6 de September de 2010 00:00

‘Los profesores deben amar la lengua para transmitir ese amor a los chicos’

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Miguel Rivadeneira y Gonzalo Ruiz Álvarez.

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¿Cuál es la relación entre la comunicación y la literatura?

La comunicación de hoy se ha perdido casi por completo y hay una discusión muy constante entre periodistas. Por ejemplo, ¿cuánto el periodismo o cuánto un periodista puede hacer literatura? Yo diría que un buen periodista es un literato en la medida que escribe bien y escribe buscando la belleza, no por sí misma sino por su capacidad de comunicación, por su capacidad de entrega, de llegar que es mucho mayor que el de la palabra simple. Pensamos en un (Gabriel) García Márquez, que fue ante todo un cronista, y sigue diciendo que ‘Cien años de Soledad’ es un libro de crónica. Y ¿qué es la crónica? Es un estilo periodístico que exige, ciertamente en un buen periodista, primero una buena investigación, una mirada al mundo y luego un dominio de la lengua y una capacidad de estética de comunicación que la vuelve en muchos casos una verdadera obra literaria.

¿Cuál debe ser el perfil de un periodista?Yo creo que debe ser un observador y amante de la realidad, una persona que debe tener siempre los ojos abiertos y como su instrumento de comunicación, hablo del periodismo escrito, la lengua. Debe tener un muy buen dominio y una verdadera pasión por la escritura. Que él sienta que al escribir no solamente cuenta algo sino que, de alguna manera, entre palabras, se está contando a sí mismo. Se cree que el periodismo debe transmitir generalidades y yo creo que el periodismo debe ir mucho más allá, que debe ir precisamente a aquello que no es general.

¿Cuánto juega la lectura cuando en la experiencia se ha visto que no se lee lo suficiente en el periodismo?

Eso es una carencia gravísima. Si eso ocurre con un periodista es porque realmente ni tiene interés por la palabra ni tiene interés por su profesión, es decir si no se lee no se puede escribir. Es imposible escribir bien si no se lee bien. Es imposible llegar al meollo de las cosas, formular una idea con claridad si no la releemos, si no rebuscamos. Hay que volver sobre lo escrito para mejorarlo, enriquecerlo y nunca algo que se escribe está acabado.

¿Y la ortografía?

El español es una de las lenguas de ortografía más fáciles, pero en los primeros años de aprendizaje. Por eso es que la peor desgracia de nuestra educación es la mala primaria. Ya de por sí la educación es una desgracia en el Ecuador, pero una primaria que no puso atención al dominio de la lengua y dominio inicial de matemáticas es casi imposible, sino con un esfuerzo muy grande de los estudiantes. Tenemos que enseñar a los chicos ortografía.

¿Qué papel juegan los profesores en este proceso?

Los profesores deberían amar la lengua para transmitir ese amor a los chiquillos. Yo pienso en mi madre que tenía una ortografía impecable y leía, ¡cómo se enseñaba! Eso es lo que hay que decir a los maestros de hoy, cuánta pasión ponen y cuánta responsabilidad tienen, por Dios, en este mundo analfabeto que nos persigue porque es una pena inmensa, pero es así. Hay cosas inauditas entre los maestros, hay cosas imperdonables.

¿Qué representa la etapa formativa y la educación en la actualidad?

Yo estoy absolutamente segura de que nuestra gran tragedia es la educativa. Eso lo digo en altas y claras voces.

¿Cómo solucionar esto?

Yo creo que evidentemente es cuestión de muchos años, de varias generaciones, pero si no empezamos ya, si de alguna manera no transformamos a nuestros maestros, si no logramos tomar conciencia como sociedad de la trascendencia fundamental de la educación, el país no cambiará por mucha buena voluntad política que haya. Vemos, por experiencia propia, que la buena voluntad no basta en política, pero la educación si pudiera ayudarnos.

¿Cuáles deben ser los rasgos de un maestro y la diferencia con un profesor?

Yo creo que todo profesor debe ser un maestro. Eso es lo más cruel de nuestra educación que se improvisa a cualquiera como maestro de primaria y acaba con el mínimo interés de nuestros niños por aprender.

¿Qué son la vocación y el oficio?

La vocación es como una llamada íntima. Un maestro tiene que sentirse llamado a la enseñanza. La enseñanza no es estimulante desde el punto de vista económico en el Ecuador, y esa es una gran desgracia. Los maestros ganan muy poco.

¿Qué mensaje les daría a profesores y periodistas?

Yo les diría que amen a la Patria, que aprecien lo que tenemos y que, sobre la base de ese cariño, comprendamos que las cosas no pueden seguir como están, que la única forma de que cambien es que la educación cambie a fondo.

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