27 de septiembre de 2018 00:00

El pueblo Chachi, en Esmeraldas, conserva sus centros ceremoniales

Los habitantes de la población de Santa María del Cayapas, acuden cada año al centro ceremonial de Punta Venado, para visitar a sus deudos. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

Los habitantes de la población de Santa María del Cayapas, acuden cada año al centro ceremonial de Punta Venado, para visitar a sus deudos. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

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En cinco centros ceremoniales del pueblo Chachi se conservan antiguas tradiciones como enterrar a los muertos debajo de las casas, ubicadas en la ribera del río Cayapas, en el norte de la provincia de Esmeraldas.

El primero y uno de los más antiguos está en Punta Venado, a una hora de Borbón por el río. Después está el de Zapallo Grande, Zapallo Chiquito, San Miguel y Corriente Grande.

Los centros son casas construidas con caña guadúa, techos de tagua, pisos de chonta o pambil y bases de guayacán.

Las sedes son destinadas para las celebraciones particulares como los matrimonios. Los organizadores de cada fiesta y los padrinos le dan mantenimiento dos meses antes de la celebración. También se usan para las fiestas de la Semana Santa y Navidad.

Los patios de las sedes o casas grandes funcionan como cementerios. La mayoría entierra a sus deudos de la forma tradicional (en cajas de caña).Según la creencia, eso se hace para que el difunto no pase a la intemperie. Actualmente el área donde están los cincos centros ceremoniales se encuentran copadas con los restos de chachis que fallecieron, por eso se ha sepultado el rededor de cada centro ceremonial.

En Navidad se realizan los matrimonios y la adoración a Jesús, con fiestas que duran hasta dos días. Ahí se reparten entre los asistentes la chicha y el champó, bebidas elaboradas con maíz tierno, que se siembra precisamente en esta época del año.

En Punta Venado está una de las sedes grandes hasta donde acuden los chachis que habitan en Santa María, Playa Grande, Chiguatillo, Pichiyacu-Chachi, Rampiral, El Encanto; todas asentadas en la margen derecha del Cayapas.

Ese centro ceremonial está levantado en una loma que se lo observa desde el río Cayapas. Su aspecto es un poco fúnebre. Las casas de madera y techos de rampira han perdido su color y lucen opacas.

En las comunidades más cercanas al centro, las familias con integrantes de edad avanzada conservan la tradición de dejar en las tumbas de sus familiares una presa de guanta, plátano y huevos cocinados, durante el Día de Difuntos.

“Los más jóvenes han dejado esa tradición que hemos heredado de nuestros antepasados, pero los más antiguos las conservamos”, señala Virginia Chapiro, de la comunidad de Pichiyacu-Chachi.

Las casas ceremoniales están fuera de los centros poblados. A ellas se acceden por el río Cayapas. Por ejemplo a Punta Venado acuden chachis de Pichiyacu, Tiguatillo, Playa Grande, Santa María 1 y 2, El Encanto y Rampiral. El resto asiste a los demás centros, ubicados en el alto Cayapas.

El catedrático de lingüística, Adolfo Chapiro, explica que se hacen esfuerzos para conservar la tradición y para que jóvenes continúen con los rituales que se realizan cada año.

En las unidades de educación intercultural bilingüe de la zona se enseñan los métodos de cultivo local y se impulsa la conservación de la lengua materna (chapalachi).

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