2 de febrero de 2019 00:00

La parroquia Sayausí muestra su tradición ancestral

El grupo de danza y música Sayausí recibió con ritmos andinos a los visitantes. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

El grupo de danza y música Sayausí recibió con ritmos andinos a los visitantes. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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A 30 minutos del centro de la capital azuaya, 20 agricultores, artesanos y emprendedores gastronómicos de la parroquia Sayausí impulsan el turismo comunitario. Hace una semana recibieron a 35 turistas extranjeros, operadores de agencias y periodistas.

Durante cinco horas promocionaron las rutas denominadas Saya Natural, Sabores de mi Saya, De los Arrieros y Minas de Sayausí. Son actividades vinculadas con la agricultura, caminatas por bosques, música, juegos tradicionales y degustación de comida típica.

El recorrido empezó en la plaza central donde se elaboró una chacana andina con semillas, flores y frutas de la zona. La mañana estaba fría y Marisol Peñaloza, coordinadora del proyecto, ofreció horchata, capulíes, peras y reinas claudias.

También, hubo música andina entonada con instrumentos como la flauta, tambor, charango y sonajeros. Los estadounidenses Rachel Doucette y Matthew Hoffer concentraron su atención en los cinco integrantes del grupo musical. Entre otras canciones tocaron la Chola Cuencana.

Después, en el barrio Bellavista, aprendieron sobre el arado con yuntas. La demostración estuvo a cargo de Mesías Morocho, de 33 años. Él empleó dos toros atados con un madero llamado yugo, que está ajustado a los pitones.

“Es una técnica ancestral que seguimos usando para preparar el terreno para sembrar”, contó Morocho. Los turistas Michael Cappobianco y Clar Ewer estaban intentaron realizar esta técnica.

La siguiente parada fue el taller de Amelia Narváez, de 73 años, quien teje en lana y fibras naturales. Ella elabora colchas, alforjas, sombreros, carteras, mantas, ponchos, entre otras prendas. También visitaron la casa de Blanca Quichimbo, quien ofrece a los visitantes sus plantas aromáticas y medicinales como menta, cedrón, hierba buena y manzanilla.

Este proyecto de turismo comunitario empezó hace tres años con 12 familias y posteriormente se unieron otras ocho. Fueron capacitadas por la Fundación Municipal de Turismo, Ministerio de Turismo y la Empresa Municipal de Desarrollo Económico.

Tienen un promedio de 30 visitantes por mes, la mayoría universitarios extranjeros. Su objetivo es atraer al turista nacional. El costo de un día es de USD 20 por persona.

Incluye alimentación, visitas guiadas por huertos, demostración de arado o trasquilado de la lana de oveja. En los recorridos también se puede conocer el río Culebrillas y las cascadas de Carcabón, que son parte de la Ruta Minas.

Hace una semana, los visitantes almorzaron en la comunidad de Buenos Aires. “Abrimos nuestros hogares para compartir con las costumbres, productos y comida”, dijo Julia Alvarado. Los anfitriones prepararon papas, mote, cuyes, gallina, ají, dulces y bebidas.

Antes de servirse los alimentos se realizó una carrera. Los participantes empujaron un sambo de un sitio a otro, solo usando con su cabeza.

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