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La pregunta es qué viene después de Elizabeth II

Cuando cumplió 50 años en el trono, en el 2002, la revista Time habló de una nueva ‘Epoca Isabelina’.

Cuando cumplió 50 años en el trono, en el 2002, la revista Time habló de una nueva ‘Epoca Isabelina’.

Cuando cumplió 50 años en el trono, en el 2002, la revista Time habló de una nueva ‘Epoca Isabelina’.

A lo mejor una de las escenas más reveladoras de la serie ‘The Crown’ (Netflix) para los no entendidos está en el minuto 13:20 del tercer episodio de la primera temporada.

La joven Elizabeth II, apenas estrenando su papel como soberana en 1952, se enfrenta a una maleta roja con llave, con las palabras The King (El Rey) en letras doradas. Su padre, Jorge VI, recibía en ese portafolio -que pronto fue sustituido por uno que dice The Queen, La Reina– información confidencial con temas de gobierno directamente desde el Parlamento inglés.

Más allá de todas las apreciaciones a favor y en contra de la producción creada por Peter Morgan, su trabajo de verosimilitud pone en escena cómo, a pesar del socorrido argumento de los antimonárquicos de que en la actualidad los reyes ‘reinan, pero no gobiernan’, es innegable el protagonismo de este personaje en la historia del último siglo.

En estos momentos, incluso con las facilidades de acceso a información proporcionadas por la tecnología, ninguna persona en este planeta ha sido testigo desde una posición tan privilegiada de hechos como una postguerra mundial, la carrera espacial, la Guerra Fría, la lucha contra el terrorismo… Y hasta de una pandemia que puso al planeta de cabeza.

Lo que más se conoce sobre ella ha sido principalmente materia de las revistas que hablan de vestuario, de maquillaje y, en el caso de la realeza, de coronas y tiaras. Su historia de amor de adolescente que terminó con su boda con Felipe de Edimburgo, los problemas sentimentales y de salud de su única hermana, los escándalos protagonizados por sus hijos, sobre todo el heredero al trono. Pero poco se habla, a excepción de autores como Eva Kirbach, que en el 2017 argumentó en su libro ‘Realms of Royalty’ que Elizabeth II “representa al pasado y al presente, pavimentando el camino para una monarquía moderna en el siglo XXI”, de los vaivenes de su trabajo más allá de la parte simbólica y ceremonial.

Solo para poner ejemplos recientes, en momentos tan difíciles para el actual primer ministro británico Boris Johnson, como las acaloradas negociaciones internas el año pasado para hacer efectivo el Brexit, no le quedó de otra que acudir a la residencia vacacional de la monarca de 93 años para que haga uso de su poder constitucional de autorizar la suspensión del Parlamento, con el fin de calmar un poco las cosas. Su antecesor, David Cameron, según el diario The Guardian, le solicitó decirles a los escoceses que ella no quería que voten por su independencia en el referendo del 2014, a pesar de que una de las premisas de su cargo es no tomar partido en ningún asunto político.

Incluso a inicios de diciembre, la agencia de noticias Reuters incluyó como parte importante de sus reportes sobre el inicio de la vacunación contra el covid19 en el Reino Unido la novedad de que la monarca y su esposo, como parte de la población de riesgo, también se inocularían las dos dosis necesarias.

La razón en todos estos casos es la misma: solo una figura como la de Elizabeth II tiene, aún esta época, ese halo de autoridad incuestionable y una aceptación popular tan alta. Es más, cuando ya se acerca a la mitad de su novena década de vida y a los 70 años de reinado, empiezan a surgir voces que la ponen como el principal -e insustituible– pilar de la institución que representa.

El sitio de noticias Express recoge el análisis de Anne Whitelock, estudiosa de historia moderna temprana del Royal Holloway de Londres, donde afirma que el apoyo a la monarquía se encuentra estrechamente ligado a la Reina. Una de las razones, apunta, es que conforme la “generación de mayores que está más estrechamente ligada a la monarquía vaya muriendo, la pregunta sobre su futuro tendrá una mayor presión, y más voces críticas aparecerán”.

El 18 de febrero del año pasado, el portal oficial británico YouGov difundió los resultados de una encuesta realizada entre 3 000 ciudadanos mayores de edad, en la cual el 62% estuvo de acuerdo con mantener el actual sistema de monarquía parlamentaria. Y si los genes siguen acompañando a Su Majestad -su madre murió a los 102 años- todavía quedaría un tiempo para plantearse lo que ocurrirá cuando su largo reinado finalice.

La historia habla de una ‘Época Isabelina’ (Elizabethan Era), comprendida entre 1558 y 1603 y bajo el reinado de Elizabeth I, como una edad de oro para el Reino Unido. Y también le da un lugar privilegiado al larguísimo reinado de la tatarabuela de la actual soberana, la reina Victoria. Pero seguramente serán esos mismos registros para la posteridad los que darán el lugar que le corresponde a esta Jefa de Estado, a quien le tocó ponerse la corona en el que es, probablemente, el período más cambiante que ha vivido la humanidad en los últimos siglos.

Los medios británicos ya han filtrado toda una serie de detalles respecto del Día D (el de su fallecimiento) y la operación denominada Puente de Londres. Con toda la rigidez y protocolo que caracteriza a la monarquía inglesa, ya está especificado lo que deben hacer el Gobierno, la diplomacia, la familia real y las Fuerzas Armadas. Lo que nadie puede anticipar es lo que pasará cuando su hijo -o su nieto- tenga la tarea de abrir el portafolio hoy destinado para The Queen.

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