete días. Fue suficiente. Duque, que es baterista de la banda quiteña Resistencia, se decidió por la música. Para él, la tecnología habilita el desarrollo de nuevos talentos y, precisamente, el festival permite que la nueva ola del heavy metal, del rap core, del metal o del rock (entre otros géneros) llegue al público. En esta edición, el músico será parte del cartel de cierre que se presentará el próximo 21 de julio, en el Parque de las Diversidades.

Leonardo Luna coincide con Duque. El movimiento no solo está construido con leyendas; sino con nuevas propuestas. Luna lidera la agrupación Oizis, que afianza su sonido en la fusión del djent con el nu metal. El grupo tiene cuatro años de recorrido pero es la segunda vez que se presentarán en la Semana del Rock, tras haber sido seleccionado por un jurado conformado por Santiago Parra, José Cevallos y Edwin Sánchez. Lo mismo sucedió con las demás bandas participantes.

Integrantes de la agrupación Hydra presentó su repertorio en la Semana del Rock 2009, en Guayaquil. Foto: cortesía Semana del Rock.

Integrantes de la agrupación Hydra presentó su repertorio en la Semana del Rock 2009, en Guayaquil. Foto: cortesía Semana del Rock.


Para Nathalie Segura, de 24 años, el festival es una tradición. Asiste desde que cumplió la mayoría de edad. La fortaleza de la ‘Semana’, cuenta, es que los sonidos son diferentes en cada edición. Es volver a vivir lo que el rock es en esencia: transgresor. Ahí pudo escuchar a las que ahora son sus bandas favoritas: Aztra, Descomunal y Puño.

“El cartel siempre sorprende. Me gusta porque creo que es un festival que no monopoliza o que pone en el escenario a las mismas bandas. Es también ir, dejarte llevar por la música sin preocuparte por si tomas bien una ‘selfie’ o no.”, concluye Segura.

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