12 de enero de 2019 00:00

Pulinguí, en la provincia del Chimborazo, abre sus granjas a turistas escolares

Los turistas comparten las actividades cotidianas de la comunidad, como trabajar en las chacras y cosechar

Los turistas comparten las actividades cotidianas de la comunidad, como trabajar en las chacras y cosechar. Foto: William Tibán para El Comercio

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Cristina Márquez

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La vida sencilla y las actividades cotidianas de la gente de las comunidades de Chimborazo atraen a los estudiantes universitarios y secundarios de ciudades grandes y agitadas como Montreal, en el estado de Quebec, en Canadá.

Eso motivó a la operadora turística Puruhá Razurku a incluir en su oferta una ruta de turismo vivencial en las comunidades de Pulinguí (Guano). Los comuneros reciben a los turistas en sus casas, les muestran cómo es su rutina, comparten sus alimentos típicos y les permiten conocer a sus hijos y jugar con ellos. Todo forma parte de un intercambio cultural para cumplir un objetivo de ayuda mutua.

“Esta es una experiencia única en sus vidas. El objetivo más importante de este viaje es enseñarles valores, que miren la vida de la gente en contraste con el consumismo y las rutinas agitadas de las grandes ciudades, para que la próxima vez que vayan a un supermercado piensen si en verdad necesitan comprar para ser felices”, dice Daniel Stewart, profesor del Instituto Andre Laurendean, de Montreal.

Él visita las comunidades de Chimborazo cada año con un grupo distinto de estudiantes y dice que el propósito es ayudar y aprender. Los jóvenes, de entre 18 y 19 años, trabajan durante un año para conseguir el dinero para el viaje, además preparan un proyecto con el que ayudarán a la comunidad.

Stweart llegó con un grupo de 10 alumnos. Ellos fueron recibidos en la casa comunitaria de Pulinguí Centro, una antigua hacienda agrícola que se convirtió en un centro de interpretación y alojamiento, que beneficia a las 67 familias que habitan allí.

La agenda para los estudiantes se inicia temprano. Guías comunitarios les conducen por los senderos naturales de la comunidad, mientras que los chicos aprovechan para recibir una clase de biología.

“En Canadá no tenemos espacios como estos. Cuando necesitamos comida vamos al supermercado y la conseguimos, pero aquí hay que cosecharla del huerto”, contó entusiasta Sarra Boussoukaya.

La experiencia en los huertos es una de las más esperadas por los jóvenes. Los comuneros les enseñan cómo recoger papas, habas y les muestran las diferentes variedades de hierbas medicinales. El jueves pasado, los chicos reían y se asombraban de sus “hallazgos” en el jardín de Escolástica Guzmán.

“Ya sabemos que a los turistas les entusiasma esta parte del tour. Todos se emocionan cuando encuentran las papas en la tierra o con los olores de las hojas del jardín. Nunca pensamos que nuestros huertos serían un atractivo turístico”, dice Guzmán.

Otra actividad que les entusiasma es compartir con los niños en la escuela de la comunidad. Los turistas preparan exposiciones sobre su ciudad, actividades lúdicas y juegan con los niños.

“Nos gusta mucho recibir turistas porque vemos que los niños son más abiertos, se motivan por los idiomas extranjeros, comparten su cultura y sus juegos tradicionales y eso también les beneficia a ellos”, dice Juan Chapalbay, docente de la Escuela 11 de Noviembre.

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