29 de octubre de 2020 16:18

Seis perros entrenados en Ecuador se unen a la detección del covid-19

Falco es uno de los seis perros en entrenamiento para la detección del covid-19 en el Ecuador

Falco es uno de los seis perros en entrenamiento para la detección del covid-19 en el Ecuador. Julio Estrella / EL COMERCIO

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Andrea Rodríguez

Este jueves 29 de octubre del 2020, en Tocachi, parroquia del cantón Pedro Moncayo, cercana a Tabacundo, se realizó la presentación de un grupo canino que ha sido entrenado para la detección de covid-19. La empresa Working Dogs k-9 y el Centro de Investigación para la Salud en América Latina de Pontificia Universidad Católica del Ecuador (Ciseal - PUCE) trabajaron en conjunto para sumarse a esta iniciativa que ya se ha aplicado en aeropuertos y ciudades europeas.

En una conferencia de prensa, Patricio Galiano, director de este centro, indicó que los perros poseen un olfato mucho más desarrollado que el de un humano, por lo cual pueden detectar a una persona que se encuentra enferma. En realidad, los canes han sido entrenados para detectar la reacción fisiológica proveniente de la infección por covid-19 olfateando muestras de desecho provenientes de personas sanas y personas contagiadas con el virus.

El proyecto de detección del virus a través de los canes es avalado por Ciseal - PUCE, una entidad cuya misión es servir como una plataforma internacional para colaboraciones científicas. Hugo Navarrete, investigador de esta institución educativa, indicó que la investigación se llevó a cabo durante los meses de mayo, junio, julio, agosto y septiembre. Añadió que los canes pueden detectar a personas asintomáticas.

El olfato de los canes es tan poderoso que acierta incluso después de desinfectar las prendas e introducirlas a un recipiente. Inicialmente participaron dos canes: 'Hunter', pastor belga y 'Rocky', pastor alemán. Actualmente se encuentran cuatro más en entrenamiento: Falco, Hanna, Shira y Aquiles.

Estos animales nunca entran en contacto directo con la gente para la detección, sino que son ubicados en cuartos especiales. Se trata de sitios aislados a los que llegan las prendas de las personas cuando se quiere determinar si estas tienen covid-19. Se espera que, en los próximos meses, estas habitaciones y los canes estén en sitios como aeropuertos y hospitales.

Los perros detectan los olores de fluidos corporales como sudor y saliva, presentes incluso en microgotas. Por eso pueden detectar en una mascarilla la impregnación en la prenda del aliento de una persona.

Al momento, el proyecto está en fase experimental. Navarrete aclara que no tienen el aval de Ministerio de Salud Pública porque el estudio no ha terminado. No se trata todavía de pruebas diagnósticas, sino experimentales.

La detección con los canes no pretende reemplazar a las pruebas PCR, sino facilitar el trabajo de detección de forma certera, rápida y económica. Cada perro entrenado hace 50 detecciones diarias. Podrían hacer más, pero se trata de no estresar ni cansar al animal. Los canes no entran en contacto directo con el virus o los infectados, así que no tienen riesgo de contagio.

No está claro qué tan fuerte huele el coronavirus para los perros. Falta averiguar si pueden detectarlo a distancia como hacen con los explosivos. Otra pregunta es si los perros entrenados para detectar al nuevo coronavirus lo diferencian de infecciones virales similares, como la gripe estacional y los resfriados.

Además, los compuestos orgánicos volátiles (COV) que se desprenden de las muestras de sudor son una mezcla compleja. Por lo tanto, es probable que los canes estén detectando una suma particular en lugar de compuestos individuales.

En promedio, para entrenar adecuadamente a un perro para que detecte la posible presencia del SARS-CoV-2, se necesita de seis a ocho semanas de un can que previamente haya sido entrenado en olfatear otros aromas, o de tres a seis meses para un perro que nunca ha sido adiestrado.

Navarrete recuerda que los canes han sido precisos para ayudar a detectar la presencia de otras patologías en el pasado. El investigador resume que la nariz canina detecta una reacción fisiológica defensiva del cuerpo humano frente a sustancias o microorganismos invasores. La acción de defensa provoca fluidos y olores detectables por el animal.

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