26 de abril de 2019 19:39

Recorrido por un Hotel del Terror en Quito: ‘Si alguien siente que no puede continuar, diga auxilio’

Foto: Estefanía Velasco / EL COMERCIO

Los personajes del recorrido por el Hotel del Terror posan para los visitantes. Foto: Estefanía Velasco / EL COMERCIO

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Estefanía Velasco
Redactora. (I)

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El grupo Tertulia y Misterio organiza un recorrido llamado el Hotel del Horror que se desarrolla en el Hotel Cumandá, ubicado en la av. 24 de Mayo, frente al parque que lleva el mismo nombre en el Centro Histórico de Quito.

Al llegar al local, la anfitriona Ana María Llanos explica que el recorrido demorará 45 minutos. Los arriesgados visitantes escucharán historias de drama y tragedia en cuatro habitaciones de la parte antigua del Hotel Cumandá. Llanos advierte que se escucharán sonidos diversos y se visualizarán a personas y objetos que pueden afectar la susceptibilidad de los visitantes. “Si alguien siente que no puede continuar, deberá decir ‘auxilio’ para retirarlo del lugar”, dice la anfitriona.

El trayecto arranca cuando el reloj marca las 19:20. Hay que subir las gradas de un estrecho pasillo que está apenas alumbrado por una linterna. Al terminar las escaleras se ingresa en un patio, este divide el área nueva de la antigua.

Nos recibe el guía de la ruta que no es precisamente un mayordomo, como se creería por ser un lugar de hospedaje. Es un hombre que luce una camiseta blanca manchada de sangre con el cuello cortado y el rostro lleno de heridas. Él empieza a relatar que cuando estaba vivo se dedicaba a delinquir por los alrededores de la Exterminal Terrestre Cumandá. Mientras tanto avanzamos, en medio de la oscuridad, por el patio hacia la primera habitación.

“Ingresen todos rápido”, dice el guía para acceder al cuarto. Allí se observan ramas y hojas regadas por el suelo. Hay una cama que está mal hecha y un par de cuadros extraños colgados en la pared. El hombre cuenta que él era uno de los huéspedes del hotel, que se dedicaba a robar y que falleció en un atropellamiento.

El huésped relata además que en esa habitación se hacía brujería y enfoca con la linterna a un espejo en el que se ven pequeños monigotes de tela con agujas. Se escuchan golpes en la puerta. Ingresa la representación de un alma en pena, balbucea y emite sonidos indescifrables mientras mueve sus manos y corre, mira a los visitantes fijamente a través de una máscara. Sale de la habitación y el guía cuenta que según el personal de limpieza de ese hotel, se habría encontrado objetos relacionados con la brujería en las habitaciones del Cumandá.

Foto: Armando Lara / EL COMERCIO

15 personas ingresaron al antiguo Hotel Cumandá la noche del jueves 25 de abril de 2019 para poner a prueba su miedo.

Ahora hay que salir, todo continúa oscuro; al subir otras gradas, en las esquinas hay representaciones de almas en pena. Se escuchan gritos, golpes y pasos. En la segunda habitación, el huésped-guía dice que en el sector se realizaban negocios ‘chuecos’ y pide guardar silencio para escuchar a los protagonistas de la historia de esa alcoba.

Dos mujeres y un hombre visiblemente alcoholizados, escuchando música y riendo empiezan la teatralización. La trama gira en torno a una de las chicas que está allí para hacer de ‘mula’ (personas que trasladan droga en el estómago). Los tres lucen como sí se tratara de los espíritus de esas personas. Gabo, el supuesto narcotraficante, le pide a la joven que trague las cápsulas de cocaína. Ella está nerviosa y no logra hacerlo. Llora. La otra mujer le dice ‘loca el Gabo ya nos dio el dinero para tu vieja, trágate eso’.
El hombre empieza a desesperarse, pierde el control y sujeta a la mujer del cabello, la arrastra hacia el baño. Se escuchan golpes y súplicas de ella para que no le haga daño. La otra chica que permanece afuera grita que por favor le dé otra oportunidad. No tiene respuesta y abandona el dormitorio. El guía pide continuar.

Todo terminó en el segundo piso y ahora hay que ir al tercero. “Cuidado se encuentran con el curandero” menciona el guía. Las personas gritan por los estímulos que se perciben para que la experiencia sea más tenebrosa. Al llegar, hay un bulto con sangre que cuelga de una viga del techo. Ingresamos a otro dormitorio para conocer la tercera historia del recorrido. En el suelo está sentado con las rodillas flexionadas y la cabeza abajo un joven al que aún no se le puede ver la cara.

El guía dice que se trata de un gran amigo suyo, con el que habría pasado tiempo en el penal. En una tela blanca y deshilachada se lee “El niño del terror”. Se escuchan canciones de salsa. El muchacho se levanta, baja el volumen y empieza a contar cómo fue su vida. Se trata de Juan Fernando Hermosa, menor de edad al que se le atribuyeron hechos de violencia en los años 90. La escenificación del lugar intenta recrear el día en el que murió Hermosa, durante la celebración de sus veinte años. Por lo que el personaje también luce su cara con heridas de bala y sangre en su ropa.

Para la cuarta y última habitación hay que pasar junto a un sofá en el que hay un cuerpo que se mueve bajo una cobija y emite sonidos. Asimismo, detrás del grupo de visitantes está un hombre que a ratos se arrastra por el suelo vestido de negro y gruñe. El ambiente asusta.

Foto: Armando Lara / EL COMERCIO

Un bulto que permanece sobre un sofá asusta a los visitantes que realizan el recorrido. Foto: Armando Lara / EL COMERCIO


Dentro del dormitorio hay una mujer que viste el atuendo que usan los médicos para operar. El personaje se llama Carmen Mata y es una mujer que tiene el rostro quemado, dice ser una pediatra a la que le encantan los niños. En ese cuarto se cuenta la historia ficticia de un niño vendedor de caramelos que desapareció y fue víctima de tráfico de órganos. La puesta en escena de esa habitación es la más perturbadora. Hay una cama en la que está un monigote pequeño que representa al niño. Por las sábanas están desperdigados algunos instrumentos médicos. También hay unos ojos con rastros de sangre en la parte inferior de la cama. El guía pide que “cuiden de los niños”.

Al salir del último cuarto hay que correr porque algunos de los disfrazados que se ven a lo largo del trayecto te empiezan a seguir por las escaleras. Nuevamente se escuchan golpes, gritos y el sonido de una pistola de carga eléctrica.

Se bajan varias escaleras y el recorrido termina en el lugar de la recepción en donde todo empezó. La anfitriona está esperando y pide a las personas que vivieron la experiencia que cuenten cómo les pareció. Salen los personajes y agradecen al público. El miedo acabó.

Contacto grupo Tertulia y Misterio:
097 9 355 789

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