27 de diciembre de 2020 00:00

Psicólogo clínico y psicoanalista: Una lección es comenzar a pensar más a largo plazo

Entrevista con Rodrigo tenorio, psicólogo clínico y psicoanalista.

Entrevista con Rodrigo tenorio, psicólogo clínico y psicoanalista. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Mariela Rosero
Editora (I)

Rodrigo Tenorio es psicólogo clínico y psicoanalista. Ha sido profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar y de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador

Este año, un virus microscópico, el SARS-CoV-2, arrinconó a la humanidad. ¿Qué enseñanzas deja lo enfrentado?

Es una de las experiencias más dolorosas que hemos tenido, sobre todo porque nos tomó por sorpresa. La pandemia nos deja una gran lección: deberíamos trabajar para estar mejor preparados para lo imprevisto en el futuro.

¿El ciudadano común y el país, no están preparados para emergencias así?

No. Nos movemos en la cotidianidad. El país vive solo para el mañana; en la política pública no se piensa en un futuro más amplio. Es cuestión de escuchar detenidamente los discursos de candidatos de antes y de ahora. Dicen lo mismo de siempre, las promesas de que van a reconstruir todo. Por eso llegan emergencias o pandemias así y nos ponen entre la espada y la pared. A cada ciudadano nos ha obligado a pensar en que o se cambia de actitud radicalmente o se puede morir o enfermar al menos.

Entonces, ¿la enseñanza es tener una mayor visión de futuro?

Sí, el coronavirus puede traer graves complicaciones, no solo sanitarias. La vacuna está por llegar, ojalá la recibamos pronto, pero la lección es dejar de pensar simplemente en el día a día. Y también idear vacunas contra males como la corrupción, para las nuevas generaciones; ese tema debe tratarse desde la escuela.

¿Nos hemos adaptado a la ‘nueva normalidad’?

Un grupo se ha adaptado a estos nuevos requerimientos de llevar mascarilla, lavarse las manos, salir poco, evitar lugares muy concurridos. Pero hay una parte de la población a la que casi no le interesa todo eso. Es una suerte de quemeimportismo ante condiciones reales que afrontamos y ante el futuro. Como si la vida no valiera nada; ‘de algo hay que morir, pero por hoy bebamos, bailemos, mañana se verá’. Pero luego contagian a la mamá, al papá. Es una construcción actitudinal. Al otro, esa forma de ser le provoca pena, rechazo, horror y temor.

En estos meses, por la crisis generada por restricciones de movilidad, algunos han perdido empleos e ingresos. ¿Otra lección es que se puede vivir gastando menos?

Quizá eso aplica para un sector de la población que tiene mucho más de lo necesario. Por supuesto que la crisis le afecta, en lugar de ganar 10 recibe ocho. Pero ese impacto es menor en relación con el que viven los pobres. En marzo y abril pedían ‘quédense en casa’ y yo preguntaba ¿qué es casa para un sector grande de ecuatorianos? Esta pandemia nos han develado esas realidades, la de gente que sale a las calles para vender plátano o cualquier cosa y ganar 10 centavos, que sumando llegan a un dólar y con eso subsisten.

¿Qué otras brechas puso en evidencia el covid-19?

El cuento chino de que todos los niños se educan en iguales condiciones. Pensemos en la historia detrás del niño de la puerquita Cuchi. Al poder, no solo al Presidente, a los ministros y a los alcaldes, les faltó un montón de inteligencia política para entender que las realidades del país no son las que ellos viven.

¿Hay unos valores que la pandemia hizo recordar que son necesarios para sobrevivir en esta época?

Claro, esa capacidad para soportar situaciones como estas, inesperadas. Y ese espíritu de que pese a las limitaciones económicas y de todo tipo que enfrentamos, hay esperanza de una recuperación, de un mejor mañana. Las últimas medidas de restricción (emitidas el martes por el COE) son para que los próximos meses estemos mejor. Cuando empezamos un trabajo el primer día de un mes, lo hacemos sabiendo que el 30 recibiremos un sueldo; así hay que trabajar, con la esperanza en todo sentido. Hacemos algo hoy, para tener un mañana.

En estos meses, ¿la familia se ha fortalecido?

Al comienzo de la pandemia hubo una reorganización de la familia, más acercamiento de las parejas; una nueva actitud de los padres, que se pusieron más pendientes de las clases virtuales. Pero eso duró poco. Cuántos niños asesinados y feminicidios se registran ya en el país. Hay además maltrato, golpes, gritos. Este ‘encarcelamiento’ ha dado origen a mucha violencia, algunas familias viven sobresaltos y se ha deteriorado la vida psíquica de personas. No hablo solo de estratos populares, que han salido a las calles a buscar sus tres dólares. La clase media no se recupera todavía.

Y a nivel de la huella ambiental, disminuyeron las emisiones de CO2 los meses de confinamiento en el mundo. ¿Se levantó más conciencia sobre eso?


Ese es un tema muy complejo. Pero quizá se pueda ir analizando con descubrimientos como la experiencia de que el teletrabajo es posible. No todo el mundo necesita ir a la oficina y eso es ahorro en traslados, que impacta en lo económico y en el ambiente. Yo mismo he podido atender telemáticamente a mis pacientes, pero debe haber una propuesta de teletrabajo que se sostenga técnicamente en el futuro. El gerente debe ver que no requiere ver a todos, le envían el trabajo de forma eficiente; incluso las responsabilidades son mayores de forma remota.

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