30 de septiembre de 2018 00:00

La próxima crisis, ¿en el 2020?

La quiebra de Lehman Brothers, en septiembre del 2008, marcó el inicio de la reciente crisis mundial. Foto: AFP.

La quiebra de Lehman Brothers, en septiembre del 2008, marcó el inicio de la reciente crisis mundial. Foto: AFP.

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César Augusto Sosa
Macroeditor (O)

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El mundo recuerda este mes los 10 años de la quiebra de Lehman Brothers, un hecho que marcó el comienzo de la crisis financiera y económica global del 2008. Quien predijo esa crisis advierte ahora que la siguiente recesión será peor y que llegará en el 2020.

El autor es Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York, quien ganó fama por sus proyecciones sobre la crisis del 2008, aunque eso le mereció el apodo de “Dr. Doom” (doctor catástrofe).

Este mes, Roubini se puso nuevamente el sombrero de agorero y publicó un artículo en el Financial Times. Ahí sostiene que la próxima ‘tormenta perfecta’ está en proceso de formación y que en un par de años alcanzará el grado de destrucción, incluso mayor al registrado hace una década.

La crisis del 2008 se equipara solamente con la Gran Depresión de 1929, que tuvo efectos profundos a escala mundial. Además, fue la de más larga duración, ya que se extendió hasta finales de la década de 1930 e inicios de 1940.

En su artículo de este mes, Roubini sostiene que la expansión mundial continuará este y el próximo año, producto de las políticas de estímulo en EE.UU., Europa y China. Sin embargo, los efectos de esas políticas ya habrán desaparecido en el 2020, lo que reducirá el ritmo de crecimiento.

Este escenario va de la mano de la política de la Reserva Federal de Estados Unidos, que se caracteriza por el aumento de las tasas de interés. Estas llegarán a un 3,5% a principios del 2020 y marcará la agenda de otros bancos centrales, que seguirán la misma línea. Como consecuencia, el crédito se encarecerá, la liquidez se reducirá y por ende se afectará la actividad económica.

El cóctel de la próxima recesión también contempla las fricciones comerciales de Estados Unidos con China, Europa y los países del Nafta (Canadá y México), las cuales irán en aumento, aunque no necesariamente llegarán a una guerra comercial a gran escala.

“Estas fricciones son solo síntomas de la rivalidad mucho más profunda para determinar el liderazgo global en las tecnologías del futuro, pero su efecto será un menor crecimiento y más inflación”, dijo.

Roubini no es el único que ve una crisis en el horizonte. En una entrevista con el diario El País, Jean-Claude Trichet, expresidente del Banco Central Europeo entre 2003 y 2011, dijo hace dos semanas: “Estamos allanando el camino para la próxima crisis, debido a la acumulación de deudas (pública y privada)”.

Aunque Trichet no cree que se repita una crisis como la de Lehman Brothers, sí cree que la situación actual es muy vulnerable. “Uno de los buenos indicadores de vulnerabilidad es el endeudamiento global, público y privado, como porcentaje del PIB global. Estamos en una situación que es tan grave hoy como lo era en el momento de la crisis (2008)”.

Y si se quiere encontrar más indicios de la nueva ‘tormenta perfecta’, hay otros economistas que están poniendo en escena la sobrevaloración de las acciones en el mercado estadounidense, de una nueva burbuja inmobiliaria, del aumento de la morosidad en las hipotecas, de la menor confianza en el largo plazo, etc.

Ahora, hay que reconocer que cuando se quiere justificar un escenario de recesión los economistas son buenos para encontrar las causas de la crisis. Y si esta no se presenta, también son buenos para explicar por qué no ocurrió. “Los economistas siempre están inventando crisis y luego se inventan las razones por las que no ocurren”, dice medio en broma Roberto Salazar, economista principal de Hexagon Consultores Cía Ltda.

Para Augusto de la Torre, exjefe del Banco Mundial para América Latina, es fácil imaginarse escenarios de crisis, pero hasta ahora no existe un modelo que permita predecir si esta llegará. “Es fácil imaginarse la confluencia de fenómenos globales como la guerra comercial y su efecto sobre el valor de las monedas. O también imaginarse que el desequilibrio fiscal en Estados Unidos obliga a subir las tasas de interés y que eso altera los flujos de capitales”. Pero una cosa es armar escenarios -que es más intuitivo-, y otra es hacer pronósticos.

Incluso estos últimos son limitados, porque se basan en datos históricos que suponen que los patrones del pasado se repiten en el futuro.

Pero el pasado no determina el futuro. “La economía es un sistema de complejidades y en buena medida es “impredecible”, dice De la Torre, pese a que existen ciertas leyes que permiten entender cómo funciona la economía.

De todas formas, De la Torre también ve riesgos en el futuro, aunque no sabe cuándo ocurrirán. Y uno de los principales nace del retroceso en el plan de regulación financiera en Estados Unidos, debido a la resistencia política.

La lección que dejó la quiebra de Lehman Brothers fue la necesidad de implementar una profunda reforma regulatoria. Eso implica tener un sistema financiero más pequeño, más costoso pero más prudente. Esa transición es complicada para las empresas, gobiernos, hogares y bancos.

Salazar, en cambio, destaca que a diferencia de lo que ocurrió en el 2008, ahora hay un factor que está impulsando el crecimiento mundial: la cuarta revolución industrial, que promete crear más riqueza.

Quienes pronostican una gran recesión, dice, están haciendo un análisis pasivo de la economía. La política económica sirve para reducir los riesgos, aunque tampoco garantiza que no haya crisis.

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