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Maternidad y pandemia: tres mujeres cuentan cómo hicieron para trabajar y cuidar de sus hijos

Maternidad y pandemia: tres mujeres cuentan cómo hicieron para trabajar y cuidar de sus hijos

Maternidad y pandemia: tres mujeres cuentan cómo hicieron para trabajar y cuidar de sus hijos

Durante el confinamiento, las mujeres registraron cargas elevadas de trabajo. Foto: Pexels

En lo que va de la pandemia, las mujeres han sido las más afectadas. La ONU Mujeres señala que, desde la salud a la economía, la seguridad a la protección social, los impactos del covid-19 se agravan para las mujeres y las niñas simplemente en virtud de su sexo.

La Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de los Estados Americanos afirma que por las medidas de confinamiento a causa del covid-19: "Los hogares se han convertido en el espacio donde todo ocurre: el cuidado, la educación de los niños, niñas y adolescentes, la socialización, y el trabajo productivo; lo que ha exacerbado la crisis de los cuidados. Se ha incrementado la carga de trabajo relacionada con el cuidado y la atención a las personas, cuya respuesta debería ser colectiva. Sin embargo, la realidad es que esta no se distribuye equitativamente, sino que recae principalmente en las mujeres, y no está valorada ni social ni económicamente".

Las mujeres tuvieron que desempeñar los roles de madre, trabajadora y esposa al mismo tiempo durante el encierro que duró siete meses en Ecuador. Del 17 de marzo al 13 de septiembre del 2020 se suspendieron todas las actividades laborales, escolares, deportivas, culturales, turísticas entre otras. Algunas de estas continúan suspendidas.

¿Cómo sobrevivieron al confinamiento las mujeres que trabajaban y cuidaban de sus hijos en casa? A continuación, tres testimonios.

Marlene A. (nombre ficticio). 30 años. Madre de un niño. Se dedica al marketing.

Al inicio no teníamos ninguna rutina porque nos tomó de sorpresa. Al Julián (hijo) un día le dijeron ya no puedes ir a clases y lo mismo pasó en mi oficina y el trabajo de Edison (pareja). Nos costó bastante buscar una manera de adaptarnos para estar en casa. Nosotros tenemos un comedor chiquito, con sillas incómodos, no son ergonómicas. Sin embargo, los tres tuvimos que estar allí al mismo tiempo. Fue bastante difícil.

Después de cerca de tres semanas ya establecimos una rutina y aceptamos el hecho de que la casa era nuestra nueva oficina y escuela de Julián. La rutina de mi hijo tuvo que ser la misma: levantarse temprano, desayunar y estar listo para recibir sus clases virtuales. Yo intenté que haga lo mismo que hacía antes de la pandemia. No contábamos con un espacio adaptado para sus clases. Con una mesa de mi sala le armé un escritorio para que él reciba clases.

Con la cuarentena, el trabajo en casa fue mucho más fuerte tanto para mí como para Edi. Yo trabajaba hasta las 24:00 o 01:00 haciendo un montón de cosas. Y sí, nos demandaba muchísimo tiempo el trabajo. Tenía que hallar la forma de tener un tiempo para el Juli, para ayudarle en clases si tenía dudas. Además, el internet que teníamos en casa era como para estar un ratito o para ver películas el fin de semana, tuvimos que subir los megas del paquete para que los tres podamos tener una mejor conexión.

A mi hijo tuve que darle un PlayStation que le teníamos escondido por la desesperación de que Juli decía cada cinco minutos que estaba aburrido. Además, tenemos una mascota que en ese momento era un cachorro y para que Juli no enloquezca en casa empezó a entrenarlo.

Le enseñó a quedarse quiero, a dar las patitas, acostarse. Eso le funcionó bastante y el perrito aprendió mucho. El Juli también comenzó a hacer ejercicio. Los fines de semana preparábamos recetas. Hacíamos pasteles, ceviche. También hacíamos experimentos y jugamos juegos de mesa.

El tema del PlayStation fue difícil porque en ese momento fue la salida fácil para que Juli deje de estar aburrido. Pero su carácter cambió, sus notas bajaron y es que también durante todas sus vacaciones él pasó encerrado en casa. Lo más duro fue que no podía ver a su familia y eso le afectó bastante.

Tuve que llevarle a un psicólogo porque tenía incertidumbre de no saber cómo estaba su papá al que empezó a extrañar bastante. Bajo todas las medidas de bioseguridad le mandamos donde su papá por 15 días porque ya no aguantaba no verle. Conjugar la labor de madre con la de trabajadora en una nueva modalidad fue duro porque las empresas no estaban listas para manejar el teletrabajo y en mi caso no se respetó el tiempo de la persona.

Me llamaban a reuniones a cualquier hora, pedían cosas a cualquier hora. Nos sacaban el aire con el mensaje de que hay mucha gente que se estaba quedando sin trabajo y nosotros sí lo teníamos.

El Edi fue de mucha ayuda, aunque también pasaba ocupado, pero jugaba con el Juli, le revisaba los deberes. Fue un trabajo en equipo y eso ha servido para unirnos como familia. No puedo negar que estar juntos todo el tiempo a ratos era difícil.

En un punto me sentí muy abrumada porque mi prioridad como persona es mi hijo, pero en ese momento también debía tener como prioridad mi trabajo porque no podía darme el lujo de perderlo y más aún con la amenaza de que había gente que se estaba quedando sin trabajo.

Cristina Solórzano. Periodista. Madre de un niño. 33 años

Antes de la pandemia nosotros ya trabajamos desde casa porque el portal había cerrado sus oficinas, la única diferencia era que Simón se iba a la escuela a las 07:20 y regresaba a las 16:00, por lo que yo tenía tiempo para trabajar.

La carga de trabajo se triplicó. Se siente súper agotador, dijo Cristina. Foto: Cortesía.

Cuando empezó la pandemia seguí con el trabajo en casa, pero ya con el niño aquí. Entonces ha sido tres veces más la carga y eso al final del día sí se siente súper agotador y también terminas con la sensación de que, al menos laboralmente, no hiciste mucho. No fue un día tan productivo, esa es la sensación que tengo hasta ahora. Porque si bien también tienes una pareja que te ayuda yo siento que la mayor parte del trabajo recae en mí.

Entonces he tenido que organizarme muy bien para tratar de cumplir con todo. Es como que tuviese tres trabajos distintos a la vez. El uno de estar pendiente del niño, que reciba sus clases, que entienda, porque pasa que cuando no entiende algo se frustra y deja de hacer las cosas, entonces hay que estar pendiente. También debo estar atenta de la casa, que esté lista la comida a la hora del almuerzo para que coma. Entonces siento que tuviese tres actividades diferentes que cumplirlas al mismo tiempo y me ha tocado y he aprendido a organizarme.

Al principio me pasaba que me sentaba a trabajar, pero debía levantarme a la media hora porque debía ayudarle en algo al niño. Luego me acordaba del almuerzo y me levantaba nuevamente a prepararlo y a lavar platos. Desde las 14:00 de la tarde hasta las 16:00 en eso.

Cuando intentaba volver a mis tareas me quedaba hasta las 23:00 de la noche tratando de cumplir o de ganar las horas que perdí en la mañana. Terminas con una desorganización total y súper agotada. Y aunque se cuenta con una pareja que trata de ayudar yo siento que la mayor parte de las actividades de la casa, que se han debido realizar durante la pandemia, caen sobre la mujer.

Niza Torres. Emprendedora. Madre de un niño y una niña. 31 años.

Antes de empezar la cuarentena yo tenía mi tienda en línea. Traía encargos de EE.UU. bajo pedido y con el covid-19 y las restricciones en los viajes y aeropuertos, incluso el confinamiento, el negocio tuvo que parar por completo. Algunos meses estuve bastante estancada con el negocio y fue ahí que me reinventé un poco y busqué opciones que me ayuden a seguir con mi negocio en línea. Ahora tengo mi propia marca de ropa deportiva para mujeres.

En casa al inicio de la cuarentena fue muy difícil para todos, sobre todo por la incertidumbre, el miedo que causa el virus. Al principio fue complicado adaptarnos, pero intenté no cambiar mucho nuestra rutina. Mis dos hijos son pequeños, él tiene 5 años y ella 3 años. Lo que cambió un poco es que nos levantábamos más tarde porque ya nadie tenía que salir a trabajar o a la escuela.

Soy fiel creyente de inculcar y de hacer las cosas que uno quiere que los hijos hagan por lo que siempre en medio del día tratábamos de hacer ejercicio ya sea en la mañana o en la tarde, todos juntos.

Niza se refugió en el ejercicio para escapar de la presión del día a día. Foto: Cortesía

Después hacíamos las tareas, tratábamos de distraer a los pequeños con juegos, actividades, leíamos cuentos, veíamos película. Al momento de empezar la cuarentena no había clases en línea, entonces pasamos algún tiempo sin la dirección escolar, entonces trataba de no parar las actividades como para que no se acostumbren a tener unas vacaciones tan extendidas. Les expliqué a mis hijos el tema y entendieron perfectamente.

A la hora del almuerzo todos nos incluíamos en la preparación y también era un tiempo divertido y para pasar en familia. Después de comer, mis hijos tomaban la siesta y yo podía descansar un poco con mi esposo y si no habíamos hecho ejercicio lo hacíamos en ese momento.

En la noche comíamos algo nuevamente, jugábamos un poco y luego nos preparábamos para dormir. En realidad, todo era muy cíclico. Sí se volvió bastante aburrido porque no podíamos salir de casa en ningún momento.
Mi escape principal fue hacer ejercicio y en cuarentena tomé más en serio el ejercicio, más disciplinada. Lo hacía todos los días sin falta como para escaparme de todo, de la depresión, el aburrimiento y el miedo del virus.

Yo era la encargada de cuidar a los niños y mi esposo el encargado de salir a trabajar, pero con la cuarentena él tuvo que adaptarse a nuestra rutina y fue bonito porque pasábamos 24 horas los siete días de la semana; no nos separábamos en ningún momento.

Fue un ejercicio bonito, pero también difícil porque es conocerse nuevamente todos como familia.

Creo que para nosotros fue beneficioso porque mi esposo pudo pasar bastante tiempo con sus hijos, conmigo como esposa. Pudimos compartir muchas experiencias juntos, pasar mucho más tiempo de calidad juntos, ya que por motivos de trabajo a veces él no puede.

En algún momento sí algo enloquecedor, pero lindo en realidad. Lo que sí estoy completamente segura de que me ayudó fue hacer el ejercicio. Era mi espacio y les pedía que lo respeten. Era el momento en el que me sentía un poco más aliviada.

Con mi esposo nos repartíamos el trabajo. Sí yo tenía que hacer algo en casa, él se encargaba de enseñar los niños. En ese sentido sentí que la cuarentena nos unió como familia, nos ayudó a entendernos, a conocernos y a valorarnos como familia.

Claro que pasar juntos todo el día y a toda hora provoca roces ocasionados por el estrés porque no podíamos salir, ir al parque o visitar a los abuelos. Eso fue difícil, el hecho de adaptarse a la nueva realidad.

El temor del contagio, no sabíamos mucho del virus, no teníamos mucha información de cómo nos afectó, eso sí me causó miedo, estrés, irritabilidad en algún momento. Traté evitar ver noticias a toda hora, sino más bien enterarme de lo esencial.

Ahora me he adaptado a la nueva realidad, he tratado de que no nos afecte. Mi esposo luego de dos meses de cuarentena tuvo que volver al trabajo y temíamos el contagio por él, pero finalmente eso es lo que nos tocó y así seguimos. Agradecidos por el trabajo y la salud. Esto si nos cambió la forma de ver la vida.