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La Riobamba antigua es un gancho turístico

La pileta del patio central es el eje decorativo principal  del ahora hotel Mansión Santa Isabella. Foto: El Comercio

La pileta del patio central es el eje decorativo principal del ahora hotel Mansión Santa Isabella. Foto: El Comercio

La pileta del patio central es el eje decorativo principal del ahora hotel Mansión Santa Isabella. Foto: El Comercio

Redacción Sierra Centro (I)

La arquitectura de corte europeo de las casas patrimoniales de Riobamba -edificadas entre 1810 y 1915- atrae a los turistas nacionales y extranjeros. Los propietarios de algunas de ellas aprovecharon esta potencialidad para instalar hostales, hoteles y restaurantes.

Uno de los sitios emblemáticos es el restaurante El Delirio, que funciona en la que fue casa del ilustre riobambeño Juan Bernardo de León. Fue edificada en 1813 y es famosa porque acogió al Libertador Simón Bolívar en su paso por la ciudad, en 1822.

Elementos arquitectónicos como las altas paredes de bareque, los marcos de madera labrada de las ventanas, la caminería empedrada que cruza el jardín frontal, entre otros detalles, son originales.

En el centro del jardín frontal se conserva la pileta original. Está rodeada de macetas con geranios y velas que se encienden en las noches. En el interior, el punto central de la decoración es una antigua chimenea situada en el centro de lo que fue la sala principal.

Para María Avilés, propietaria, cada detalle fue importante en el momento de elegir la decoración. Por eso investigó sobre objetos antiguos, plantas nativas e, incluso, recetas del menú, para que tuvieran relación con la época.

Otro inmueble histórico convertido en hotel es la Mansión Santa Isabella. Es una casa republicana, restaurada íntegramente para recuperar los detalles de su arquitectura.

En la fachada se destacan las ventanas simétricas coronadas por arcos rematados y balcones adornados con coloridas plantas ornamentales.

En el corredor de acceso al patio central, que funciona como recibidor, marcapisos y un zócalo de piedra sorprenden por la finura de sus tallados.

“Cuando compramos la casa estaba muy deteriorada y había construcciones añadidas para dividir los espacios en oficinas. Nos tomó tres años recuperarla”, cuenta Jenny Delgado, la propietaria.

En los corredores y el vestíbulo del hotel se colocaron muebles de madera oscura de corte clásico; también lámparas artesanales y plantas como geranios y helechos.

En el proceso de restauración, los contratistas encontraron un tramo del túnel que, según las leyendas, conectaba al convento de las Madres Franciscanas con el de los Jesuitas, en la Loma de Quito.