20 de agosto de 2019 00:00

La religiosidad y lo popular se conjugan en una exposición

La exposición ‘Percepciones Místicas’ de David Santillán estará abierta en el Carmen Alto, hasta finales de noviembre. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

La exposición ‘Percepciones Místicas’ de David Santillán estará abierta en el Carmen Alto, hasta finales de noviembre. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

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El llanto de La Virgen Dolorosa y las heridas sangrantes del Cristo Difunto, dos esculturas que forman parte de La Piedad -una de las escenas religiosas más impactantes del Museo del Carmen Alto- están acompañadas, desde el sábado (17 de agosto del 2019), de una instalación de David Santillán.

La pieza, compuesta por pequeños cuchimbolos y pelotas de fútbol donde aparecen una serie de llagas y estigmas, es parte de ‘Percepciones Místicas’, una exposición en la que Santillán propone un diálogo entre las obras de este museo, abierto hace cinco años, y una serie de obras que ha trabajado desde el 2001.

Las siete instalaciones que forman parte de la exhibición están compuestas por tres elementos: las obras del museo, muchas de ellas correspondientes a la Escuela Quiteña; piezas de la cultura popular; la poesía de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, dos autores que lo han acompañado desde su juventud.

Una de las reflexiones que se activan a través de este diálogo es la teatralidad del mundo colonial y la del mundo contemporáneo. “La obra que dialoga con La Piedad es una metáfora del pensamiento judeo-cristiano sobre la pasión, el dolor y el sufrimiento como un medio para llegar a la felicidad”.

A la teatralidad se suma su interés por mostrar el sincretismo que hay en estos dos mundos. Un ejemplo de este ejercicio es la instalación que armó al pie de un cuadro donde Santa Teresa intercede para que los demonios se alejen del sacerdote pecador, donde colocó una botella de raíces de mandrágora.

En esta instalación el artista reinterpreta la obra de Santa Teresa de Jesús.  Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

En esta instalación el artista reinterpreta la obra de Santa Teresa de Jesús. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Esta pócima, que se vende en los alrededores de la iglesia de San Francisco y que, entre otras, cosas sirve para alejar las malas energías, está acompañada de imágenes de demonios del pasado y del futuro, producto de la ingeniería genética.

En estas instalaciones, aunque el autor no lo reconozca, también hay un ejercicio de desacralización de las obras de arte religioso que se exhiben en este museo. Ahí está el cuadro que colocó junto a Mater Omnium, un lienzo donde aparece la Virgen María protegiendo a los fieles con su manto. En su versión de esta obra, Santillán elimina a las 19 figuras que acompañan a la virgen y la fragmenta.

Su intención por activar este diálogo también lo impulsó a trabajar instalaciones que con facilidad se mimetizan con algunos espacios de museo, como sucede en la sala de costura, donde colocó una reinterpretación del Cristo Resucitado de Caspicara, una pequeña escultura elaborada con cristales de colores.

Con esta exposición, que estará abierta hasta finales de noviembre, Santillán demuestra que la espiritualidad y la contemplación, que evocan las piezas de este museo, pueden tener nuevas lecturas desde el arte contemporáneo.

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