19 de noviembre de 2020 18:31

Químicos de la minería ilegal amenazan a los ríos del Chocó ecuatoriano

El Ministerio del Ambiente y del Agua no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre lo ocurrido en San Lorenzo, pero dio a conocer a este Diario que próximamente se realizará una inspección ambiental en la zona.

El Ministerio del Ambiente no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre lo ocurrido en San Lorenzo, pero dio a conocer a este Diario que próximamente se realizará una inspección ambiental en la zona. Foto: Cortesía Fuerzas Armadas

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

El Chocó ecuatoriano es uno de los puntos más biodiversos del planeta, pero al mismo tiempo una de los más amenazados por la deforestación. Los cultivos de palma, la tala de bosques y la minería ilegal son algunas de las actividades que están afectando a los ecosistemas de esta zona. Este 19 de noviembre del 2020, cinco personas fallecieron en el sector de Los Ajos, en San Lorenzo, donde alrededor de 100 mineros realizaban la práctica informal.

Un reporte de Monitoring of the Andean Project (MAAP) demuestra que el 61% del bosque del Chocó ha sido deforestado. Esta región se encuentra al noroeste de Ecuador. Según este informe de la iniciativa creada por Amazon Conservation y Conservación Amazónica, históricamente se han perdido 1,8 millones de hectáreas de bosque en tres rangos de elevación. El 20% de la disminución de hábitats se ha reportado desde el año 2000 y solo entre 2017 y 2018 se ha evidenciado la pérdida de 4 000 hectáreas.

Nathalia Bonilla, presidenta de Acción Ecológica, explica que la minería ilegal de oro es uno de los mayores problemas en esta zona. Esta conlleva a la destrucción de los bosques, a la pérdida de biodiversidad, a la contaminación de los ríos y al deterioro en la salud de las personas.

La minería ha persistido en los cantones de Eloy Alfaro y San Lorenzo, dice Bonilla, a pesar de que existen medidas cautelares establecidas desde el 2011 y ampliadas en 2018 para evitar el daño causado por estas actividades. Bonilla considera que la situación en esta zona, especialmente en ambos cantones, es incluso peor que la de Buenos Aires, en Imbabura.

Para Bonilla, esto se intensificó durante la pandemia, ya que la minería ilegal no detuvo sus actividades en la cuarentena. Con esto coincide Eduardo Rebolledo, investigador de la Escuela de gestión Ambiental de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador – Sede Esmeraldas (EGA-Pucese), quien se ha dedicado a estudiar la calidad del agua de los ríos de la provincia.

La alta concentración de aluminio y hierro se ha convertido en una constante en esos ecosistemas. El río Cachaví, en el cantón San Lorenzo, es el que registra la mayor afectación minera en el norte de Esmeraldas. Un estudio realizado en el 2015 por EGA Pucese evidenció que en este río se superaba más de 20 veces la norma establecida para presencia de aluminio. El contenido de este metal es similar en los ríos Huimbi, Wimbicito y Estero María.

Rebolledo dice que los lugares que ya fueron controlados antes, en los últimos dos años se reactivaron nuevamente y la minería informal ha pasado a ser parte del entorno. El especialista explica que los ríos de la zona norte tienen una alta biodiversidad y también son fuente de alimento para las personas. Pero en algunos se ha encontrado peces con deformidades. Hasta el momento no se ha logrado comprobar si están directamente relacionados con la minería, pero se cree que se debe a la cantidad de metales que hay en esta agua.

Inty Arcos, coordinador técnico de la Mancomunidad del Chocó Andino, explica que en esta área del Chocó, ubicada al noroccidente de Pichincha, la minería también se ha convertido en una amenaza. A pesar de que fue declarada como Reserva de Biósfera de la Unesco, las actividades continúan.

Entre los ríos que más han sufrido los impactos, dice Arcos, está el Pishashi. Los químicos con los que se purifica el mineral se dirigen hacia este cuerpo de agua. Su enfoque ahora está en evitar que se realicen estas actividades en San Francisco de Pachijal.

En esta zona se combinan dos puntos calientes de biodiversidad que son el Chocó Magdalena y los Andes tropicales. Se estima que habitan más de 600 especies de aves, 3 000 especies de plantas y una gran cantidad de ranas endémicas y en peligro de extinción. Además, es parte del corredor del oso andino.

El Ministerio del Ambiente y del Agua no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre lo ocurrido en San Lorenzo, pero dio a conocer a este Diario que próximamente se realizará una inspección ambiental en la zona.

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