1 de diciembre de 2019 00:00

En Quito hay muchos no lugares

Grace Yépez, en medio del jardín que tiene en la parte exterior de su oficina, en Miraflores.  Es parte de uno de los tres equipos finalistas del concurso del Corredor Metropolitano. Foto: Diego Pallero / ELCOMERCIO

Grace Yépez, en medio del jardín que tiene en la parte exterior de su oficina, en Miraflores. Es parte de uno de los tres equipos finalistas del concurso del Corredor Metropolitano. Foto: Diego Pallero / ELCOMERCIO

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Gabriel Flores

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Grace Yépez ha dedicado su vida profesional a pensar y crear
proyectos que ayuden a que las ciudades sean más habitables. Una de sus tesis es que hay que volver la mirada a la vida de barrio

La idea de que Quito se ha convertido en una ciudad inhabitable ha cobrado fuerza durante los últimos años. A su crecimiento desordenado se ha sumado el deseo de más personas por vivir en lugares cada vez más lejanos. En esta entrevista, la arquitecta Grace Yépez reflexiona sobre las posibilidades de que Quito vuelva a ser una ciudad habitable.

¿En qué momento Quito se convirtió en una ciudad inhabitable?


Creo que Quito se volvió una ciudad inhabitable a partir de la década de los ochenta. Con el ‘boom’ petrolero creció, pero lo hizo como pudo y donde pudo. Pienso que, en general, las ciudades latinoamericanas han respondido a patrones de crecimiento que no necesariamente están vinculados a la planificación. Eso hace que la gente construya la ciudad mucho más rápido de lo que alguien la pueda planificar. Para mí, en Quito la necesidad de tener una casa ha sido más fuerte que la planificación.

¿Qué otros factores han influido en esta inhabitabilidad de la ciudad?

Otro de los factores que han influido en esta inhabitabilidad es que vivimos en una ciudad poco igualitaria. Eso ha generado que mucha gente se encierre en urbanizaciones. No vivir en comunidad ha provocado que la ciudad pierda la posibilidad de ser habitada y que se vacíe.

El filósofo francés Marc Augé acuñó el concepto ‘no lugar’ para referirse a espacios que no se habitan sino que solo se transitan, ¿qué espacios de Quito consideraría como no lugares?


Los no lugares son espacios que te hacen sentir como alguien no deseado y creo que en Quito hay muchos de esos. Pienso en las calles por donde uno camina y solo te acompañan unos muros gigantescos por kilómetros y kilómetros. Se piensa que los no lugares son solo espacios enormes donde no pasa nada, pero también pueden ser lugares pequeños, por ejemplo, el parque de un barrio del que nadie se apropia. Pero más que de no lugares me gusta hablar de espacios en los que la gente no puede estar.

¿Cree que la 10 de Agosto es un no lugar?


A este sector no lo llamaría un no lugar pero sí un lugar incompleto y no confortable. Es un espacio de la ciudad que se quedó estancado en el tiempo. Fue un eje principal de la ciudad, pero ese mismo hecho hizo que se dé prioridad a los automóviles antes que a la gente. Cuando se abrieron otras arterias viales empezó a perder su fuerza. Aunque funcionan algunas cosas, perdió identidad e interés para la ciudad.

Acaba de mencionar el tema de la identidad, ¿Quito tiene una como ciudad?


Creo que sí. Quito tiene una identidad de montaña, de sol y de viento. Tiene unas montañas y un cielo particulares y creo que pocas personas valoran eso. Nos hemos dejado rodear por una ciudad bastante amorfa, que pensamos que no nos aporta nada. Ahí es cuando cada uno hace su casa como quiere y como puede.

Han existido proyectos públicos y privados para que, sobre todo, el Centro de la ciudad vuelva a ser habitable pero los resultados no han sido los deseados, ¿por qué?

Para que un centro funcione no tiene que vivir solo del comercio y tampoco solo de la vivienda. Pienso que los centros activos son los que invitan a que tanto jóvenes veinteañeros como personas jubiladas quieran vivirlo. Tiene que ser atractivo no solo para el turista sino para que todos queramos vivir allí. Frente a la plaza de Santo Domingo, en una esquina con problemas de drogas y prostitución, abrieron un hotel. Cuando le preguntaron al dueño por qué decidió abrirlo en ese espacio, respondió que es un lujo vivir en ese sector, porque las piedras están llenas de valor histórico. Creo que deberíamos volver a tener amor y respeto por la piedra, eso nos ayudaría a querer habitar más la ciudad.

El sociólogo Richard Sennett sostiene que construir no es habitar, ¿cómo lograr que Quito sea habitable más allá de los proyectos urbanísticos?

Podemos lograr que Quito sea más habitable generando más participación de la gente. Me parece que cuando tú construyes algo lo valoras más. Necesitamos lugares que nos acojan y de los que no queramos irnos. Los ciudadanos hemos dejado que la ciudad se haga como pueda y ese ha sido un error. En ese contexto hay que apuntar a lo micro, a los barrios. Los proyectos no tienen que depender solo de los urbanistas sino también de la gente. Seguir construyendo la ciudad solo pensando en querer tener un techo nos va a llevar a un caos general.

¿Se le ocurre un barrio de la ciudad que todavía sea habitable?

Miraflores es un barrio que todavía puedes habitar, donde la gente se preocupa de su vecino y donde aún se puede caminar y tomar el autobús con facilidad. También pienso en barrios como La Magdalena, La Villa Flora o San Juan.

También se habla mucho de La Floresta, ¿cuál es su lectura de este barrio?

Creo que La Floresta es un barrio que tiene posibilidades de crecer, porque tiene una organización barrial. La gente lucha por el respeto a vivir ahí y eso es interesante. Por otro lado es un barrio que tiene mucha presión. Se ha vuelto tan atractivo que todos quieren ir para allá. Lo malo es que hay mucho de lo que ellos mismos llaman ‘mariscalización’, ese miedo a convertirse en una Mariscal 2. Creo que para ellos saber vivir en comunidad va a ser la clave de su desarrollo.

¿Y qué pasa con sectores como Calderón?

Calderón me preocupa mucho porque es un sector que ha perdido su esencia. Ahora está lleno de urbanizaciones sin espacios de encuentro. Antes tenía referentes culturales fuertes, desde las bandas hasta el mazapán. Calderón tiene que pensar que debe convertirse en un barrio para vivir y no solo uno donde la gente va a dormir. Hay muchos de esos lugares en la ciudad. Barrios vacíos que solo se activan de 18:00 a 22:00 y luego desaparecen. Hacer barrios así solo lleva a que la gente viva intramuros y además que busque lugares lejanos con otras características.

¿Es posible recuperar la vida de barrio en zonas como el hipercentro?

Creo que sí, siempre que haya una estrategia para que la gente viva como quiere vivir. El hipercentro necesita activarse con espacios alternativos. Está La Carolina, pero quizás mucha gente lo que necesita es una plaza o parque pequeños más próximos. Podemos imaginar que las torres de
los edificios son como pequeños barrios pero no lo son.

La inhabitabilidad de la ciudad es más evidente en las noches, ¿cómo lograr que la ciudad sea habitable después de las 20:00?

Si la ciudad sigue amurallándose y encerrándose, el paisaje nocturno no va a cambiar. Se malinterpreta que vivir la noche es vivir la fiesta, pero no es solo eso. Si vemos la Portugal parece una calle supereuropea, pero querer que todas las calles sean iguales sería un error. También hay que aceptar que en Quito hace frío por las noches y eso te condiciona.

En ese contexto, ¿cuál es el papel que juega la apropiación de los espacios públicos por parte de la gente?

Creo que más importante que tener espacios públicos es tener espacios de encuentro de calidad. El espacio público debe tener un rol dependiendo en donde está. Los espacios públicos tienen que ser diversos. No puede ser que tengas la escalera china en todas partes. Se tiene que pensar en espacios públicos multiescala, multiservicio y multirrol. Si los espacios públicos segregan, pensemos en dónde más nos vamos a encontrar.

¿Cuál es la influencia real de la geografía en esta idea de inhabitabilidad?

Pienso que las quebradas son parte de nuestra geografía, de nuestro ADN, así que rellenarlas me parece incorrecto, algo que nos debilita como ciudad. En ese contexto, en el sur hay un gran potencial, porque todavía se puede vivir entre quebradas, algo que en el norte sería impensable.

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