7 de octubre de 2020 16:35

El primer jardín de agaves de Sudamérica se inauguró en Cayambe

El Equator Agave Garden cuenta con 30 especies de agaves de toda América.

El Equator Agave Garden cuenta con 30 especies de agaves de toda América. Foto: Archivo El Comercio.

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Ana Cristina Alvarado
Redactora (I)

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Agaves ornamentales, mezcaleros y pulqueros son parte de la colección de 30 especies del Equator Agave Garden en el Reloj Solar Quitsato, Cayambe. Este jardín se inauguró con fines expositivos.

En esta especie de museo vivo, los visitantes aprenderán a diferenciar las especies de agaves. Además, conocerán sobre el mundo de esta planta, importante para las culturas aborígenes americanas. También degustarán la savia de agave y sus derivados, como la miel o el guarango.

El agave es más conocido por ser la suculenta de la que se obtiene la materia prima para elaborar tequila y mezcal, dos bebidas alcohólicas con denominación de origen mexicana y conocidas en todo el mundo.

Los agaves son plantas originarias de Mesoamérica. Existen más de 300 especies en todo el continente. Así lo dice Cristóbal Cobo, fundador del proyecto.

Fueron adaptadas a lo que ahora es Ecuador desde tiempos prehispánicos. En el país, el penco o agave andino es una de las especies más conocidas.

Cobo empezó a coleccionar diferentes especies hace 10 años. Obtuvo algunas de ellas a través de familiares. El penco amarillo, el maguey trompa de elefante y el agave vivípara son algunas de las especies ornamentales —usuales en parques y jardines—parte del Reloj Solar Quitsato.

La savia, según explica Cobo, se obtiene de las plantas de hoja ancha. “En México son comunes los pulqueros. Estas especies son las más grandes que existen en el mundo, su tamaño es del doble que un penco. La savia se extrae para hacer pulque”, cuenta Cobo.

El pulque es la savia fermentada, una especie de chicha que se sirve en bares llamados pulquerías. A partir de la savia también se elaboran tequila y mezcal.

En el Equator Agave Garden se pueden conocer especies pulqueras como el maguey chino, el agave Karwinskii y el cimarrón zacateco, un agave imponente por sus hojas y espinas gruesas.

El jardín es parte del Reloj Solar Quitsato, un monumento turístico y educativo ubicado en el paralelo 0°, en Cayambe

El jardín es parte del Reloj Solar Quitsato, un monumento turístico y educativo ubicado en el paralelo 0°, en Cayambe. Foto: Archivo El Comercio

El agave andino en la cultura ecuatoriana

“El género Agave fue dado a conocer científicamente en 1753 por el naturalista sueco Carlos Linneo”, relata Cobo. El nombre fue tomado del griego ‘ágavos’, que quiere decir noble o admirable.

Este nombre responde, de acuerdo con el fundador del proyecto, a la versatilidad de la planta. Del penco andino, por ejemplo, se puede obtener alimentos, bebidas ceremoniales, medicinas, materiales para construcción y fibras para vestimenta.

La savia en Ecuador es conocida como chaguarmishqui. Es naturalmente dulce y rica en vitaminas y minerales. Con esta bebida se preparaban platos como el arroz de cebada de dulce. También se la fermenta para obtener el guarango, un tipo de chicha usada en las fiestas.

El jardín de Quitsato es un proyecto paralelo a Mishki Huarmi, una marca creada hace 14 años por Gabriela Bonifaz, esposa de Cobo. Este emprendimiento produce derivados de chaguarmishqui, como miel de agave, ajíes y salsas.

Estas iniciativas han ayudado a revalorizar el penco. “No valía para trabajar, no tenía precio. Solo hacíamos guarango para las mingas o las fiestas”, cuenta Carmela Farinango, parte de la Asociación La Mishkita, creada hace  siete años.  Ahora, las mishkeras, como son conocidas las personas que extraen la savia, venden cada litro en USD 0.70. La Asociación produce unos 250 litros diarios para una empresa que fabrica destilados.

El penco ha cobrado tal importancia en esta parroquia, llamada Cangahua, que en las fiestas de San Pedo o Pawkar Raymi, sacan a una planta de agave en andas, como si fuera un santo. “Hacemos un carro alegórico. Le adoramos al penco. Cuidamos la cosecha y hacemos minga para sembrar cuando llueve”, relata Farinango.

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