7 de octubre de 2018 00:00

La región aún se enreda en disputas limítrofes

El 1 de octubre la Corte de Justicia (CIJ) en La Haya (Holanda) leyó el fallo en frente de la delegación del Gobierno boliviano, encabezada por el presidente Evo Morales. Foto: Bas Czerwinski / EFE

El 1 de octubre la Corte de Justicia (CIJ) en La Haya (Holanda) leyó el fallo en frente de la delegación del Gobierno boliviano, encabezada por el presidente Evo Morales. Foto: Bas Czerwinski / EFE

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Agustín Eusse
Editor (O)

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Casi exactamente 135 años después del final de la Guerra del Pacífico, en la que Bolivia perdió su acceso al mar, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la ONU decidió que Chile, que ganó esa contienda, no está obligado a negociar con La Paz para que recupere su salida al océano.

Bolivia basa sus argumentos en que Chile se comprometió a lo largo del último siglo a negociar un acceso marítimo soberano. Chile, sin embargo, afirma que si dialogó en el pasado fue por un acto de buena voluntad y no como el reconocimiento de una obligación pendiente, que en su opinión quedó zanjada tras la firma de un acuerdo en 1904.

Desde 1978 los dos países protagonizan la ruptura más larga de relaciones diplomáticas en América Latina: cuatro décadas de tensiones y roces entre dos vecinos que no han logrado superar las consecuencias de la guerra que los enfrentó a fines del siglo XIX.

La histórica confrontación de cuatro años, desatada en 1879 y en la que Bolivia perdió su acceso al mar, dejó profundas huellas que los bolivianos sienten como una suerte de mutilación que les impide acceder a un mayor desarrollo, mientras que en Chile es percibida como una molestia permanente que ha fomentado la imagen de ‘mal vecino’.

Pero ¿cómo perdió Bolivia su salida al mar y pasó a ser uno de los dos únicos países de Sudamérica -junto a Paraguay-en no tener litoral? Desde su nacimiento como país en 1825, el territorio soberano de Bolivia se extendía hacia el occidente hasta llegar al mar. En la costa, su frontera norte era con Perú y la del sur con Chile.

La subida de impuestos por parte del Gobierno boliviano a los exportadores chilenos de salitre fue el detonante. Luego a acusar a Bolivia de violar un tratado comercial firmado en 1874, el ejército chileno ocupó el puerto boliviano de Antofagasta en febrero de 1879.

El conflicto conocido como Guerra del Guano y el Salitre también involucró a Perú, aliado de Bolivia. En 1881 las fuerzas chilenas ocuparon Lima y dos años más tarde Perú cedió a Chile el departamento de Tarapacá, además de las provincias de Arica y Tacna.

La victoria chilena movió su frontera hacia el norte y esto dejó a Bolivia sin 120 000 km2 de territorio y 400 kilómetros de costa. La actual delimitación territorial fue fijada en nuevo tratado firmado en 1904, en el que se afirmaba que la soberanía chilena se extiende hasta la frontera con Perú y la de Bolivia no alcanza a tocar el mar.

En los últimos 40 años ningún esfuerzo por recomponer los vínculos ha prosperado. De 1975 bajo los gobiernos de facto de Hugo Banzer (Bolivia) y Augusto Pinochet (Chile) data la más cercana posibilidad de acuerdo, el llamado ‘Abrazo de Charaña’, en el que Chile cedía a Bolivia un corredor soberano al norte de la ciudad de Arica. La Paz lo rechazó.

Años más tarde, durante el gobierno socialista de Michelle Bachelet (2006-2010) se estableció una ‘Agenda de 13 puntos’, que incluía el tema del mar, pero que al igual que Charaña, terminó sin resultados.

Un punto de inflexión se dio en 2013, con un mayor deterioro de las relaciones tras la decisión del presidente Evo Morales de demandar a Chile en la Corte de La Haya, para obligarle a negociar la salida al mar.

La emergencia de los nacionalismos, las aspiraciones políticas de Morales y el cada vez menor consenso en Chile en torno a hacerle concesiones a Bolivia se mencionan como parte de los factores que les han impedido a los dos vecinos restablecer las relaciones.

Aquí nos enfrentamos una vez más, como en tantas otras manifestaciones de la historia latinoamericana, con la fuerte impronta del nacionalismo, sostiene el catedrático boliviano Carlos Cordero.

Si en Bolivia la pérdida de la salida al mar es vista como una gran afrenta, en Chile también hay un reflejo defensivo nacionalista como respuesta a la agresividad, agrega el analista.

Lo cierto es que la sentencia de la Corte representó un triunfo para la estrategia chilena. Mientras el Gobierno de Morales desplegó desde 2013 una ofensiva comunicacional, diplomática y jurídica, Chile abordó la demanda boliviana desde una perspectiva fundamentalmente jurídica.

Además de este caso, hay otras seis disputas territoriales entre países latinoamericanos que se litigan en la Corte de La Haya. Esto representa el 50% de la totalidad de casos manejados en la actualidad por la CIJ. Costa Rica y Nicaragua han recurrido a la Corte en diversas ocasiones para resolver sus conflictos fronterizos. Actualmente, tienen abiertos tres casos.

Una región del mar caribe ha sido por años un punto contencioso entre Nicaragua y Colombia. La confrontación se centra en el archipiélago formado por las islas San Andrés, Providencia y Santa Catalina y de un grupo de islotes que se encuentran en un área de 50 000 km2 del mar Caribe.

Las relaciones entre Colombia y Venezuela se han alterado no solo por las diferencias políticas sino por aspectos limítrofes. Las negociaciones sobre el diferendo en torno al Golfo de Venezuela han estado congeladas por décadas.
Guatemala y Belice tienen divergencias hace más de 150 años. El primero reclama una porción de más de 11 000 km2 del territorio de Belice, así como centenares de islas.

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