22 de diciembre de 2019 01:03

Desde ‘pañuelos verdes’ hasta ‘el violador eres tú’

Más de 200 mujeres convocadas por la Asamblea Feminista de Valencia realizaron una “intervención-réplica” en valenciano, de ‘Un violador en tu camino’, del grupo Tesis. Manuel Bruque / EFE.

Más de 200 mujeres convocadas por la Asamblea Feminista de Valencia realizaron una “intervención-réplica” en valenciano, de ‘Un violador en tu camino’, del grupo Tesis. Manuel Bruque / EFE.

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Nancy Verdezoto

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El 2019 fue un año intenso para el feminismo. Esta lucha, que comenzó hace algunas décadas, tomó en estos meses un gran vuelo, sobre todo en los países en donde existe una profunda brecha de género.

En naciones de América Latina, como Argentina y México, surgieron fuertes movimientos feministas para combatir no solo la inequidad sino también la violencia, que este año llegó a cifras escalofriantes. En el país norteamericano, una de cada cuatro niñas sufre abuso sexual antes de cumplir la mayoría de edad; en Argentina la situación es similar: 9 de cada 10 víctimas de violencia sexual son mujeres y un 40% es menor de edad, según las frías cifras oficiales.

La violencia ha ido en escalada y no solo se trata de violaciones sino también de femicidios y de embarazos adolescentes productos de violaciones. En la mayoría de países del continente, el aborto está penado por la ley, incluso si se trata de un embarazo producto de violencia sexual. De hecho, tres naciones de América Central -República Dominicana, Nicaragua y El Salvador- prohíben el aborto en cualquier circunstancia y las mujeres que lo practiquen irán a la cárcel.

Esto ha provocado que millones de mujeres se sometan a abortos en condiciones peligrosas y sin contar con el cuidado médico adecuado. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año hubo en el mundo unos 25 millones de abortos sin condiciones de seguridad, casi todos ellos en países en vías de desarrollo. Como consecuencia de esto, entre un 4,7% y un 13,2% de la mortalidad materna anual se atribuye a abortos inseguros.

Si a esto se suma la inequidad en temas laborales, de acceso a educación, salud y oportunidades de desarrollo personal, la situación para las mujeres desbordó los límites razonables. Las mujeres se organizan para exigir un trato justo y la protección de sus derechos.

En febrero pasado empezaron las primeras protestas del año en Argentina. El grupo conocido como el de los ‘Pañuelos Verdes’ volvió a pedir a los diputados que se incluyera en la legislación del país la despenalización de cualquier aborto hasta la semana 14 de gestación. Ahora se sanciona con prisión de uno a cuatro años si fuera con consentimiento.

A finales del 2018, este grupo despertó en la gente la efervescencia de las protestas. De pronto todo el continente se levantó y empezaron a surgir ‘pañuelos verdes’ en América Latina. Lo peculiar de este movimiento es que no solamente acoge a mujeres sino también a hombres que creían justo el reclamo de ellas.

Aunque el feminismo se volvió un tema mundial, la violencia de género ha ido en aumento. Algo así como un espiral, en donde el número de víctimas se hacía visible de forma paralela al interés que el tema despertaba en la sociedad.

Los especialistas afirman que no se puede hablar de un aumento en las cifras de delitos sino en la cantidad de denuncias que se realizan.
Ahora hay un empoderamiento que ha abierto la puerta para enfrentar y hablar sobre la violencia. Se busca romper los estigmas que se pueden generar sobre este tema.

De hecho, esto es lo que motivó la creación de la última campaña feminista “Un violador en tu camino”. Esta iniciativa nació en Chile y se presentó al mundo el pasado 20 de noviembre en Valparaíso y cinco días después en la capital del país, Santiago.

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía”, reza el estribillo de la coreografía, en la que participan las mujeres. Pone el foco en los agresores y aclara que las mujeres nunca son culpables de sufrir violencia machista.
Esta ‘perfomance’ se ha realizado en varias ciudades del mundo y ha motivado que muchas mujeres que habían sufrido agresiones denunciaran sus casos, señalando que ni la ropa que llevaban -el uniforme del colegio, un vestido blanco- ni el lugar en el estaban cuando fueron agredidas -su casa, la casa de algún familiar- tuvieron nada que ver con lo que les ocurrió.

Analía Miskowiec, abogada, feminista y asesora en materia de discriminación, xenofobia, racismo y derechos humanos de Argentina, explicó que lo más común siempre es culpabilizar a la víctima cuando sufre de violencia sexual. “La clásica advertencia materna de ‘no salgas con esa falda, te van a violar’ pone la carga en la falda y no en el violador. Este es un mensaje por lo menos contradictorio, la hija escucha y siente que la responsabilidad está en la prenda y en su propio cuerpo y no en el otro. De ahí se construye una realidad que debe ser modificada por otra realidad: que la hija es víctima y el victimario, violador”, señaló.

Hace unos días, el Foro Económico Mundial presentó su informe anual sobre la brecha entre hombres y mujeres en términos políticos, sociales, económicos y de salud. Aunque los resultados muestran que se ha reducido en el último año, tomará un siglo en cerrarse completamente. El estudio predijo que las mujeres tardarán hasta 99,5 años en gozar de una igualdad real con los hombres, a pesar de que están en cargos de liderazgo en importantes entidades mundiales.

De hecho, el Congreso del Ecuador también tomó medidas para mejorar la participación política de las mujeres. A inicios de este mes se aprobó que en la elección del 2025, los binomios que busquen la Presidencia estén compuestos por un hombre y una mujer o viceversa, una medida que no fue del agrado de todos.

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